Enrique Recio Carmen Suárez

María Forqué (Madrid, 1990) dice ser la española más censurada por las redes sociales. Si alguien se asoma, por ejemplo, a su cuenta de Instagram (@imvirgenmaria), tal vez dirá que con razón. Sus publicaciones y vídeos son un cúmulo de atrocidades que van desde cubrir su cuerpo desnudo de cucarachas y deslizarse haciendo todo tipo de acrobacias en torno a una barra de pole dancea aparecer cubierta de sangre o con decenas de cuchillos clavados en la espalda. 

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Genera cierta incomodidad, es innegable. Pero es precisamente eso lo que esta joven artista pretende despertar en el público cuando la ve actuar en cualquiera de sus perfomance. Ya sea en su casa grabándose, en un concierto o en su cuenta de Only Fans. Siempre subida a unas plataformas transparentes de vértigo, siempre desnuda y siempre ataviada con elementos estéticos de lo más grotestos, Virgen María, así es como ella misma se bautizó, solo pretende despertar conciencias. 

Aquellas que juzgan solo por la apariencia física. Esas que, cuando era adolescente, le criticaban o le llamaban puta por tener más pecho o por llevar una falda corta. Esas que le coartaban y finalmente le hicieron padecer todo tipo de trastornos por no aceptarse: dismorfia, anorexia, depresión... Su obra, en todas sus vertientes, es una reivindicación con origen en su propia experencia. Si antes una mala mirada la hacía pequeña, ahora la hace grande. Y si se desnuda y se sube a una barra, lo hace para provocar y para que quienes sufran lo que ella sufrió, se acepten. 

"Me gusta crear cosas estéticas, que atraigan, pero que al mismo tiempo incomoden. A mí en todos los entornos, salvo mi familia, siempre se me ha coartado, y por eso ahora soy más provocadora que nunca. No busco molestar, pero si llevar a la gente al límite, a la risa o al entendimiendo de que el cuerpo y el sexo son algo bonito y natural. Y de que es el ser humano el que los convierte en pecado", confiesa. 

Un día con 'Virgen María'

Tuvo suerte, dice, con su familia. Su padre, el director de cine Manuel Iborra, y su madre, la conocidísima actriz Veronica Forqué, siempre le dieron alas para expresarse artísticamente. Al fin y al cabo, es lo que ellos hicieron un día. De hecho, Virgen María fue noticia hace poco cuando acompañó a su progenitora a la gala de los Goya, en Málaga. No pudo ir con ella a la alfombra roja, pero desde un hotel cercano, hizo su propio posado en Instagram con un vestido de gasa transparente que dejaba a la vista todo su cuerpo. Semanas después, su nombre también aparecía en los medios tras haber vendido sus bragas usadas por 500 euros en internet. Aunque insiste, "solo fue como vender la parte más íntima de una obra de arte" simulando al artista Kurt Schwitters, que vendío en una exposición "su mierda en una lata". 

Está claro que el espectáculo de Virgen María solo acaba de empezar, o al menos a conocerse entre el gran público. Y que no es solo su cuerpo lo que quiere enseñar, sino mucho más. Para comprobarlo, EL ESPAÑOL pasa un día con ella en Madrid. Veinticuatro horas en las que entrenaremos con ella sobre la barra de pole dance, nos enseñará su área de trabajo en casa, hablará sobre su infancia, su adolescendecia y su transformación hasta convertise en Virgen y posará desnuda, sin ningún tipo de complejo, delante de la cámara. Colgada de la barra, frente a los espejos y hasta dentro de su bañera. 

10:30 horas. Barrio de Moncloa (Madrid). María Forqué nos cita en Garage Underground, el gimnasio donde entrena subida a la barra de metal desde hace dos años, cuando comenzó a introducir esta modalidad dentro de sus performance. Poco después de lo acordado, ataviada con unas enormes gafas negras que le cubren prácticamente todo el rostro, y en companía de su perra, Copi, llega a la clase. 

