A la doctora Mercedes Guerra (Sevilla, 1971) no se le hiela la sangre con facilidad. Pero sí le hierve, nos dice, cuando ve a los jóvenes franceses de fiesta sin mascarilla por Madrid. “Y otras fiestas”, añade. La jefa del Servicio de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular del Hospital Universitario de Guadalajara, especialista en vasos sanguíneos, lo es también en circulación entre comunidades autónomas. Vive en Madrid, pero cada día hace 120 kilómetros para llegar -ida y vuelta- a Guadalajara. Circula también entre la sanidad pública y la privada: por las tardes pasa consulta en el Clínica CEMTRO de Madrid. 

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La doctora Guerra es especialista en cruzar fronteras. Nació en una familia sin médicos: su padre fue empleado de Galerías Preciados y su madre trabajó en el comercio, primero, y en una inmobiliaria, después. Ella quería ser médico desde muy pequeña: hoy su nombre aparece en la lista Forbes entre los 100 mejores médicos de España y es la presidenta de la parte de Cirugía Endovascular -una rama menos invasiva- de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular. 

Estos días, en la consulta, una duda se repite: “Doctora, me toca ponerme AstraZeneca, con mis varices, ¿hay riesgo?”. Antes de que la Agencia Europea del Medicamento refrendara su autorización este jueves, la cirujano ya contestaba a sus pacientes en ese sentido: “Tiene más riesgo contagiarse de COVID que la vacuna”. 

Estamos en Guadalajara, la provincia española donde se inoculó la primera dosis anti-COVID en España. Era el 27 de diciembre de 2020 y la propietaria del brazo se llamaba Araceli, 96 años. Casi tres meses después, hay tres vacunas en marcha. Pero la tercera, la de AstraZeneca, ha hecho correr ríos de tinta. 

Pregunta: ¿Está llegando la sangre al río con este tema a nivel de la opinión pública?

Repuesta: Está todo el mundo muy alerta. Las vacunas salieron en una carrera contrarreloj. Nosotros mismos estamos a la espera de saber muchas cosas. Pero mucha gente padece trombos. Esta situación se produce porque estamos expectantes ante cualquier cambio, ocurriría igual si llegara un fármaco. 

El cuerpo humano tiene 100.000 kilómetros de vasos sanguíneos. Para dar dos vueltas a la Tierra. Suena a fake news, pero no. “Toda la superficie de nuestro cuerpo está cubierta de vasos sanguíneos. A cada zona viva le tiene que llegar sangre, la cifra depende de cómo se calcule”, explica la doctora. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el coronavirus como una enfermedad que causa problemas respiratorios, pero también cardiovasculares.

P. Hay una circulación común, una respiración común. Todas las cosas están relacionadas.  Es de Hipócrates. ¿Sirve para el COVID? 

R. En medicina siempre se dice que cuando dos enfermedades se dan al mismo tiempo siempre hay que pensar que una es causa de la otra. El COVID es una infección que crea una reacción inflamatoria y crea una viscosidad en la sangre brutal. Esa reacción inflamatoria conlleva, en pacientes graves, trombos en el sistema venoso. Los hemos visto en los pulmones. Pero también en el sistema arterial. Hemos encontrado grandes trombos en la aorta, embolias a órganos viscerales… Y también ha provocado el cuadro contrario, cuadros hemorrágicos. Si poníamos heparinas para prevenir trombos había pacientes que empezaban con hemorragias y teníamos que suspender el tratamiento.

P. Eso es una cosa y su contraria, ¿una locura en medicina?

R. Esta es una enfermedad muy desconcertante. Hay un vacío de conocimiento, vamos aprendiendo sobre la marcha, siempre parece que nos lleva ventaja. Aprendemos una cosa y nos encontramos pacientes con la contraria. Es muy difícil cuando no vemos el mismo patrón. 

P. Díganos algo para que no nos dé tanto miedo un año después.

R. Estamos cansados, pero la esperanza es la vacuna. La población se está inmunizando. El ser humano es una máquina perfecta y nos adaptaremos a vivir con otras cepas. Ese futuro va a llegar, si nos lleva otro año, nos lleva otro año. Aparecerán en breve fármacos.

Mercedes Guerra es la jefa del Servicio de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular del Hospital Universitario de Guadalajara. Esteban Palazuelos

Marido médico

Pero antes de mirar al año que viene, nos vamos al pasado. El 21 de marzo de 2020. “El día anterior, el 20 le mandé a mi marido un mensaje: primera experiencia con el EPI, y ese día ya estábamos aislados, cada uno en una habitación, para no contaminarnos el uno al otro” nos cuenta Mercedes Guerra.

Él también es médico, pero en otro hospital. No hay salvoconducto para hogares. Dos meses y medio después, convocaron su comité de expertos de andar por casa. “Nos sentamos y decidimos que no podíamos seguir así”. A desconfinar. Ninguno de los dos lo ha pasado.

