Cartagena

La familia de Pedro puso este año a la venta la casa de su difunta abuela en La Unión. El inmueble tiene patio y se puede construir otra planta adicional, de forma que los seis herederos querían venderlo por 90.000 euros a uno de los diez clientes potenciales que tenían, hasta que en marzo unos okupas se metieron en la vivienda y frustraron la operación. La familia lo denunció a la Guardia Civil, pero ocho meses después todo seguía igual, de modo que Pedro se presentó este viernes en la casa para recuperarla y el resultado fue nefasto: acabó detenido por allanamiento de morada.

"Me sentí como una mierda porque la ley le da la legalidad a los okupas", tal y como reflexiona este vecino de Cartagena, que llegó a ser trasladado a urgencias al sufrir una crisis de ansiedad después de que unos agentes le llevasen arrestado a dependencias policiales. "Estuve todo el día detenido, me llevaron engrilletado al centro de salud y pasé vergüenza, como si fuera un criminal, cuando lo único que hice fue tratar de entrar a mi propiedad porque soy el dueño de esa vivienda". 

Pedro ha sufrido un fin de semana de perros porque encima, este sábado, tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados para afrontar un juicio rápido. "Me pedían pena de cárcel, una multa y pagar la reparación de la puerta de la casa de mi abuela por romperla", según detalla este técnico de telecomunicaciones, de 32 años, que una vez que ha salido "absuelto" de este proceso, accede a atender a EL ESPAÑOL para reclamar públicamente un cambio en la regulación legal del fenómeno okupa. 

"Me he sentido frustrado y con una impotencia impresionante", insiste este padre de dos hijos, cuyo arresto se ha viralizado al ser publicado por la Policía Local de La Unión en su perfil oficial de Facebook. De hecho, la mayoría de usuarios de esta red social se han mostrado indignados con la detención de Pedro por tratar de recuperar la vivienda que habían heredado sus familiares. "La Justicia que tenemos está hecha para los delincuentes, increíble, el mundo al revés", tal y como lamenta Michel, en uno de los 241 comentarios que ya suma el mencionado post.

Vecino de Cartagena detenido y juzgado al intentar recuperar la casa de su difunta abuela, que está ocupada

La Policía Local recuerda a los vecinos de este municipio murciano que han actuado conforme marca el Código Penal, pero lo cierto es que el relato de Pedro invita a que las autoridades políticas y judiciales reflexionen sobre la cobertura legal de los okupas y de los afectados por una ocupación en este país. "La casa de mi abuela, Ana, la ocuparon este año, los vecinos escucharon cómo taladraron la puerta para entrar, mi tío fue a denunciarlo y por allí no pasó ni la Policía Local ni la Guardia Civil". 

Pedro apoya sus palabras mostrando la denuncia presentada por uno de los cuatro hijos de Ana que heredó la casa. "Mi madre también era una de las herederas, pero como murió, mis hermanos y yo pasamos a ser beneficiarios", según apunta este treintañero, con el objetivo de aclarar su papel en esta herencia mancillada por los okupas. Tal situación fue puesta en conocimiento de la Guardia Civil allá por el 14 de marzo, por parte de uno de los hijos de la fallecida, y que a su vez es tío de Pedro: 

"El denunciante manifiesta que su madre tenía una vivienda en la avenida Enrique Tierno Galván número 6 de La Unión, y al fallecer su madre, dicha vivienda pasó por adjudicación de herencia a sus cuatro hijos. El inmueble no estaba habitado, carecía de agua y luz. Sobre el 7 de marzo, un sobrino del denunciante le comunicó que había observado a dos personas en la vivienda y personándose en el inmueble pudo verificar que unos autores desconocidos habían cambiado el bombín, no pudiendo acceder a la vivienda. Le han comunicado que en el interior de la misma están habitando dos varones de origen magrebí". 

- ¿Qué hizo la Justicia después de que su tío denunciase a la Guardia Civil que estaba ocupada la casa que habían heredado?

- Nada. Absolutamente nada. No fue ninguna patrulla ni le llegó citación judicial a los okupas.

