Es un todoterreno televisivo. Y aguanta el ritmo, dice riendo, porque es de Vizcaya (País Vasco). Y, en concreto, de Baracaldo. Allí nació un 11 de agosto. En el seno de una familia de origen humilde que le inculcó la filosofía del amor por el trabajo y el esfuerzo. Las ganas de ser siempre un currante, pasase lo que pasase. 

Sesenta años después, sigue cumpliendo a rajatabla lo que un día le enseñó su padre, autónomo y electricista, y que llegaba a trabajar hasta 16 horas al día en una fábrica. Su hijo, Carlos Sobera, no se queda atrás, desde luego. 

Es incombustible. En cuestión de veinte años, ha pasado por todas las cadenas de televisión. La última, la que considera su casa, Mediaset. Ha presentado concursos, galas, y ahora trabaja en realities, espacios testimoniales y su mayor éxito, First Dates, que lleva más de cinco años en antena. Y no se queda ahí. Hace unos días ha sumado un programa más a su currículum televisivo: El Precio Justo, el mítico espacio presentado por Joaquín Prat y que, años después, ha recuperado Telecinco. 

Formatos, cuenta, que han sido un completo "revolcón para la imagen que tenía el público de él". Y un "subidón tremendo" para el presentador, después de que le sustituyan en Atresmedia por uno más joven. "En Antena 3 fui pasando de los platós a los pasillos, era una realidad. Pensaban que estaba pasado de moda", desvela. De ser apartado en una cadena por su edad a convertirse en uno de los principales puntales de su máxima competidora. Así ha sido el resurgir de uno de los rostros más queridos de la televisión. 

En paralelo a toda esta vorágine de trabajo en los platós, se dedica también a su otra pasión, ser actor de teatro. No ha dejado las tablas en ningún momento, desde que crease en Bilbao, el grupo de teatro La Espuela, en 1980; al mismo tiempo que se licenciaba en derecho en la Universidad de Deusto. Ahora, disfruta cada noche protagonizando la obra Asesinos todos en el Teatro Reina Victoria, en Madrid. Escenario del que fue dueño unos años y que le puso en serios aprietos económicos [le costó 7 millones de euros] hasta que consiguió venderlo. Y es que si hay algo característico en este presentador vasco, además de su naturalidad, cercanía y su icónica ceja, es que se vuelca con todo. 

También con la entrevista que mantiene con EL ESPAÑOL. A lo largo de la charla, Soberá hablará de sus inicios en televisión, de su salida forzosa de Antena 3, de su aterrizaje triunfal en Telecinco o de cómo ha pasado lo meses más duros del confinamiento, junto a su mujer, la productora Patricia Santamarina, y sus dos hijas. Tampoco se olvidará de criticar al Gobierno y al resto de políticos por la gestión de la pandemia, las vacunas y su falta de responsabilidad al comienzo de la crisis. Y aprovechará, ya que se acercan las elecciones en la Comunidad de Madrid, para invitar a la candidata popular Isabel Díaz Ayuso a su programa, First Dates, para que encuentre pareja. Eso sí, alguien que sea de izquierdas, dice.   

P.— Teatro, cuatro programas de televisión en activo... ¿cómo aguantas el ritmo? 

R.— Aguanto el ritmo porque soy de Bilbao (ríe). El acero del norte, ya sabes. No, con organización, organizando bien las jornadas de grabación para que no se solapen. Lo duro es que cuando acabo las grabaciones, tengo que ir al Teatro Reina Victoria. Pero bueno, durmiendo bien y descansando el fin de semana, tiro para adelante. Y además, esto no será durante mucho tiempo. En mayo termino First Dates y el 2 de mayo se acaba la obra. 

P.— ¿Cómo ha sido acogido por el público tu último programa, El Precio Justo?

R.—Hicimos un 17,2% de share. Tuvimos muy buen recibimiento. Hay un gran ambiente familiar, de fiesta, alegría. En parte porque los concursantes salen de casa después de tanto tiempo y están emocionados por estar en la televisión. Se juntan muchas cosas. 

P.— Según he leído, llevas desde 1999 sin dejar de hacer en televisión. Has trabajado en todas las cadenas. Solo te queda presentar el telediario. ¿Cuál es tu secreto? 

R.— Estoy en ello, eh. Le he advertido ya a Pedro Piqueras (ríe). No tengo ni idea. Te voy a decir como lo he hecho toda la vida, no he sabido hacerlo de otra manera. Siendo yo mismo. A ver... yo me doy cuenta de que tengo cosas buenas para la televisión. Soy muy cercano, me gusta el contacto físico, soy cálido con todos los que vienen a los programas. Y espontáneo, no me corto en decir las cosas que me parecen interesantes. 

Dos sueños cumplidos

P.— ¿Vino antes lo de ser actor o presentador? 