P. Doctora Guerra, ¿esta pandemia es una guerra?

R. Hay muchos compañeros que no quieren usar esa palabra, pero yo sí. Es una guerra y los sanitarios estamos en las trincheras como en las guerras. 

P. ¿Le ha chupado la sangre a los médicos esta pandemia? 

R. Sí, a todo el personal sanitario. Es el tema de siempre, el cansancio. No le ves el fin. Y otra ola y otra ola. Y sales y ves conductas irresponsables y te indignas. 

P. ¿Cuarta ola? 

R. Sí, seguro. Lo estamos viendo, están subiendo los ingresos. Nosotros estamos preparando las unidades para retomar operaciones, pero con la mirada puesta en que en cualquier momento vamos para atrás. Se ha parado el descenso. 

Semana Santa

Todo, a las puertas de la Semana Santa. Eso sí, con más restricciones que Navidad. Eran las vacaciones sagradas de la doctora Guerra. “La Semana Santa de Sevilla es mi pasión, siempre guardaba esa semana de vacaciones”. Es “muy de la Macarena” y lleva años intentando salir con mantilla, una que le regalaron sus padres. Este año tampoco será. Hace ocho meses que no los ve. Ni a su hermana, ni a sus sobrinos. 

Dejó su Sevilla natal, a la que va de visita cuando puede, hace años. Primero, pasó por La Paz en Madrid. Cruzó a la vecina Guadalajara en 2005 para montar el servicio de Vascular en un hospital que es universitario por la Universidad de Alcalá de Henares. Hoy, 16 años después, dirige un equipo de cinco médicos y dos residentes.  

En 2019, la Junta de Castilla-La Mancha le otorgó la medalla al mérito sanitario. Lo que más lamenta hoy es no poder cruzar la puerta de los quirófanos, cerrados muchos, todavía, por la COVID. Su hospital tiene unas 300 camas. En lo peor de la pandemia llegaron a las 500 utilizando edificios exteriores. “Es un hospital peculiar. Nosotros vivimos el mismo incremento que vivió Madrid, estamos en el Corredor del Henares”. 

P. ¿A qué político se hubiera llevado un día a las urgencias de Guadalajara?

R. Al que tuviese mayor capacidad de decisión, a Pedro Sánchez o al ministro de Sanidad. Los llevaría a un quirófano, porque estamos parados. Yo soy cirujano, cobro por operar y no me dejan operar porque no tengo sitio. Mis quirófanos son UVIS COVID. 

Elegir a pacientes

En Guadalajara sólo se operaba de urgencia porque sólo había un quirófano. Y para acceder a él, una especie de puja: al mejor postor. “Cada mañana los jefes de servicio de trauma, urología digestivo y vascular nos sentábamos para ver los casos más graves”. Y ahí se pactaba la lista de operables al día. Entre sus propuestas: sólo aneurismas superiores a 7 mm o ictus por estenosis -estrechamiento- de la arteria carótida.

 “Los pacientes no COVID son los verdaderos olvidados en esta pandemia. Siempre hablamos de invertir en respiradores, pero ¿qué pasa con esa sanidad parada? ¿Cuándo vamos a hacer una estrategia? Ahora que estamos en la bajada de una de las olas, se podría hacer un plan de inversión para aprovechar entre una ola y otra, sacar esa medicina parada. De eso no oigo nada”. 

Por eso insiste en que las listas de espera, “que en algunos casos se han triplicado”, no son números. Sino personas: “Parece que el paciente que lleva esperando un año está igual. No, está empeorando. No estamos diagnosticando. La medicina de hoy es más eficiente en prevención con un diagnóstico precoz. Hemos vuelto a la medicina de antes, a tratar lo que ya no aguanta, lo urgente".

“Hace un año”, nos dice, “que no operamos varices”. Es una afección benigna, explica. “No vas a tener un trombo pulmonar por varices, pero inciden en tu calidad de vida y pueden abrirse úlceras, lo que te provocará una baja laboral y también se puede trombosar una variz”, desgrana. 

“Tiene más riesgo contagiarse de COVID que la vacuna”, afirma Mercedes Guerra (Sevilla, 1971). Esteban Palazuelos

A la consulta, además, llegan nuevos pacientes. De dos tipos: afectados por confinamiento y afectados por COVID. Los primeros, enfermos vasculares que se han movido menos. “Y el sedentarismo es factor de riesgo de trombosis venosas”, recuerda la cirujano. Y en segundo lugar, afectados por falta de riego en dedos de las manos y de los pies. Una secuela de COVID crónico que los pacientes refieren como hormigueo. Es lo que más ven en su consulta. “Son pequeñas trombosis capilares”, explica. Y nos cuenta que lo ha visto también en niños. Pero que en cualquier caso se pasa. Y como con el miedo a los trombos por la vacuna, muchas preguntas tipo ‘He pasado el COVID, me duele la pierna, ¿tengo más probabilidades de tener un trombo?’ “En principio, no”, contesta la doctora. 

