Cuenta Henar Rubio, directora del colegio público vallisoletano Antonio Allué Morer, que cuando su centro tuvo la oportunidad de ser el primero en formar parte del programa bilingüe de la Junta de Castilla y León, en 2007, fue algo extraordinario para todos. Sin duda, entonces, suponía un salto cualitativo en la enseñanza y una forma de empezar a corregir desde la base ese complejo histórico de que los españoles aprendían inglés mal. 

No obstante, bastó que pasaran un par de años para que se dieran cuenta de que el sistema no solo no funcionaba, sino que empeoraba el aprendizaje de los niños. Principalmente por dos motivos. El léxico y la gramática de los libros de asignaturas como ciencias o historia eran mucho más avanzados que los de inglés, por lo que a los alumnos les costaba gran trabajo comprender las lecciones y no les quedaba otra solución que memorizar los contenidos. 

Para que usted lo entienda de manera más sencilla. Mientras el alumno aprendía el presente simple en la materia de inglés, se encontraba con el presente perfecto y oraciones pasivas para comprender el funcionamiento del cuerpo humano en el libro de ciencias. ¿Cuál era el resultado? "Que los estudiantes se sabían, por ejemplo, el nombre de los huesos de memoria, como clavicle (clavícula) o ribs (costillas), pero no sabían identificarlos", recuerda Henar Rubio. Aunque eso ya es historia en el Antonio Allúe.  

Este colegio vallisoletano ha abandonado este año el programa bilingüe de Castilla y León, desde que lo pusiese en marcha la Junta hace 13 años. "Al ser conscientes de que había un gran desfase entre los alumnos, decidimos llevar la cuestión al claustro de profesores y al consejo escolar, donde se votó salir del programa por unanimidad. Lo que de verdad necesitan los alumnos es competencia lingüística en un idioma extranjero, no en Science (Ciencias); aprender a mantener una conversación en inglés y no cómo se dice gaviota, cuando jamás han visto una en Valladolid", sentencia la responsable del centro, en una entrevista con EL ESPAÑOL. 

Alumnos más motivados 

Enar Rubio, directora del CEIP Antonio Allué Morer. Cedida

Ahora, dice, van a empezar la casa por los cimientos y no por el tejado. A partir de este curso, dentro de un proyecto autónomo, aumentarán las horas de inglés tanto en infantil como en primaria para que todos los alumnos potencien y adquieran el mismo nivel linguístico curricular. Y así, tal vez en el futuro, puedan comprender la asignatura de ciencias en inglés.

Ruben García, profesor de Ciencias —de Science, hasta hace un curso— en el centro, no puede estar más de acuerdo con su directora. "Haber dado las clases en inglés ha provocado un gran desmotivación en ellos. Los alumnos no pensaban, solo memorizaban, y lo que yo quiero es que se motiven para aprender. Esto debe ser una llamada de atención para las administraciones, yo no estoy en contra del bilingüismo, pero deben cambiar el planteamiento en las aulas". Para que el bilingüismo sea efectivo, según los expertos, es necesario que el idioma se imparta entre cinco y siete horas semanales. Tal y como ocurría en el colegio de Wyoming (EEUU), donde estuvo dando clase Rubén unos meses. "Allí daban castellano tres horas al día y además, literatura, y matemáticas", sostiene. 

Aunque las clases han empezado hace cuestión de un mes, lo que también está siendo por fin efectivo, según cuenta este maestro, son sus lecciones en Ciencias. "Acabamos de eliminar el bilingüismo y los alumnos vienen super motivados. Estamos trabajando los volcanes, por todo lo sucecido en La Palma, y están entusiasmados con ello. Antes salíamos al parque a ver flores y no eran capaces de preguntarme nada". 

Un 498% más 

La cuestión, no obstante, no queda en este centro vallisoletano. Junto a él, han abandonado el bilingüismo otro seis centros en Castilla y León (de los 374 que lo siguen). Y también lo han hecho colegios e institutos de otras comunidades autónomas. En Castilla-La Mancha ya son 80, de 271 centros en total, los que han salido del programa, es decir, el 20 por ciento. Y en Navarra, donde 114 centros son bilingües, un colegio también ha conseguido dejar el bilingüismo a partir del próximo curso. El requisito para dar marcha atrás en la mayoría de CCAA es conseguir el consenso de profesores, familias y alumnos. No obstante, en regiones como Madrid, no "hay un mecanismo oficial" para ello. 

El boom del bilingüismo no ha cesado desde que las CCAA lo lanzaran a principios de siglo, permitiendo a los centros públicos y concertados adherirse de forma volunaria. En los últimos 10 años, según datos del Ministerio de Educación, de 240.154 alumnos matriculados en este programa en 2010, se ha pasado a 1,4 millones en 2020. Un crecimiento del 498%. Un boom, no obstante, que tal vez ha tocado techo. 