A lo largo de todos estos meses, la vivienda donde estaban las pertenencias personales de la difunta Ana, no ha parado de cambiar de manos para mayor impotencia de sus hijos y nietos. "Por allí han pasado tres o cuatro familias de okupas: han estado entrando y saliendo, alquilando y realquilando una casa que no es de su propiedad", según critica Pedro. Prueba de ello es que la okupa actual, una ciudadana marroquí, de 30 años, llegó a denunciar a la Policía Local que unos nigerianos habían 'reocupado' el inmueble y unos agentes los desalojaron en una intervención que también fue publicada en el perfil policial de Facebook. 

La Policía Local de La Unión publicó este post informando de que habían devuelto la casa a una okupa.

En aquella ocasión, la Policía Local, una vez más, explicaba que actuaron siguiendo la legislación y por increíble que parezca, los agentes remarcaban que la casa de la difunta Ana "constituía la morada" de la okupa, es decir, "la morada" de la mencionada marroquí, de 30 años, a la que quiere echar la familia de Pedro. Esa mujer denunció que unos nigerianos cometieron un delito de allanamiento y unos policías los echaron: "Esta semana acudimos a un inmueble. Unas personas habían entrado y permanecido, rompiendo y forzando la puerta. Procedimos a identificar y desalojar". En el post de Facebook sobre esta intervención policial, también se aclaraba que identificaron a la okupa, instruyéndose diligencias contra ella, pero el tiempo pasaba y la vivienda heredada por los familiares de Ana seguía ocupada, a pesar de que a la denuncia presentada en Guardia Civil, se sumaba el atestado de la Policía. 

"Echaron a los nigerianos y como la mujer marroquí era la primera okupa, a ella la dejaron allí", resume indignado este padre de familia, mientras admite que no entiende la legislación actual. Durante todo este tiempo, a pesar de que ninguna de las denuncias terminaba en un desahucio, tanto Pedro como sus familiares han estado vigilando el estado de la casa. En una de esas rondas en coche por la avenida Enrique Tierno Galván de La Unión, este vecino de Cartagena preguntó a los residentes de la zona y le dijeron que no tenían noticias de la okupa.

Sin noticias de Hayat

"Me dijeron que Hayat se había ido a Marruecos y no veían movimiento ninguno por la casa: no había ropa tendida y las ventanas estaban cerradas". De forma que harto de esperar un desahucio que nunca llegaba, este viernes, sobre las 12.30 horas, Pedro se plantó en la casa de su abuela: "Pensé en ir a tocar el timbre y si había okupas dentro, pues hablaría con ellos para explicarles que la vivienda no era de una inmobiliaria ni del banco, sino de una familia". 

- ¿Qué pasó cuando se plantó en la casa?

- Metí la llave en la puerta, pero había cambiado la cerradura. Estaba todo cerrado a cal y canto, entonces pensé que ya no habría nadie dentro. Toqué el timbre, esperé media hora en la puerta y viendo que no salía nadie, como llevaba una pata de cabra en el coche, me puse a plena luz del día, sin esconderme de nadie, porque no tenía que esconderme de nadie al ser mi propiedad, y empecé a darle viajes a la puerta hasta que conseguí abrirla.    

Estado en el que quedó la puerta de la casa de la abuela de Pedro tras forzarla con una pata de cabra. P. L.

Pedro actuó como si estuviese 'poseído' por el personaje que Jack Nicholson encarnaba en la película de terror El Resplandor, cuando trata de echar abajo -a base de hachazos- la puerta del baño donde se encierra su mujer. En este caso, en el remake murciano, el 'arma' empleada es una pata de cabra con la que este treintañero sudó tinta china para destrozar la cerradura de la puerta de casa de su abuela para recuperar la propiedad familiar. "Me hice heridas en las manos y cuando me sequé el sudor, me llené de sangre la cara: estaba desesperado".

Llegado este punto del relato es cuando se produce un arresto que ha generado una indignación viral. "Un vecino llamó a la Policía Local diciendo que yo estaba con un hacha, dándole hachazos a la casa, pero eso es mentira, iba con la pata de cabra, y cuando logré abrir la puerta me detuvieron dos patrullas". Pedro no llegó a poner un pie dentro del inmueble porque acabó en dependencias policiales. Allí sufrió una crisis, debido a que padece ansiedad y una depresión que le han llevado a cogerse una baja en la empresa de telecomunicaciones para la que trabaja.

