Diego Rodríguez Veiga David Palomo

España ha dado un paso histórico en materia de derechos laborales. Eso dicen. La nueva ley de riders aprobada este martes por el Consejo de Ministros cambia, de manera radical, las condiciones laborales de los repartidores de las plataformas digitales. A partir de ahora, pasarán a ser asalariados. Hasta luego a las condiciones laborales precarias. Eso dicen. Cristian López, rider desde hace cuatro años, sin embargo, opina todo lo contrario: gana 2.500 euros al mes como trabajador por cuenta propia. 

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El nuevo real decreto-ley obliga, como decimos, a que las empresas de reparto (Glovo, Deliveroo, Uber Eats, Just Eats…) contraten a los trabajadores que, a día de hoy, eran autónomos. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, lo ha hecho público tras las quejas de una buena parte de los riders, que reclamaban mejores condiciones, y después de que varias sentencias hayan dictaminado que, en realidad, trabajan como falsos autónomos para estas plataformas.

“Pues mi opinión es que queremos seguir siendo trabajadores por cuenta propia porque nos da la flexibilidad que no tenemos”, explica en conversación telefónica con EL ESPAÑOL. “Vamos a pasar a tener contratos precarios de 15 horas a la semana, regulados por ETT (empresas de trabajo temporal) y yo estoy con una hija que tiene que ir al médico de manera habitual, con 41 años y pagando una hipoteca… ya me dirás tú”, añade.

Cristian, rider autónomo que quiere seguir siéndolo.

Su sentir es el de otra buena parte parte de los trabajadores de las plataformas. Desde la Asociación Autónoma de Riders, en múltiples ocasiones, han pedido que se les mantenga su estatus, pero mejorando sus condiciones de trabajo. Es decir, no quieren repartir por apenas tres euros, pero tampoco quieren que les fijen los horarios de trabajo ni un salario que, sospechan, no será muy alto. 

-¿Cuanto cobra, como autónomo, en un mes normal?

-En un mes bueno me puedo estar colocando en 2.000 o 2.500, trabajando de lunes a viernes y tres horas por las noches los fines de semana. Son brutos. Luego hay que pagar la cuota de autónomo y demás, que en mi caso es de 290 euros… en total, me saco 1.500 limpios. Eso es lo mismo que se saca mi mujer, que es enfermera.

-¿Y cuánto puede ganar con la nueva ley?

-Pues 800 euros. Y la moto la sigues poniendo tú, la gasolina y todo. Lo único que no pagas es la cuota. Pero, con los gastos, te acabarás llevando 600 euros para ti. Es una chapuza.

A lo que Cristian se refiere, en realidad, es al modelo que ha estado utilizando la empresa Just Eat, aunque ya no lo aplica. La compañía ha estado externalizando el servicio con riders contratados, pero no por ellos mismos, sino por empresas externas de logística que, efectivamente, funcionan a través de ETT. Ahí están sus temores, ya que las condiciones muchas veces son incluso peores que las que tenían los riders hasta ahora.

Sin embargo, aún queda por ver cómo se desarrollará de manera efectiva la ley y el Ministerio de Trabajo, regido por Yolanda Díaz, quiere desarrollar un modelo de contratación laboral con todas las garantías, evitando la subcontratación. A pesar de ello y mientras se despejan las dudas, hay un movimiento de riders que quieren defender el status quo por un motivo muy simple: la nueva situación echará al traste toda la flexibilidad de la que, dicen, disfrutan.

Cristian, rider autónomo que quiere seguir siéndolo.

Pérdida de flexibilidad

“Actualmente, tal y como están las cosas, yo trabajo lloviendo”, explica Cristian, que a su vez es portavoz de la plataforma Asociación Autónoma de Riders (AAR). “Pero, si cae un tormentón enorme, me paro y no salgo porque no quiero poner en riesgo mi integridad física. Soy yo el que decido. Si estás contratado ya no tienes ese poder de decisión”, añade.

“Ese no es el único ejemplo. Nosotros podemos decidir qué pedidos aceptar y cuáles no. Así, si te mandan a la otra punta de la ciudad y no te apetece porque te queda lejos o quieres volver a casa, no lo aceptas y punto. Aquí en Barcelona hay muchos hurtos de bicicletas y hay muchos riders que no quieren ir a ciertas zonas, como algunos barrios del centro, y podemos decir que no. Con la nueva situación, no puedes decir que no”, explica.


Cristian explica que entiende a la perfección que la situación que ha existido hasta ahora no es la idónea. Cuenta que los autónomos también necesitaban cierta protección jurídica. Por ejemplo, que ellos no podían elegir los precios por los que ofrecer un servicio. Un pintor sí puede decidir cuánto cobrar pero un rider no, por eso (resumiéndolo mucho) se les ha considerado como falsos autónomos en múltiples sentencias. “Aunque a mí me ha ido fenomenal, entiendo que ha habido mucho fraude y que hacía falta regular más el sector”, cuenta.

“Yo entiendo que un chaval de 16 años no quiera ser autónomo y que acepten, por su situación, una serie de contratos que para alguien más mayor y con más cargas le puede costar más”, incide. “Yo tengo una hija que ha sido prematura. En la empresa en la que estaba antes, en logística, entendían la primera vez que tenía que ir al médico. La segunda ya te miraban raro y la tercera… por eso probé a ser autónomo. Me dio mucho miedo, pero me permite trabajar estos días sí y esos no. No pido permiso. ¿Ahora qué va a pasar? Que me pueden echar”, dice.