Un ejemplo es el municipio albaceteño de La Roda, donde de un plumazo se han quedado menos de la mitad de centros con oferta en idiomas porque tanto el colegio público Juan Ramón Ramírez como el IES Doctor Alarcón Santón abandonaron hace dos años el programa bilingüe que puso en marcha en el curso 2005-2006 la Junta de Castilla-La Mancha

En el caso de este instituto manchego, según cuenta su director, Miguel Escribano, las razones fueron tres. La demanda por parte del alumnado no era grande, los medios con los que contaba el profesorado eran mínimos y un sistema absurdo en el que docentes como este responsable tenían que dar la clase en inglés y después, en español, para que los alumnos comprendieran la materia. En otras palabras, todos tenían que trabajar dos veces, tanto el profesor como el estudiante.

El profesorado 

Ángel Hidalgo, director del IES Leopoldo Cano, en Valladolid. Cedida

"Yo he conocido el programa como profesor, porque he dado clase, como padre, porque mis hijos participaban, y dentro del programa directivo. Dábamos Ciencias Naturales, Geografía e Historia en inglés, lo que requería un buen nivel, fluidez y mucha preparación. Pero a pesar de que el alumnado era bastante bueno, nos dimos cuenta de que fue a menos. Yo mismo veía que mis hijos adquirían un nivel de conocimientos menor y se esforzaban mucho más. Así que decidimos abandonarlo en 2018", explica Escribano a este periódico.  

Igual que otros maestros, cree que la solución pasa por potenciar los departamentos de inglés, aumentando el número de clases e incluyendo en ellos a un auxiliar de conversación, un profesor nativo. Otros, no obstante, han decidido no esperar y tomar la iniciativa, como el CEIP Antonio Allué Morer o el IES Leopoldo Cano, también en Valladolid. Este último centro dejó de ser bilingüe en francés hace dos años y ahora va a poner en marcha "un proyecto de autonomía para introducir más horas de francés e inglés a costa de otras materias" o en forma de extraescolares, según revela su director, Ángel Hidalgo. 

En el CEIP Juan Ramón Jiménez, en cambio, supieron parar a tiempo. Empezaron en el programa bilingüe con las asignaturas de Plástica y Música, pero cuando tuvieron que ampliarlo a Ciencias Sociales o Naturales, consideraron abandonarlo porque el personal no estaba lo suficientemente preparado para dar esas clases y, en cualquier caso, "el alumno iba a memorizar y no a aprender", señala Ana Isabel, directora del centro. 

"Había personal preparado, pero no era suficiente", añade. El nivel de idioma que exigen para dar clase bilingüe a los profesores puede ser distinto en cada comunidad autónoma. Por ejemplo, en Asturias, Andalucía o Castilla-La Mancha piden un nivel intermedio (B2); y en otras, como Madrid, requieren un nivel avanzado (C1). 

Madrid 

Aunque por el momento las bajas en el programa solo se han producido en tres comunidades autónomas, las críticas al modelo entre el profesorado son cada vez mayores en otras regiones, como sucede en la Comunidad de Madrid. Es lo que cuenta Paco Serrano, profesor de primaria en un colegio público de Madrid y autor del documental La chapuza del bilingüismo. 

Él se habilitó en la sección bilingüe porque sabía que de cara a unas oposiciones tendría más posibilidades de obtener una plaza. Y así fue. Empezó, relata, con toda la ilusión del mundo hasta que se dio cuenta de que el programa no funcionaba. "Es un sinsentido, es ridículo", insiste. 

Este maestro emplea todo su esfuerzo en enseñar en un idioma que los alumnos, de seis a 12 años, en su caso, no comprenden. "Se pierde toda la naturalidad, la espontaneidad; cuando estás explicando en inglés todos los días te das cuenta de que incluso cuando haces una broma, no la entienden; por lo que no te queda otra que intervenir en castellano", apunta Serrano. 

Segregación 

Por otro lado, el programa bilingüe de la Comunidad de Madrid, según denuncia Paco Serrano, ha segregado a los alumnos. En los colegios e institutos, está lo que se denomina la sección, aquella clase a la que van los alumnos que mejores calificaciones obtienen en el programa bilingüe; y la otra clase, a la que se ve destinado el otro alumnado que fracasa y que generalmente es de un nivel socioeconómico más bajo.

"Este modelo es una trampa y nosotros hemos sido cómplices. En la práctica divide a los alumnos entre buenos y malos. Pero lo cierto es que este boom ha llegado a su pico y se está viendo en todos los coles que se están echando para atrás. Nos hemos vuelto un poco locos con sacrificar todo por lo bilingüe, es más importante que el niño comprenda todo lo que tiene a su alrededor", dice Paco Serrano. 

Tal es su convicción que en noviembre está organizando un gran acto en contra de la enseñanza bilingüe en la Comunidad de Madrid, con la participación de varias plataformas educativas. En la CAM, no hay ninguna vía legal para que los centros públicos abandonen el programa. Así que si no les dejan dar marcha atras, "pedirán una reformulación del sistema". "Debe haber mejoras en el aprendizaje, más desdobles de profesores, más horas... Un niño de tu país no puede aprender su historia en inglés", sentencia. 

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