Virgen María, en el ensayo de una de sus coreografías. Carmen Suárez

El centro de entramiento está situado en el sotano de un edificio. Las paredes están llenas de espejos y el resto del espacio lo ocupan las barras de metal, de diversas alturas. María Forqué utiliza la más alta de todas, la de cinco metros. Tras unos breves estiramientos, la artista comienza a subir por el metal y a deslizarse del mismo haciendo todo tipo de acrobacias imposibles al ritmo de la música, de su música. 

Virgen María aprovecha sus tres entrenamientos por semana para ensayar también las coreografías de sus conciertos. En la última que ha creado, por ejemplo, antes de pinchar su música electrónica frente al público, se desliza por la barra frente a los asistentes durante unos minutos y, si el lugar lo permite, termina completamente desnuda. "Así queda mucho más bonito y más limpio", explica. Con la manos colocadas como un buda, comienza a mover la espalda, se levanta y con esa misma parte del cuerpo se yergue entera sobre la barra boca abajo, agarrándose con ambas piernas. Nunca pierde el equilibrio, ni se cae. Mientras, es animada por su entranadora: "¡Bravo, vamos!", le grita.

Su casa

Tras aproximadamente una hora, la clase termina y María Forqué organiza cómo va a ser el resto de la jornada. Y es que aunque parezca tan tranquila como su madre desde fuera, se confiesa nerviosa y una "loca de la organización". Ahora, vamos para mi casa, os la enseño y me podéis hacer fotos allí con algun bikini, en la bañera con la espuma... Después, tengo que grabar unas voces para un tema y a las 20:00 un concierto, en una sala de Usera (Madrid) que es de mi novio", nos comenta. La joven artista deja claro que las fotos son algo esencial para el reportaje. Y lleva razón, al fin y al cabo es su trabajo. "Mi cuerpo es mi oficio y mi oficio es mi cuerpo", nos cuenta. No ponemos inconveniente. 

Pedimos un cabify y los cuatro, ella, el periodista, la fotógrafa y la perra, a la que disimula vistiéndola con una camiseta dentro del vehículo, viajamos hasta su pisito en el barrio de San Bernardo. "A Copi siempre le gusta ser el centro de atención. No le gusta estar nada sola. Le encanta que la incluyan en los planes", cuenta María Forqué, durante el trayecto. 

María Forqué, en 'salón' de su casa con una catana. Carmen Suárez

La artista vive en la última planta del edificio, en el ático. "Aunque está en el centro, no se escucha nada de ruido", comenta. La vivienda es una suerte de templo oriental. Reina el silencio. No tiene salón, el espacio está ocupado por un gran tatami rodeado de espejos, con luces de neón y peluches por todas partes. Un tigre, un pikachu... En el centro, una barra de metal. Es en este espacio donde ella graba asiduamente sus perfomance para Instagram. Y también donde se inspira, cuenta, mirando Tik Tok, descubriendo tendencias nuevas..

"Las redes sociales e internet me inspiran muchísimo. Y luego me encanta el anime, el eroguro (rama de la cultura popular japonesa en la que se mezclan horror y erotismo), lo oscuro, lo sádico... Me gusta todo lo raro y lo mezclo para que haya todo tipo de reacciones. Hay gente que se escandaliza, que piensa que soy una guarra, o que dice qué guay y se desnuda también. Me gustan las reacciones, que sucedan cosas, no pasar desapercibida", explica la hija de Veronica Forqué.  

Virgen María nos pide que esperemos mientras se prepara para la sesión de fotos por toda la casa. Se maquilla y elige un diminuto bikini, en el que están dibujados dos pezones en la parte superior y una vagina en la inferior. "Es muy bonito, lo ha diseñado mi novio (@3819etc) y así no habrá problema con la censura", dice, riendo. Una vez preparada, María Forqué posa en cada rincón del piso. Haciendo acrobacias en su barra, apoyada sobre el espejo, sosteniendo una catana, sentada en las escaleras... Y deja la última parte, las instántaneas del baño, para el final. Abre el grifo de su jacuzzi y mientras se llena, charlamos sobre el tatami. 

El origen

— P. ¿Cuando llegó Virgen María? ¿Por qué elegiste ese álter ego?  