R.— Mira, yo cuando era pequeño soñaba con ser actor, era lo que mamaba. Mis padres me ponían las películas de John Wayne, Clint Eastwood... Pero reconozco que la faceta de comunicar me da alegría. Aunque el currito de ser actor lo cumplo. Cada dos años y medio, tengo función y hago giras. Cumplo con mis dos sueños a la vez. 

P.— ¿En qué cadena te has sentido más cómodo? ¿Con qué etapa te quedarías? 

R.— En la que más cómodo me he sentido, más oportunidades de trabajo he tenido y donde me han permitido ser más polifacético, en Mediaset. En mis dos etapas, en la primera, en 1997. Vine para Al Salir de Clase. Y en 2002, me ofrecieron presentar Gran Hermano, tras la salida de Mercedes Milá, pero quería volver a dedicarme de lleno a ser actor y me entendieron. Y de repente, en 2016, me llaman para First Dates, que no tenía nada que ver con los concursos que yo hacía. Me pareció una idea estupenda para reinventarme como comunicador. Telecinco es donde más comprendido me siento. Ha sido siempre mi referente. 

Su salida de Antena 3

Cuando recibió la llamada de Yolanda Campayo, la que sería directora del programa de citas, Sobera no tenía sabía si el formato triunfaría o no, pero lo que sí tenía claro es que se lanzaba. "Le puse el programa piloto a mi suegra, mi mujer y mis hijas, y la reacción fue la misma. Todas decían que estaba muy bien, que era fresco y que había mucha curiosidad por lo que pasaría con las parejas. Y entonces dije, siento como yo. Era una ventana a la vida. Saliese mal o bien, es de esos programas de los que sientes orgullo de tener en tu currículum aunque sean fallidos", cuenta Sobera. 

Un formato nuevo y dirigido especialmente a los más jóvenes. ¿Había mejor forma de volver a la televisión? "Fue un revolcón para la imagen que tenía el público de mí. Y bueno, en el fondo a mí en Atresmedia me sustituyeron por un presentador más joven porque pensaba que era era demasiado maduro, que estaba pasado de moda. Y al final, dije, joder, si son todo ventanas y me metí". 

El éxito fue tan rotundo y transversal que cinco años después el programa sigue emitiéndose cada día. Y Carlos Sobera se ha convertido en uno de los presentadores estrella de la cadena. Tanto que ahora, con el éxito de su nuevo programa, El Precio Justo (17,6% de share), Mediaset está pensando en posicionarlo en la misma franja horaria que Pasapalabra, presentado por Roberto Leal (41) para competir contra la cadena que hace cinco años despidió al presentador, Atresmedia. Por ahora, es solo algo que baraja la cadena de Vasile y una cuestión que Sobera tiene aún pendiente de confirmar. "¡Créeme que aún no lo sé!", exclama, con humor.  

P.— ¿Fue reconfortante para tí triunfar en First Dates, después de lo de Antena 3?

R.— Sí, claro. Es verdad que en Atresmedia llegó un momento que fui pasando del plató a los pasillos. No me veían para presentar ¡Booom! Contrataron a Juanra, que es cojonudo. Tres meses después de terminar mi contrato en Antena 3, me llamaron de First Dates. Si no hubiese pasado eso, me habría quedado con muy mal sabor de boca pensando que mi carrera se acababa en Atrapa un millón. Habría sido triste y frustrante. Se lo agradezco a Telecinco. Me tenían mucho cariño y cuando confían en ti para esto, te pega un subidón. Pero es cierto que yo de A3 solo me llevo buenos recuerdos, tuve compañeros excepcionales. 

P.— Qué es más complicado, ¿encontrar el amor o ganar un millón de euros?

R— Es más complicado encontrar el amor, pero más reconfortante. Cuanto más difícil es el objetivo, más satisfactorio es alcanzarlo. 

Actor, presentador de televisión... y profesor universitario. Sobera también fue docente desde 1987 hasta 1997 en la Universidad del País Vasco, hasta que en ese último año decidió dejarlo todo y volcarse por completo en el teatro y la televisión. Sin embargo, ahora reconoce que lo echa de menos de vez en cuando. "He pensado alguna vez en volver a la universidad, pero sin dejar el trabajo como actor ni en televisión. He pensado en la posibilidad de transmitir las cosas que he ido aprendiendo. Me gusta mucho hablar, como puedes comprobar. Pero volver a ser profesor, como profesión única, no. Necesito hacer lo hago. En el fondo, necesito estar delante del público. Lo llevo en la sangre", reconoce el vasco. 

"No quería comprar el teatro"

P.— El teatro te metió en algún que otro apuro económico. Hubo quienes dijeron que te arruinaste. ¿Qué hay de verdad en esto?

R.  Pues la hay, cuando compré el teatro, yo no quería, quería alquilarlo. Pero lo compré porque no había opción. Fue una hipoteca grande. Después, vinieron las sorpresas. El teatro tenía 100 años y no tenía las medidas de seguridad propias del siglo XXI. Así que tuve que ponerlo al día, hacer un ejercicio de inversión carísimo. Y al final, el teatro no es una actividad lúdica que te permita hacerte millonario. Los agujeros se crean y no se compensa. Tuve aprietos económicos, pero nunca estuve al borde de la ruina. Me vino bien venderlo, me recuperé y además me quedé como gestor del teatro, que era lo que quería. 

