Andrés y Gabriel permanecen bien derechos y rectos, con porte señorial y disciplina militar, sujetando sendas banderas frente al Arco de la Victoria de Madrid. El primero ondea la de España con el águila de San Juan (conocida coloquialmente como el pollo); el segundo, una enseña nacional con el símbolo del Sagrado Corazón de Jesús. Andrés tiene 15 años; Gabriel, solo 13. Ambos forman parte de Acción Juvenil Española y se manifiestan este domingo para conmemorar la entrada de las tropas de Franco en Madrid hace 82 años. Aún no tienen pelo en el cuerpo pero ya se declaran acérrimos falangistas.

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“Estamos haciendo un acto memorial por la liberación de Madrid el día 28”, explica Andrés a EL ESPAÑOL con la prestancia, educación y calma de un niño bien. “Liberación” es el término que usa para referirse a la entrada del bando sublevado de la Guerra Civil en la capital. “Con la segunda república todo iba bien hasta que empezaron a asesinar a gente. Entonces, los mandos militares decidieron sublevarse. Luego, acabada la guerra, Franco lo que debía haber hecho es salirse y plantear una democracia. Ahora mismo se estaría muy bien en un estado sindicalista”.

El discurso de este adolescente bebe de la tradición falangista, del ideario de José Antonio Primo de Rivera. No en vano, porta una gorra con el yugo y las flechas, el símbolo de La Falange. Precisamente, este peculiar tour franquista ha empezado 50 kilómetros al noroeste, donde está la tumba de José Antonio. Este es el recorrido que un grupo de franquistas —la mayoría, ancianos o adolescentes, hay pocas edades medias— han hecho este domingo. Primera parada: Valle de los Caídos.

Andrés y Gabriel hacen el saludo fascista. Jorge Barreno

Monjas y moteros

El sol inunda el valle de Cuelgamuros en esta mañana de domingo. Pasan pocos minutos de las 11 y hay cola para entrar al Valle de los Caídos. Una espera de unos 10 minutos para acceder en coche. La entrada cuesta 4,5 euros. El paseo hasta la Basílica es una carretera rodeada de pinares, perfecta para una excursión dominguera.

En el aparcamiento, varias personas ya se hacen fotos con banderas franquistas y con el brazo en alto. Tomada la instantánea, se dirigen hacia la basílica. Hay misa de domingo. En la puerta de la misma hay tres guardias de seguridad y un arco detector de metales. “Nos tratan como delincuentes”, se queja una asistente en la cola. “Qué difícil es ser facha últimamente. Yo ya me he hecho un par de fotos con esta”, y muestra una bandera preconstitucional guardada en el bolso.

Un 'skin head' entra a la basílica del Valle de los Caídos. Jorge Barreno

La nave principal de la basílica es imponente: paredes de granito, amplios tapices con motivos religiosos, un suelo cuidado e iluminación tenue dan la sensación de entrar en una novela de Dan Brown. Pero no, son las entrañas de una montaña donde el régimen de Franco mandó construir su particular homenaje a los caídos en la guerra.

La misa ya ha empezado y, a simple vista, no es un rito al uso. Hay cuatro sacerdotes con casullas rojas (color reservado para esta temporada litúrgica previa a la Semana Santa). Es domingo de ramos. Entre religiosos y asistentes puede haber fácilmente 150 personas repartidas por la nave principal y las dos laterales, que convergen en portentoso un altar con un enorme Cristo crucificado. A pocos metros, una tumba con solo dos palabras: José Antonio. A Franco, que estaba al lado, lo sacaron hace ya más de un año.

—El señor esté con vosotros —canta uno de los cuatro curas.

—Y con tu espíritu —responde el coro de los benedictinos.

Los curas reparten la comunión. Jorge Barreno

Entre los asistentes hay fauna de todo pelaje: familias corrientes —niños incluidos—, ancianos, lobos solitarios, algunas monjas y hasta una banda de moteros. Los parches de sus chalecos de cuero son emblemas de la guardia civil y cruces de Borgoña (símbolo carlista). La misa se alarga durante más de una hora. El recorrido se empieza a retrasar. Próxima parada: Arco de la Victoria de Madrid.

