Sanxenxo

“Estará aquí. Estará con nosotros”. Hay poca épica detrás de soltar cinco palabras, aunque vengan precedidas de dos años de silencio y de una bocanada de aire como para aguantar todo Sanxenxo sobre el pecho de un sólo hombre. En este caso, el alcalde Telmo Martín González (Meaño, 1958) es uno de los más acostumbrados a jugar con las expectativas, publicitar su particular ‘Galifornia’ de 18.000 habitantes y sonreírle a sus quince minutos de fama veraniegos. Como cargo público, es lo más parecido que puede haber a un pregonero del rey Juan Carlos, al menos desde su abdicación en 2014.

En el plano personal, Telmo Martín es el perfecto cortesano del Emérito. Amigo, aunque no cercano, es una de esos sonrientes que siempre encuentran un hueco en la foto, un par de pasos más atrás. Empresario de la construcción, se estrenó como alcalde de Sanxenxo en 1999, un verano antes de que Juan Carlos I reparara en la ría de Pontevedra como destino vacacional y revolucionara la ría. O suerte o saber estar. Desde entonces, se ha convertido en el hombre que mejor ha sabido aprovechar su amistad con él para su beneficio político y comercial. 

Al principio le cogió un poco de sorpresa. Juan Carlos empezó su relación con las Rías Baixas en 1957, todavía como príncipe de España, cuando sirvió de guardiamarina en la Escuela Naval de Marín. Allí hizo sus primeros amigos y visitó Sanxenxo por primera vez, pero entonces todavía prefería las playas de Mallorca. No fue hasta el año 2001, con una visita oficial con Martín ya de alcalde, que puso el ojo en la localidad gallega como punto neurálgico para practicar su deporte favorito, la vela.

Telmo Martín y el rey Juan Carlos, en un evento en Sanxenxo. Europa Press

Martín supo aprovecharlo y ahora es una de ese par de personas, junto a Pedro Campos, a las que el Emérito escribe sobre sus planes, aunque con poca antelación. “Espero poder verle y saludarle personalmente estos días, pero no tengo ningún encuentro cerrado con él”, ha mencionado. 

El dinero del rey

Estos días, Telmo Martín es la única persona que parece estar más contenta que el propio Juan Carlos. El rey se paseará por la ciudad durante tres días, de viernes a domingo, y se espera que vuelva entre el 10 y 19 de junio para el mundial. La estimación es que sus dos visitas, han explicado a EL ESPAÑOL fuentes cercanas al ayuntamiento, reporten a las arcas municipales varios millones de euros.

La expectación no es poca. La llegada del Emérito a la costa gallega es la primera visita a España después de casi dos años viviendo en Emiratos Árabes, ahogado por la Familia Real e investigado por la Justicia. Ahora, con las manos lavadas, puede volver al que considera uno de los territorios que mejor le acoge del país, donde tiene a su círculo de confianza -Telmo entre ellos- y donde los vecinos le siguen considerando el Rey hasta el punto de que han colapsado la centralita del concello con llamadas de agradecimiento.

"Parece que ha sido un asesino y nosotros no lo vemos así... No sé qué más se le puede pedir a una persona que nos ha traído tanto progreso en cuarenta años", señala Martín a las críticas recibidas por determinados sectores de la población, también en su ciudad. "Hay un antes y un después en Sanxenxo desde que empezó a venir el rey emérito", señaló estos días.

Llegada del rey Juan Carlos al aeropuerto de Vigo, donde fue recibido por su amigo Pedro Campos.

Líos con la justicia

“También hay un antes y un después de Sanxenxo desde que llegó Telmo”. Lo comentan en las inmediaciones del Náutico, que parece el centro del mundo en estos días. La primera etapa del alcalde, de 1999 a 2006, es recordada entre los paisanos como la explosión de la ciudad como referencia turística en Galicia. El cóctel era perfecto, con el rey de España dejándose ver en las calles, el boom del ladrillo en pleno apogeo y un regidor joven, vivaz y sonriente que, quiso la suerte, tenía una empresa de la construcción.

Telmo Martín aprovechó la fiebre para aprobar un plan general de urbanismo que acabaría en los tribunales y contribuiría a crear, según desveló El País años más tarde, "una de las mayores burbujas inmobiliarias de la costa gallega". Los derribos, indemnizaciones y expropiaciones pendientes asfixiaron las finanzas municipales, pero no la carrera del alcalde.

La conclusión, de puertas adentro, fue una acusación de corrupción en su empresa, que cobró sobreprecios en la tasación de vivienda protegida, una sanción de casi 2,5 millones de euros y una defensa de Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente del PP gallego, que le perdonó la multa en cuanto llegó a la Xunta. En total hubo 19 imputados acusados de cohecho, tráfico de influencias, contra la ordenación del territorio y la administración pública. Poco más.

De puertas afuera, la realidad fue bien distinta. Los tribunales no empezaron a cerrar los casos hasta el año 2018, muchos años después, y para entonces Sanxenxo ya se había convertido en el faro turístico de las Rías Baixas, además del refugio de Juan Carlos. Ninguno de los casos de corrupción -ni todos los que le siguieron en los años posteriores- enturbiaron la carrera política de Telmo Martín, que incluso llegó a optar a la alcaldía de Pontevedra en dos ocasiones. No le fue bien, así que volvió a Sanxenxo. Un poco como el rey.

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