Pepe Barahona Fernando Ruso

Juan de Dios no es policía, pero en él hay un halo de investigador, de detective, de sabueso a la caza de aquellos que no respetan las reglas del juego. Este cordobés próximo a jubilarse, triatleta en sus ratos libres, empezó a trabajar en Endesa a los 19 años y ha consagrado su vida laboral, con más de 39 cotizados, a detectar el fraude eléctrico. Ha visto todo tipo de artimañas, liquidaciones por valor de un millón de euros o a hombres derrumbarse y llorar cuando se ven desenmascarados. Y si tienes la tentación de trampear tu contador para pagar menos, te avisa: “Antes o después siempre se detectan”. Sobre todo, ahora que Endesa utiliza inteligencia artificial para evitar la energía robada.

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Hacer bajar la factura de la luz con argucias ilegales puede seducir a muchos, aunque son pocos los que atreven. Internet está plagado de vídeos explicativos y de detalladas instrucciones para que cualquiera con unos mínimos conocimientos técnicos pueda defraudar a su compañía eléctrica. Y aunque las mejoras en instalaciones están dificultando trampear los contadores y elevan el nivel de formación necesaria para ejecutar los amaños, el robo de energía eléctrica es todavía un incómodo desafío para las empresas suministradoras.

Endesa detectó el año pasado cerca de 63.000 casos de fraude y el volumen de energía recuperada superó los 753 millones de kilovatios hora (kWh). Si el consumo medio de una vivienda al mes está en unos 291 kWh, la cifra equivaldría al consumo de 2,58 millones de hogares durante un mes. El Código Penal establece pena de multa de tres a doce meses a los defraudadores, unas sanciones leves a juicio del sector que no desincentiva lo suficiente a quienes tienen la tentación de sisarles.

Juan de Dios Cerrato supervisando la instalación del Centro Comercial La Sierra. Fernando Ruso


Sobre todo, ahora, después de que el precio de la electricidad haya alcanzado su máximo el pasado 1 de junio y los clientes se enfrenten al recibo de la luz más caro de la historia. Las asociaciones de consumidores ya han puesto el grito en el cielo. Facua ha calculado una subida interanual del 47,6%, o el equivalente a 29 euros, en un usuario medio. “Los precios se han inflado” coincidiendo con el recorte de 1.000 millones de euros de sobrerretribución que anunció del Consejo de Ministros a inicios de semana, denuncian desde la organización.

La polémica coincide con la nueva tarificación por tramos horarios, en vigor desde el 1 de junio. Una medida que, según el Gobierno, pretende incentivar el ahorro energético y el consumo eficiente; pero que muchos ven como una subida de la luz encubierta. Así, se distinguen tres tramos horarios: valle, el más barato, que va desde la medianoche hasta las ocho de la mañana, además de fines de semana y festivos; el punta, el más caro, de lunes a viernes de 10.00 a 14.00 y de 18.00 a 22.00 horas; y el llano, el intermedio, para el resto del día.

La pregunta que sobrevuela entre los consumidores es quién esperará a la medianoche para poner lavadoras o planchar la ropa, o qué ocurrirá con aquellos electrodomésticos, como los frigoríficos, que deben funcionar a lo largo del día o esos cuyo funcionamiento coincide con los tramos punta, como máquinas de aire acondicionado en las zonas más calurosas del país. Así las cosas, la idea de defraudar a las eléctricas se vuelve más tentadora.

Fraude ha habido siempre, pero también hay quienes lo combaten. Juan de Dios Cerrato fue el inspector más joven en entrar en Endesa, y cree que ahora es “el más viejo”. Lleva desde 1985 detectando engaños. Antes en los contadores de chapa, a los que los tramposos le hacían un pequeñito agujero desde el que hacían parar el disco que medía el consumo, y ahora en los contadores digitales telegestionados.

“La cosa ha cambiado mucho”, explica el inspector de 58 años. “Pero a lo largo de la historia, los fraudes se reducen todos a dos: o una segunda acometida o falsear el equipo de medida”, detalla. Simplificación que se basa una experiencia de miles de inspecciones en las que Juan de Dios ha sido testigo de artimañas de toda índole, porque, aunque en esencia sean solo dos posibilidades, detrás de ambas hay cientos de formas de ejecutarlas. Pero no esperen encontrar en este reportaje una retahíla de tipos de trucaje de contadores. Juan de Dios es celoso de la información que da. No quiere dar pistas a los posibles defraudadores.

Juan de Dios llevando a cabo una inspección en un restaurante que abrirá sus puertas en breve. Fernando Ruso

Una de cada dos

Tampoco las da José Antonio Franco, el responsable del departamento de recuperación de energía de Endesa. Su equipo está detrás de cada posible fraude para conseguir que, según explica, “toda la energía que entre en el sistema se acabe facturando”. Y aquí se distingue entre las pérdidas técnicas, la que naturalmente se produce por el efecto Joule en la distribución y la “no técnica”, la defraudada.

