Valencia

Pedro Lozano acaba de cumplir 31 años en prisión. Creció entre Sagunto y Canet d'En Berenguer, dos municipios del litoral valenciano, pero es conocido con el apodo del Rambo de Requena por protagonizar asaltos, vestido con ropa militar y encañonando a sus víctimas, en el interior de la provincia de Valencia, un territorio afectado por la despoblación y apartado de grandes núcleos urbanos.

En 2020, Pedro se convirtió en el fugitivo más buscado del país por la Guardia Civil. Con antecedentes policiales por robos menores, este delincuente ermitaño mantuvo en jaque durante meses al Instituto Armado, policías locales y guardas forestales. Su fuga de película acabó después de ser capturado en el monte de la Paloma, en la localidad turolense de Andorra, tras enfrentarse a tiros con la Guardia Civil. 

El pasado mes de mayo, la Audiencia de Teruel le condenó a 27 años de prisión por intentar matar a dos agentes durante su huida. Uno de ellos resultó herido de gravedad y permaneció 44 días ingresado en la unidad de cuidados intensivos de un hospital.

[Detenido el 'Rambo de Requena' en Teruel tras disparar a un agente de la Guardia Civil]  

Pedro Lozano ha presentado un recurso contra esta sentencia y se enfrenta ahora a un nuevo juicio por la oleada de robos cometidos en Valencia. La Fiscalía solicita penas que suman hasta 21 años de prisión por los delitos cometidos entre enero y marzo de 2020. La fiscal le considera el único responsable de varios robos con violencia e intimidación y tenencia de arma prohibida

Se trata de un delincuente solitario y de gatillo fácil que se escondía en el campo y se alimentaba de lo que iba encontrando en las casas. 

Armado y peligroso, el Rambo de Requena siempre vestía ropa militar e iba con una escopeta de cañones recortados, marca Mondial del calibre 12, y protagonizó una fuga de seis meses por zonas boscosas y de campo.

La mayoría de los atracados tuvieron lugar en la zona que limita Teruel con Valencia, un territorio cuya economía local se basa en la agricultura y cuenta con amplias zonas despobladas.

Pedro accede a la Audiencia de Teruel para ser juzgado por atentar contra dos agentes.

Durante uno de esos robos violentos, se apoderó bajo amenazas de hasta tres vehículos distintos tras encañonar a sus víctimas. "No quiero matarte, llévame donde te diga", le dijo al conductor de una grúa en la pedanía de Requena de Casas de Cuadra mientras le colocaba su arma en el estómago, según consta en el escrito de acusación de la Fiscalía, avanzado por Levante-EMV y al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. 

En un momento de descuido, el conductor retenido por Pedro Lozano "salió corriendo y emprendió la huida". Unos 20 minutos después llegó a una finca agrícola, situada en la aldea de Penen de Albosa, y atracó a otra persona. 

Las fechorías

Pedro Lozano nació en el Puerto de Sagunto (Valencia) y su entorno defiende que nunca ha sido un hombre violento. Pero en 2020 todo cambió y de momento nadie sabe por qué.

Entre enero y marzo logró extender el miedo entre los vecinos de la zona, la mayoría personas de avanza edad que se resisten a dejar sus casas. Su pista se perdió a partir del mes de marzo, fecha en la que se acordó por primera vez el estado de alarma por la crisis del coronavirus. Pedro aprovechó la crisis sanitaria para confinarse en el monte y casas de municipios casi deshabitados. En una de las viviendas pasó varios días y llegó a cocinar bizcochos.

Las fechorías del Rambo de Requena empezaron en enero de 2020 tras ocupar una vivienda en la aldea de los Cojos de Requena. Allí permaneció varias semanas hasta que fue sorprendido por la propietaria y logró echarlo de la casa sin incidentes. 

Unas semanas después, el 28 de febrero, en el paraje del Charco de Requena, se dirigió con su escopeta y una canana de cartuchos a un hombre que estaba trabajando en un viñedo.

Primero le pidió las llaves de su vehículo, pero, al responderle que no las tenía y con ánimo de amedrentarle, le apuntó con el arma mientras le decía "no mientas o te mato". Finalmente, el trabajador le lanzó las llaves al suelo y aprovechó para emprender la huida lanzándose a un ribazo tras escuchar dos disparos al aire.

El acusado logró coger el vehículo, pero se salió de la vía y tuvo un accidente. Días después, en el denominado Paraje El Leonar, en Siete Aguas, atacó a otro hombre que se encontraba buscando espárragos. De nuevo robó el vehículo y se llevó al propietario con él, recorriendo los caminos rurales que conducen a Pedralba. La víctima pudo bajar del vehículo y emprender la huida a pie.

En mayo de 2020, el Rambo de Requena sustrajo otro vehículo rojo de la marca Land Rover al enólogo de la bodega Terra D’art. El fugitivo disparó en el pecho y en una oreja al propietario del coche cuando éste trató de detenerlo. Uno de los disparos lo efectuó a través de la ventanilla del conductor. Otro, tras bajarse del todoterreno.

La víctima no sufrió heridas de gravedad porque su atacante había trucado los cartuchos de la escopeta para quitarles el plomo.

Torpe para conducir

La Guardia Civil elaboró un perfil del Rambo de Requena mientras lo perseguían. Solitario, desconfiado y violento, buen conocedor de las montañas y caminos de la zona de Utiel y Requena, era un gran aficionado a las armas de fuego y torpe para conducir vehículos. De hecho, dejó tres vehículos siniestrados y abandonados durante los meses que duró su fuga.

La Fiscalía ha concluido que siempre actuaba de la misma manera. Amenazaba a sus víctimas con la escopeta de cañones recortados y solía vestir ropa militar de camuflaje. No obstante, cuando cometió su último robo en una aldea de Chelva, llevaba una blusa blanca de mujer de una de sus víctimas y un pantalón oscuro.

El 8 de junio de 2020, en Andorra de Teruel, el Rambo de Requena fue detenido. Ese día robó dos coches más (uno de ellos un Suzuki) en la localidad turolense de El Castellar. Avisada la Guardia Civil, sobre las tres y media de la tarde, una patrulla del cuartel de Muniesa localizó el vehículo en un control de carretera.

Pero cuando uno de los agentes se dirigió al conductor para identificarlo, Pedro abrió fuego contra el guardia con su escopeta. Su compañero de patrulla respondió a los disparos del delincuente e incluso logró alcanzarle en una pierna, pero no consiguió impedir su huida a la carrera.

Los agentes de la Guardia Civil tras capturar al delincuente.

Al cabo de 20 minutos, su rastro reapareció en el pueblo vecino de Andorra, a unos 35 kilómetros de Muniesa. Allí se apoderó de otro vehículo, un Citroën, que fue localizado por la Guardia Civil en torno a las cuatro y media de la tarde.

En esta ocasión, Pedro no estaba en el interior, pero el amplio dispositivo desplegado por la Guardia Civil culminó con su localización en los montes. Allí, en Andorra, fue finalmente capturado, una detención que dio fin a seis meses de pesadilla.