En los meses más duros de la pandemia, presentar una de las galas del reality Supervivientes, En Tierra de Nadie, fue una válvula de escape para el presentador. En pleno confinamiento, Sobera salía los martes de su casa a las 19:30 horas y regresaba a las 03.00 horas para hacer el directo desde Mediaset, mientras su mujer y sus hijas se quedaban en casa. "La última edición, en pleno covid, fue especialmente reconfortante, el tener esa ventana hacia Honduras. Ver a gente en traje de baño, en esas playas... fue un respiro para mí", confiesa. 

Pandemia 

P.— ¿Cómo fue, salvo cuando salías a Telecinco, estar encerrado en casa dos meses?

R.— Como todos. Fue dura, con cierto agobio, pero una época en la que recuperamos cosas importantes. Me dio equilibrio y tiempo para la lectura, la música, jugar al parchís con mis hijas... 

P.— ¿Cómo crees que ha gestionado el Gobierno la pandemia?

R.— Se ha gestionado mal en general. Lo que pasa es que yo, que siempre he sido europeísta, veo que Francia y Alemania, con más experiencia y dinero,  veo que han cometido los mismos errores. Y en la comunidad científica, también hay muchas contradicciones. Con el tema de la vacunación, Europa esta haciendo el ridículo. Y digo, ojo cuidado. Nos podemos meter con Sánchez y con los gobernantes de España... Pero parece como si otro virus igual de contagioso hubiera infectado a todos los dirigentes de muchos países, entre ellos Boris Johnson o Donald Trump. 

Pero también te digo otra cosa. Creo que ha habido episodios que no son de recibo, esos momentos en los que se dijo que en España iba a haber uno o dos contagios, o que las mascarillas no son necesarias. Desde la responsabilidad, alguien debería pedir disculpas

P.— A ti, según las últimas informaciones, te toca AstraZeneca. ¿Te han vacunado? ¿Tienes dudas?

R.— No me han llamado para vacunarme. Me pondré la que me toque. Si me toca AstraZeneca, espero no tener un trombo. Las dudas no es que me entren, es que te las meten. Lo que te comentaba antes, hay muchas contradicciones en la comunidad científica. Lo único que tengo que hacer es poner el brazo, y ya es un acto bastante generoso. Pero sí me empiezan a decir que puede haber trombos... No pondré pegas, confío en el sistema. Al final dan un mensaje de tranquilidad después de sembrar la duda y lo que queremos son garantías que nos dejen tranquilos. 

Elecciones 

P.— No sé si estás empadronado en Madrid. ¿Tienes claro a quién vas a votar el 4 de mayo?

R.— Mira, casualmente he estado con la presidenta Ayuso esta mañana y hemos charlado unos minutos. Le he dicho que yo no tengo que votar porque he sido empadronado en Vizcaya. Y me ha dicho que qué suerte, que me iba a evitar presión porque me iba a pedir el voto (ríe). 

P.— ¿Qué le parece Isabel Díaz Ayuso? ¿La llevaría a First Dates ahora que está soltera?

R.— Ayuso me parece una persona super interesantes y sería una invitada de lujo para el programa. Se lo podemos proponer. Yo le proponía tener una cita con alguien de izquierdas para que el amor supere las barreras políticas. Yo tengo gran confianza en el amor, es el arma más poderosa de la humanidad desde el principio de los tiempos. 

P.— ¿Y qué político cree que aguantaría más en La Palapa [una construcción de manera en medio del mar] de Supervivientes? 

R.— Uf... Hay políticos correosos, yo creo que Pablo Iglesias o José Luis Martínez-Almeida aguantarían, claramente. 

Sobre la docuserie del momento en su cadena y en el país, Rocío: contar la verdad para seguir viva, prefiere no pronunciarse. Principalmente, porque no ha tenido tiempo de verla por su ajetreada agenda. "Llegó a casa, ceno un poco y a las 23:00 horas estoy en la cama. Sé que está teniendo mucho impacto, pero no sé nada más", insiste. 

Sálvame, el conocido programa de Mediaset, desde donde se están emitiendo los capítulos sobre la vida de Rocío Carrasco, es uno de los formatos que a Carlos Sobera tampoco le importaría presentar, si se lo ofrecieran algún día. Aunque, según asegura, con cierto humor, lo tiene difícil. "Sí, aceptaría si me lo ofrecieran. Es un programa que a lo largo de los años ha ido evolucionado, se hablan de muchos temas y muy interesantes con un clima de libertad importante hasta el punto de que los contertulios chocan. Lo presentaría, pero no va a ser el caso. A ver si se va a enfadar conmigo Jorge", concluye, entre risas.  

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