“La tasa de detección de esas pérdidas ha ido variando considerablemente a lo largo del tiempo. Hemos evolucionado técnicamente y en los últimos años hemos duplicado nuestra mejor tasa de éxito: ahora se detecta un fraude en una de cada dos inspecciones, el 50%; hace tres años, ese porcentaje estaba en el 25%”, asegura Franco.

Detrás de ese pronunciado incremento está la inteligencia artificial, una ciencia que viene a complementar la inteligencia humana compilada por la experiencia de los inspectores veteranos durante años. Todo un cambio en la estrategia que se ha mantenido casi invariable desde los últimos veinte años hasta la incorporación de estas técnicas de machine learning (aprendizaje automático) y deep learning (aprendizaje profundo).

Endesa es pionera en España en implementar dentro de su organigrama la inteligencia artificial en la detección de fraude eléctrico. El padre de la criatura es Javier Tejedor, un ingeniero de Telecomunicaciones que ya formaba parte de la empresa y del que vieron el potencial.

José Antonio Franco, responsable del departamento de recuperación de energía de Endesa. Fernando Ruso

“He sido autodidacta, empecé en la ciencia de datos en 2012, por mi cuenta. Tenía curiosidad y me formé en plataformas, muchas gratuitas, en las que hay muchísimo contenido de muchísima calidad disponible en la red. Me metí en esto con mi hermano y un primo, que se dedican a la informática. Empezamos a picarnos y nos pusimos a competir en competiciones de machine learning, a resolver problemas de datos. Llegué a nivel de maestro y cuando estaba maduro, propuse aplicarlo en la Endesa. Ellos vieron la posibilidad de que me integrase en la parte de fraude y ahí estoy”, resume Tejedor.

Maraña de datos

Parte de su trabajo consiste en alimentar la inteligencia artificial de datos. La base que sustenta el aprendizaje. Al histórico de inspecciones de Endesa se le suman sensores, consumos, alarmas e información de diversa índole que trabaja un equipo formado por matemáticos, estadistas e ingenieros, tanto informáticos como eléctricos o de telecomunicaciones.

Javier Tejedor coordina al equipo de inteligencia artificial de Endesa. Fernando Ruso

“Ese data driven, o decisiones dirigidas por datos, es una realidad y está provocando que la compañía esté contratando a perfiles que antes no existían en la empresa; también está haciendo que se fomente el reciclaje de personal interno mediante la formación con máster en ciencia de datos”, explica José Antonio Franco, el responsable del departamento de recuperación.

La pandemia ha vaciado las salas repletas de pantallas y ordenadores en las que antes trabajaba el equipo, de menos de diez personas. Ahora trabajan todos desde casa, perfeccionando una inteligencia artificial que busca correlaciones en los datos y los fraudes en el histórico. Así aprende y detecta posibles robos futuros. Ya no es necesario que sean los humanos quienes definan los criterios de búsqueda, es la propia máquina la que crea patrones y los aplica. Pero ni siquiera esto frena a los defraudadores.

Instalación eléctrica fraudulenta para abastecer una plantación indoor de marihuana. Fernando Ruso

“Hay una pelea, nosotros avanzamos, pero ellos también. Por muy robusto que sea el contador, ellos se buscan la manera de defraudar. Antes, al ser contadores mecánicos eran muy obvios, muy sencillos; antes el fraude se lo hacía uno mismo, o un cuñado, pero ahora lo hace alguien preparado: se ha profesionalizado”, confiesa Franco. “Aunque hay fraudes toscos, a la antigua usanza, también te encuentras circuitos integrados dentro de los contadores”, apunta sin desvelar más datos.

Sí cuenta el responsable de la recuperación de la energía que los fraudes son más frecuentes en aquellos sectores en los que la electricidad tiene un mayor peso específico en los costes. “Tradicionalmente en las fábricas de hielos o en la hostelería —advierte—; y cuanta más luz se gasta, más se profesionaliza el fraude. Los más sofisticados están en actividades industriales en los que hay un mayor consumo. Rara vez aparecen en el ámbito doméstico”.

Javier Tejedor y José Antonio Franco en la sede de Endesa. Fernando Ruso

Los defraudadores aprenden

También en las plantaciones ilegales de marihuana, a las que los inspectores acuden acompañando a la Policía Nacional o a la Guardia Civil. Hay veces que los reciben a pedradas. En otras, los técnicos usan pasamontañas para evitar que los identifiquen. En este caso el sistema que utilizan los defraudadores es otro. “No hay una manipulación del contador para disimular un consumo mayor, que es el fraude habitual; aquí hay un enganche ilegal directo a la red para alimentar una instalación clandestina”, especifica Franco. “Se enganchan al cable de pasa por la calle”, simplifica el ingeniero.

