Valencia

María rompió este martes su silencio ante el tribunal que la juzga junto a Gabriel, su expareja. Los acusan del asesinato de sus hijos Amiel e Ixchel, de tan solo seis meses y tres años y medio de edad, y la joven no había ofrecido aún su versión de los hechos en ninguna instancia. Su imagen pública era todavía la de la activista que llegó a ser detenida durante el 15-M. Pero quien compareció ante el tribunal fue una mujer muy cambiada, abducida por extrañas creencias mayas inculcadas por el padre de las criaturas, según denunció. Hasta tal punto que responsabilizó a una "secta" inventada por este de la muerte de los pequeños, a los que sí reconoció haber enterrado.

Su testimonio fue estremecedor de principio a fin. Compareció locuaz, hasta el punto que juez y fiscal tuvieron que pedirle que ofreciera menos detalles para centrarse solo en lo esencial. Apenas mostró emociones. Desglosó con el mismo tono los aspectos nimios y los sobrecogedores, como el momento en el que, según su testimonio, descubrió los cadáveres.

"Cuando me desperté estaban muertos. Mi hija Ixchel estaba muerta en el suelo de la terraza. El niño estaba en la piscina, en el borde de la piscina", aseguró. ¿Y quién los había matado entonces?, le preguntó el fiscal. "Para mí los había matado la secta", dijo María. La acusada, no obstante, subrayó que en las fechas de los hechos sufría "un brote agudo" de la esquizofrenia paranoide que tiene diagnosticada. ¿Lo sigue creyendo ahora? "Ahora yo creo que fue él, que lo tenía todo pensado porque nos íbamos de viaje y nadie habría sabido que estaríamos muertos", aseguró sin apuntalar esta tesis.

En su intervención, en la que respondió a las preguntas del fiscal y a las de su abogada, acusó a su expareja de haberle llevado a pensar que todo su entorno, tanto su familia, sus amigos como el colegio del niño, formaban parte de una secta que quería matarlos. Describió a Gabriel como un maltratador paranoico que la manipuló hasta hacerle creer que una supuesta secta los visitaba por las noches. "Poníamos muebles en la puerta por las noches y aparecían quitados por las mañanas", explicó.

"Él se autodenominaba Jesucristo reencarnado. Yo descubrí que Jesús tenía una pareja, y él me dijo que yo era María Magdalena, y que por eso nos atacaban por las noches. La idea de que éramos de una genética superior y que por eso querían muestras orgánicas nuestras, me la dio él, y yo me la creí", llegó a afirmar la acusada.

El G-20 de Niza

Acusó Gabriel de reiterados malos tratos que derivaron en un grave trastorno mental. Todo comenzó de forma idílica, con el joven como voluntario en una protesta que ella organizaba contra el G-20 de Niza en 2011. Él, de origen belga, le ayudó con la logística gracias a su dominio del francés.

La relación se volvió enfermiza en México, donde se empaparon de las creencias mayas que, según la acusación, se encuentran detrás del parricidio. A su regreso pasaron por varias viviendas hasta okupar la de Godella en la que tuvo lugar el doble crimen.

Lejos de aquel amor inicial, los acusados comparecen ahora ante el tribunal con versiones completamente contradictorias, en las que se acusan el uno al otro del asesinato de sus hijos. Gabriel, en su declaración entre el lunes y el martes, negó haberlos matado y atribuyó los asesinatos a María. "Me dijo: los he matado", aseguró.

Ella lo negó por completo. En su relato realiza una gran elipsis entre la noche previa y la mañana en la que, según su versión, aparecieron muertos. La tarde anterior regresó a casa "muy cansada" tras haber desaparecido durante horas por una discusión

Guillermo, en el centro. A la izquierda, su letrado. A la derecha, el fiscal. EFE / Kai Försterling

"A los niños los acostamos en la cama de matrimonio. Fumamos un porro. Estaba tremendamente agotada, llevaba noches sin dormir. Me acosté sola con los niños. Él se quedó en la cocina o en el comedor", expuso.

Lo siguiente que recuerda es que Gabriel la despertara. Era muy temprano, "el momento antes de que salga la luz del sol". Los niños no estaban en la cama, tan solo la "nerviosa" perra de la pareja, con la que tropezó y cayó. Se hizo un café y salió a fumar al exterior, y allí fue donde vio primero el cadáver de su hija y, después, el del niño junto a la piscina.

Pese a que insiste en no ser la autora material del crimen, sí reconoció haberlos enterrado. "Gabriel llevaba muchísimo tiempo diciéndome que nos iban a matar. Cuando vi eso dije: la secta los ha matado", explicó. "No podía dejar a mis hijos así. Me fui no a enterrarla, pero sí a tirarle tierra por encima", agregó.

El fiscal, con mucho más tacto hacia María por tratarse de una persona enferma, pudo en duda su testimonio. ¿Me quiere decir que, estando ustedes tres en la cama y con una perra nerviosa, el acusado se llevó primero a un niño y lo mató, y luego hizo lo mismo con el otro sin que usted se enterara de nada? "No sé cómo fue, si fue así no tengo ni idea", respondió ella.

Escritos sobre reencarnación

El interrogatorio a Guillermo fue mucho más duro. El fiscal fue minucioso e incisivo al preguntarle por multitud de cartas manuscritas halladas en la casa okupada en la que residían, cuya autoría él negó. En ellas se alude a una posible reencarnación sustentada en la mitología maya, creencia por la que ambos reconocieron su atracción.

También incidió en las búsquedas en internet realizadas durante las horas previas al crimen desde el terminal de Guillermo. Hubo varias sobre la ascensión de María al cielo. "Estaría investigando sobre María Magdalena porque me gustan esos temas", reconoció, pese a que atribuyó el grueso de las búsquedas a su pareja. Una de las páginas visitadas, sin embargo, correspondía a un artículo en francés.

¿Investigaba usted para lo que iban a hacer luego?, le preguntó el fiscal. "No, por supuesto que no", replicó. La abogada de María, en su interrogatorio, trató de resaltar la frialdad del joven y su poca empatía con los niños asesinados. Lo consiguió al preguntarle la fecha de nacimiento de ambos. Gabriel fue incapaz de precisarla con exactitud.

Los dos niegan haber matado a sus hijos y acusan a su expareja de haberlo hecho, sin haber colaborado entre ellos en los horribles hechos. Será el jurado popular quien dicte sentencia para que el asesinato de Amiel e Ixchel no quede impune.

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