Femen hace su entrada

La toma de Madrid por parte de los franquistas se hizo desde varios frentes. Uno de los más importantes fue el occidental. Fue en la escuela de Ingenieros Agrónomos donde la Columna Asensio avanzó hasta el Hospital Clínico dando así por concluida la batalla de la Ciudad Universitaria, una de las más cruentas de esta guerra fratricida. Precisamente ahí, en Moncloa, mandó Franco construir el Arco de la Victoria, otro de los elementos de homenaje a su gesta, a su cruzada, a su levantamiento y triunfo. El 28 de marzo las tropas franquistas entraban en Madrid. El 1 de abril sonaba esto en los transistores españoles: 

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

Así sonó por la Radio Nacional —fundada por Millán Astray dos años antes de la victoria franquista— el último parte de guerra. 82 años después, este mismo comunicado leído por Fernando Fernández de Córdoba y firmado por Franco, ha sonado este domingo en el Arco de la Victoria.

Hacia las 13.25 han empezado a llegar los asistentes a este acto tras abandonar el Valle de los Caídos. Por unos minutos, el monumento alberga a más periodistas y cámaras que a manifestantes. Los jovencísimos Andrés y Gabriel, citados al arranque de este texto, toman posición con una disciplina propia de los requetés carlistas. Pero de repente, follón.

Cinco mujeres con el pecho descubierto irrumpen en la manifestación según llegan los asistentes ondeando sus banderas. Son activistas de Femen, la organización feminista caracterizada por este tipo de sonoras protestas. “Fascismo legal, vergüenza nacional”, gritan a viva voz durante varios minutos. Los asistentes responden: “Zorras, guarras, putas…”, y otras lindezas. Algunos se arrancan a cantar el Cara al sol con el brazo en alto.

Las cinco son finalmente llevadas —alguna en volandas— por la Policía lejos del acto. Allí, ya apartadas, los agentes las han identificado y las han dejado marchar, no sin antes taparse ellas el torso. Una anciana mujer les grita: “No me representáis”. La mujer en cuestión se llama Francina Viñals Subirana y es una habitual de estas manifestaciones franquistas. Esta no es su primera aparición en los medios de comunicación.

Francina Viñals posa para este periódico. Jaime Susanna

—¿Por qué está usted hoy aquí?

—Porque soy del movimiento católico español y vamos a celebrar el himno de la victoria. Me siento muy orgullosa de ser lo que soy: mujer, femenina, trabajadora, empresaria, madre, abuela, ¿qué más? Y a mí esta chusma no me representa. Quiero tener mis libertades como ellas están intentando tener las suyas. Yo no me meto en sus sitios, ellas nos tendrían que respetar. Ya que hablan tanto de la libertad de expresión, que nos respeten a nosotros. Tenemos el mismo derecho. Quiero dejar una España como yo la encontré para mis nietos: con ideales, con principios y no la España que quiere esta gentuza.

—¿Cree que España estaría ahora mejor si gobernara Franco?

—Mira, Franco es el pasado. Nosotros estamos de cara al presente.

—Pero usted ondea una bandera franquista.

—No tiene nada que ver, porque esta es constitucional, aunque digan que no lo es.

Esta afirmación es, en cierto modo, cierta. La bandera franquista siguió siendo la de España tras aprobarse la Constitución del 78, pero eso cambió en el año 1981, cuando adoptó el escudo actual por ley.

Varios manifestantes hacen el saludos fascista en la manifestación de este domingo en Madrid. Jorge Barreno

—¿Hay algún partido que le represente actualmente?

—Ninguno. Estoy totalmente antisistema.

El acto prosigue con normalidad con la lectura de varios documentos que ensalzan la figura de Franco, de Primo de Rivera y de la fe católica. Uno de los oradores la toma con lo que considera la decadencia de España: “Aborto, eutanasia, matrimonio homosexual, paro, pobreza…”. Enumera estos términos como problemas que deben resolverse. Los discursos terminan con varios gritos rituales:

—¡Caídos por Dios y por España! —salta el orador.

—¡Presentes! —contestan todos a coro.

—¡José Antonio Primo de Rivera!

—¡Presente!

—¡Francisco Franco!

—¡Presente!

—¡Viva Cristo Rey!

—¡Viva!

—¡Arriba España!

—¡Arriba siempre!

El acto concluye con los asistentes cantando tres himnos. Por este orden: Oriamendi, Cara al sol y el himno nacional. Los manifestantes franquistas, este reducido grupo donde las edades medianas escasean, concluirán esta particular gira de homenaje en la tumba del caudillo, ubicada ahora en el cementerio de Mingorrubio. Todo allí ha transcurrido con normalidad, según informan las agencias. Los asistentes han terminado comiendo en el restaurante de Chen Xiangwei, el chino falangista de Usera.

Manifestantes franquistas, este domingo en Madrid. Jorge Barreno