En el caso del trucaje de contadores, la compañía eléctrica se emplea a fondo para detectar las innovaciones de quienes defraudan y llegan a aplicar una especie de ciencia forense aplicada a los medidores, gracias a la que se han llegado a identificar sistemas basados en arduino, un software y hardware de libre acceso, u otros métodos que se desactivan automáticamente cuando detectan la presencia del inspector. “El defraudador nos lo pone siempre difícil”, repite Tejedor.

Cerrato guardando sus herramientas tras la inspección. Fernando Ruso

Y ese es el desafío. “Hay auténticos artistas, y tratamos de darles caza”, apunta Franco. “Hay veces que vemos un fraude que se repite mucho, siempre usando el mismo modelo, con un mismo patrón, como si dejaran una firma y eso nos da pista de que hay una misma persona detrás de ellos. Ahí ponemos a funcionar otros recursos: tanto investigadores privados como incluso damos aviso a la Policía en coordinación con el departamento de seguridad de Endesa”, explican.

Se trata de instaladores que practican fraudes para terceros de forma profesional y masiva. Lo venden y se propagan rápido, los hay incluso que itineran por toda España. A veces los fraudes se dan de golpe en un mismo polígono, por el boca a boca, bajo la seductora idea de que es indetectable. Y, explican, es complicado dar con ellos. “Hay que pillarlos infraganti, pero se acaban encontrando, a veces delatados por el propio cliente”, presume Franco.

Varios técnicos en el Centro de Operaciones de Endesa en Sevilla. Fernando Ruso

¿Y no tienen un subidón de adrenalina?

—[Franco]. Nosotros estamos detrás de unas pantallas. No estamos en el terreno, pero hay compañeros que sí, que están más cerca de sentir esa sensación.

Juan de Dios es uno de ellos. En sus primeras inspecciones, el cordobés llevaba un destornillador y un amperímetro. Ahora tiene unas herramientas más sofisticadas, como el videoscopio, “todo un adelanto”, con el que consigue ver las posibles conexiones ilegales en instalaciones empotradas. De todos, el mejor es el olfato que da la experiencia. “Eso no lo iguala ningún aparato”, bromea.

Un sabueso "leal"

Cuenta Juan de Dios que muchos de los defraudadores que ha desenmascarado han sido compañeros de estudio suyos. En la Formación Profesional aprendían cómo trucar un contador sin ser detectados. Hubo quien lo usó para delinquir y quien lo aprovechó para cazar a los que delinquen. Él era de los segundos y algunos de los primeros se han acabado echando las manos a la cabeza en las inspecciones en las que él aparecía. “Decían que me las sabía todas”, bromea.

Juan de Dios Cerrato supervisando la instalación del Centro Comercial La Sierra. Fernando Ruso

También narra como a él le ha funcionado la intuición y que “con solo mirarle la cara al cliente” ya sabía si le engañaba. O cómo se las apañaba, como si de un detective privado se tratase, para descubrir vestido de paisano las artimañas. “Antes te lo tenías que currar más —valora el veterano inspector—; ahora te conectas de forma telemática a un contador y sin levantar sospechas tienes toda la información que necesitas”.

A sus espaldas lleva inspecciones que se han traducido en liquidaciones de hasta un millón de euros. “Y otras gordas, de 600.000 euros. Esto no es moco de pavo, eh. La gente se cree que defraudar a una eléctrica es como defraudar a Hacienda, que como te pille…”, esgrime.

En el caso del millón de euros se trataba de un complejo hotelero en la costa de Málaga, en el de los 600.000 euros otro caso que no olvida. “Fue uno difícil, porque se trataba de un empresario que levantaba sospechas desde que entré en la empresa, pero no había manera de demostrar el fraude. El tipo se las sabía todas, pero nosotros sabíamos que ahí pasaba algo. Aunque era muy complicado demostrarlo. Era un gran consumidor que se cuidaba mucho de cometer errores, hasta que lo cometió. Veinte años después. Tuvo un fallo y lo cogimos”, presume Juan de Dios.

Hablar con él es repasar la historia del fraude eléctrico en España. Y la forma de combatirlo. Desde el autobús del fraude en el que se subían los inspectores para hacer barridos en municipios a las inspecciones sectoriales de la última década. Hasta la inteligencia artificial.

Juan de Dios Cerrato tras supervisar un centro comercial en Córdoba. Fernando Ruso

En su extensa carrera profesional también ha recibido ofertas para pasarse al lado oscuro, “donde —bromea— se cobra mucho más”, pero siempre las rechazó. “Por lealtad a la empresa en la que llevo 39 años”, sentencia. Juan de Dios pertenece a la tercera generación de una familia de trabajadores de Endesa. Se sabe cerca de la jubilación y espera que cuando se desvincule del negocio no eche de menos la adrenalina de desvelar fraudes eléctricos.

También le gustaría poder dedicarse al deporte que lleva practicando desde hace más de 30 años: el triatlón. Ha participado en cinco campeonatos de España y ha sido campeón de Andalucía. Y por si alguno de los defraudadores sale corriendo, avisa: “También lo acabo pillando”.