— R. Yo antes usaba mi nombre, María Forqué, pero me quitaron la cuenta de Instagram. En ese momento hacía performance, pero la música siempre me gustó mucho. Y fue sin redes sociales, cuando contacté con Supreme y me ofrecieron hacer música. En los clubs, cuando yo iba de pequeña, eran todo tíos, con el pelo largo, como moiseses predicando en la discoteca su música mientras todos les mirababan. Así que dije: yo voy a ser Virgen María pero de los templos del sonido, en las discotecas. Es un nombre sarcástico. Soy la Virgen, pero en realidad represento todo lo contrario. 

'Virgen María' haciendo una de sus acrobacias sobre la barra de metal. Carmen Suárez

— P. Estudiaste Bellas Artes, pero ¿cómo fue esa transformación en la que decidiste finalmente trabajar con tu cuerpo?

— R. Yo dibujaba muy bien desde pequeña. Era lo fácil. Incluso hacía exposiciones y vendía los cuadros. Pero era muy solitario y como no tenía claro qué hacer mis padres me dijeron que estudiase Bellas Artes. Entonces, fui a Nueva York y descubrí la perfomance desnuda en un campamento, en un curso en el campo. Y me interesó un montón la liberdad de la perfomance, poder hacer lo que quisieses. A mi me traumatizaron mucho de adolescente, diciendome que el desnudo era malo. Como tenía el pecho grande, me lo tenía que tapar porque sino era una puta. 

Me crearon un concepto muy raro de lo que era ser mujer, tener un cuerpo sexual. Desarrollé problemas de alimentación, no quería tener pecho. Pero a través de esta performance descubrí un mundo en el que la gente estaba desnuda y además hacía arte. Se fusionaban dos cosas que encajaban mucho con mi discurso y mi forma de expresion. 

— P. Detrás de tu desnudo, entonces, hay una reivindicación. 

— R. Claro, yo en primera persona sentí que por ser mujer se me castigaba. En general, la sociedad me censuraba por ir sexy, por tener un cuerpo sexual. Eso era malo, pero al mismo tiempo era un objeto de deseo que le gustaba sobre todo a los hombres. Fue un lío, me hizo sentir muy mal. Hasta que comprendí que todos nacemos desnudos, que el cuerpo era algo natural, solo hecho pecado por la sociedad. Yo siempre quiero plasmarlo, enseñarlo, porque parece que solo se puede enseñar en la playa o en la piscina. Quiero eliminar ese escándalo. El cuerpo y el sexo son cosas bonitas y naturales. 

No obstante, lejos de esconder su cuerpo, Virgen María ha exagerado todavía más su físico, lo ha hipersexualizado. "En mi caso, como tengo este estereotipo de cuerpo sexualizado, me siento identificada. Y lo exagero más porque es más provocador. Mi mensaje es una mezcla de aceptación y provocación", reflexiona. 

El proyecto de María Forqué, además de las perfomance en Instagram y los conciertos, tiene otra ramificación más: la erótica. Esta última se desdobla en dos perfiles de la red social Only Fans [plataforma online de contenido adulto], uno personal (@imvirgenmaria) y otro más profesional (@blex69), en el que muestra su arte, sin censura. "En el personal, tengo un contenido normal como podría tener otra trabajadora sexual. Fotos, vídeos, desnudos sexuales... En el otro, mis proyectos artísticos, como puede ser mi cuerpo lleno de diamantes, pero sin censurar nada. 

De 2.000 a 5.000 euros

María Forqué gana de 2.000 a 5.000 euros al mes con sus cuentas de Only Fans. Carmen Suárez

— P. Desde que llegó esta red social, siempre ha habido debate en torno a ella. ¿Crees que mercantiliza a la mujer o que la liberaliza?

— R. En mi opinión, la liberaliza. Hasta entonces, siempre había que pasar por un intermediario que te obligaba a hacer o no hacer. En Only Fans tú eres libre de crear tu propio contenido. Más libre es imposible, lo que quieres, cuando tu quieres. Y se llevan un 10%, que no es mucho. Es mejor que Instagram, que no te da una mierda. Y le hacemos todos el contenido gratis. Es más prostitución subir contenido a Instagram que a Only Fans porque no te llevas ni un duro por el tiempo que has invertido. Al final, para eso trabajamos todos. 