"Me dio un brote, empecé a hiperventilar cuando me arrestaron y me tuvieron que llevar a urgencias esposado: no estaba en condiciones de declarar en el cuartel de la Guardia Civil", según resume Pedro. "Me dieron dos pastillas de diazepam porque me veía impotente: no había hecho nada, solo abrí mi casa porque pensaba que allí no había nadie, sé cómo está la ley con los okupas y si llego a saber que esa mujer seguía en la casa, no entro". Pero en el inmueble estaban las maletas de Hayat tras regresar de Marruecos y Pedro fue detenido por allanamiento de morada.

Polémica en Facebook

La Policía Local de La Unión publicó el arresto en Facebook explicando que actuaron conforme a lo que marca el Código Penal en materia de ocupación. Tal argumento no evitó un aluvión de críticas de los vecinos, los cuales defendían a Pedro por intentar recuperar la vivienda heredada por sus familiares. "Yo sería incapaz de hacer cumplir esa norma. Sinceramente, seguro que habían cosas mucho más importantes que hacer cumplir, que detener a una persona que intenta recuperar su casa", tal y como recoge un comentario en el perfil policial de la red social. 

Pedro, este lunes, en su vivienda de Cartagena, mostrando la pata de cabra con la que abrió la puerta de la casa de su abuela y la denuncia que presentó en la Guardia Civil por la ocupación del inmueble. Badía

"Si ocuparon una vivienda de un familiar, estando vacía, y pusiste la oportuna denuncia, debes esperar el proceso judicial. Romper la puerta y querer apropiártela, estando ocupada: allanamiento de morada", tal y como recuerdan los agentes en el post. "Lo pillamos infraganti: detención y traslado junto a las diligencias a Guardia Civil. Aquí no se hacen las normas. Se aplican y se hacen cumplir. De no hacerlo se comete otro delito". De modo que el sábado prosiguió el disgusto de Pedro: tuvo que ir al puesto de la Benemérita a que le hiciesen una reseña y después a los juzgados, donde se pasó todo el día esperando a ser sometido a un juicio rápido. "Quedé absuelto, recuperé mi pata de cabra y ahora tengo que ir a que me quiten este antecedente". 

- ¿Qué ha pasado con la casa de su difunta abuela? ¿Todavía sigue ocupada por Hayat?

-  Sí. En el juzgado, la okupa me dijo que quería hablar conmigo y me dio su número de teléfono. La chica ha empezado a trabajar en el campo y quiere pagar un alquiler o comprar la casa. Tenemos que llegar a un acuerdo: estamos negociando. Ahora mismo tiene una toma ilegal de luz y no tiene servicio de agua, se dedica a llenar garrafas en fuentes públicas. Yo le he dicho que tiene que darse de alta con la luz y el agua, igual que no se puede hacer un allanamiento de morada, también hay que seguir unas reglas de pagar la luz y el agua, como yo pago religiosamente todos los meses.  

Esta negociación ha permitido a Pedro entrar en el inmueble de su querida abuela, Ana, y comprobar los efectos de los distintos episodios de ocupación que ha sufrido la casa. La puerta del patio está tapiada porque por allí entraban otros okupas que trataban de reocupar la vivienda, de forma que no se puede acceder ni al baño ni a la cocina. Para suplir esas carencias, alguien construyó un aseo improvisado dentro de una habitación, instalando un plato de ducha, y en otro cuarto han montado una cocina, sin extractores de humo: a pelo.

"Le han quitado valor a la propiedad porque han hecho obras, se han llevado todas las ventanas de aluminio y han robado las pertenencias de mi abuela: no han dejado ningún recuerdo", se lamenta Pedro. "A mí me llevan detenido y la Policía no ha hecho nada con todos los okupas que han pasado por allí, siento una impotencia impresionante de ver cómo está la ley con los okupas en España, mientras que yo tengo que mantener mi casa, un hijo, de 2 años, y una hija, de 8 años, cobrando 1.000 euros, para pagar 180 euros de luz, 90 euros de agua, 164 euros de IBI...".