— P. ¿Cuánto dinero se puede ganar con Only Fans? 

— R. Gente conocida gana un millón de euros al día o a la semana. Pero en mi caso, gano como de 2.000 a 5.000 euros al mes, entre las dos cuentas, como un buen sueldo. 

— P. ¿Es compatible Only Fans con el feminismo? 

— R. Para mí, sí. Hay muchas corrientes de feminismo. Desde mi punto de vista, ser feminista es apoyar a todas las mujeres, cualquier cosa que hagan dentro de unos límites. Pero respeto que digan lo contrario. La base es el respeto hacia todas las mujeres y sus vivencias, hay que escuchar lo que cada una sienta y lo que haya vivido. 

Ángel demoniaco 

María Forqué, en la barra de metal de su casa. Carmen Suárez

Oscura, extraña, irreverente o underground son algunos de los adjetivos con los que se ha calificado hasta ahora a esta artista madrileña. Términos, no obstante, en los que se encuentra completamente cómoda. Dice María Forqué que todos, al final, somos luz y oscuridad. Y ella, en su caso, se siente como "un ángel demoniaco". "Mi madre siempre ha sido un personaje angelical y yo tengo más como las dos partes, la parte angelical, pero también una parte más oscura, como más de vampiro. Me encanta el terror, lo sádico", confiesa a este periódico. 

Y si la critican por lo que hace, mejor. Es ese su objetivo, el camino hacia la aceptación empieza siempre por la crítica, alecciona Forqué. "Que me critiquen, por una parte, me da como marcha. Porque cuando quieres provocar buscas que la gente se escandalice, pero después tengo un sector muy grande que valora lo que hago. Siempre he tenido ese equilibrio y me compensa", apunta.  

Al fin y al cabo, si algo ha aprendido esta artista en su corta existencia, y sobre todo en su etapa adolescente, es que "si llamas la atención, queriendo o no queriendo, va a haber gente que va abusar de ti". Y que, en el fondo, aquellos que lo hacen, de alguna manera "te quieren". "La gente que te odia es porque no te entiende o porque quiere lo que tu tienes, pero no puede; o porque que te quiere de una manera tan oculta y trastornada, que se convierte en odio. El odio y el amor son solo dos extremos de una línea". 

La primera vez que el público conoció a María Forqué no fue sobre en una barra de metal ni un escenario, sino en un anuncio. Uno realmente polémico, en 2012, en el que varios jóvenes de clase alta profesaban su adoración por la marca española Loewe. "El primer recuerdo que tengo de mi abuela es su bolso", decía esta madrileña en el spot publicitario. De esa chica de 21 años, claro, no queda nada en la actual. "Queda mi espíritu (ríe). En esa época estaba perdida y bastante deprimida. Ahora me siento encontrada. Tengo ansiedad, pero la prefiero antes que estar deprmida". 

— P. ¿Tienes miedo al paso del tiempo?

— R. Sí, pero tampoco mucho. Porque veo que con el tiempo estoy mejor que antes. Intento aprovechar el tiempo lo máximo posible, pero tengo ansiedad, y eso al final es miedo al futuro y a la muerte. Aún así, intento amainarla. 

— P. ¿Vigen María es algo con principio y final? ¿Habrá algo después? 

— R. Yo quiero que sea mi nombre artístico para siempre, que represente conciertos, pole dance, fotografía, vídeo... Estoy segura que del mundo de la musica, internet, o del espectaculo no quiero desaparecer. Yo tengo que estar ocupada, no hacer nada me agobia muchísimo. 

María Forqué en el jacuzzi de su casa. Carmen Suárez

"¡Voy a cerrar el grifo!", exclama. Se refiere al de su bañera. El agua ya está lista, caliente. Se desnuda, echa gel para hacer espuma y lo coloca sobre sus pechos. Está preparada para su última sesión de fotos. Tras terminar, decide despedirnos desde su jacuzzi. Es su segundo baño del día. "Te dejamos aquí, entonces", le decimos. "Sí, muchas gracias por todo", concluye, entre burbujas.