P. De todo lo que ha visto, ¿en qué momento de este último año se le ha helado más la sangre? 

R. Cuando tienes un paciente vascular, lo operas por fin, sale todo bien y se contamina por COVID en el hospital y muere. Ahí se me hiela la sangre y aún me tiembla la voz al recordarlo.

Recuerda varios casos, especialmente el de un hombre de 62 años. Por un aneurisma toraco-abdominal. Una operación altamente complicada “y costosa”. Éxito. Pero hubo un brote en el mismo hospital. Le preguntamos cuánto cuesta más o menos esa operación. Y nos explica que no es solo una, sino un proceso de varias intervenciones. ¿Muy caro? “Sólo la prótesis ronda los 30.000 euros, podríamos decir 60.000 euros en total”.

P. Confinamientos, cierres perimetrales, prohibición de reuniones, ¿cortar la circulación de personas es la única forma de cortar la circulación del virus? 

R. El virus se contagia entre personas. No entiendo bien las noticias: que si nos reunimos cuatro o 10. Deberíamos tener normas respecto a convivientes. Si tenemos cada día contacto de riesgo con no convivientes, sin mascarillas, más de 20 minutos… el virus va a seguir circulando. Tú puedes quedar a dar un paseo con un amigo, sin quitarte la mascarilla, sin riesgo. Pero no, sólo sabemos relacionarnos desayunando, comiendo, quitándolos la mascarilla. Mezclando y sin hacer burbujas, seguiremos igual. Podríamos movernos si fuéramos más responsables. Pero no son esas las normas que nos dan.

P. Hablaba Emiliano García Page de ‘bomba vírica’ refiriéndose a Madrid, usted ha estado en ambos lados de la línea. ¿Ha visto diferencias en la incidencia? 

R. No, y no entro en esas peleas políticas. Yo trabajo en ambos lados. No creo que haya bombas. La pandemia es la pandemia y los enfermos se mueven a todos lados, se mueven a Madrid y a la playa y a las Islas. Y el pillaje y la trampa está ahí: me pido una cita médica y ya tengo el justificante para cruzar. 

P. Ese Madrid sin cerrar hostelería, abierto perimetralmente… ¿cómo lo ve un médico?

R. Lo que no entiendo son las incongruencias. Como persona de ciencia me gusta que me expliquen todo. No puedo entender cómo pueden venir extranjeros, pero no alguien de otra provincia. Son medidas destinadas a la otra parte dañada, la economía. Pero no hay economía si no hay salud aunque sé que hay mucha gente que su vida depende de su trabajo. 

P. Ver que los jóvenes franceses vuelan a Madrid de fiesta, ¿le hace ‘mala sangre’? 

R. Sí, pero no hace falta que sean los franceses, aquí tenemos fiestas ilegales, gente sin mascarilla. A mí, que se me muere un paciente porque coge el COVID, pues sí, me hierve la sangre. 

P. ¿Han tenido suficiente ‘sangre en las venas’ nuestros políticos a la hora de tomar decisiones? 

R. En una pandemia los políticos deberían de quedarse al margen y tener asesores técnicos documentados y con unas reputaciones contrastadas, que merezcan la pena seguir sus consejos y hacer lo que digan las autoridades sanitarias competentes. Soy muy tecnócrata. 

P. ¿Cree que hay que tener ‘la sangre muy fría’ para meterse en mociones de censura y elecciones con la pandemia encima? 

R. Con la que está cayendo, tener que escuchar estas cosas cuando la gente se está muriendo… No ha lugar. 

P. Bola de cristal: ¿cree que se podrá ir de vacaciones al extranjero en verano?

R. Yo creo que no. Como lo hemos hecho antes y de forma igualitaria, coger un avión, no…

P. Y ese pasaporte de vacunas, ¿necesario? ¿poco democrático?

R. La vacuna no evita el contagio. El vacunado tiene menos probabilidades de pasar mal COVID si lo coge. Que yo esté vacunada no significa que no pueda cogerlo. Es una garantía de que no voy a acabar en un hospital, no voy a colapsar un hospital. Lo puedes coger y no se ha demostrado que no lo puedas contagiar. Que puedas viajar, y puedas contagiar, no sé por qué se va a autorizar eso. Y la gente que no le ha llegado la vacuna, ¿no puede viajar? Tenemos que ser igualitarios, no discriminar al que no le ha llegado. Me parece muy complicado el pasaporte. 

P. Estamos combatiendo en analógico una pandemia en pleno siglo XXI, ¿no había opción de que la tecnología nos ayudara algo más? 

R. No teníamos aplicada la tecnología a la sanidad al nivel que hubiera requerido una pandemia, porque no sabíamos que iba a llegar una pandemia. Pero un año después, la telemedicina en muchos sitios aún es un plan futurista, un proyecto, no existe como tal. Hemos intentado hacer asistencia con mail y móvil. Pero todavía en muchos hospitales es imposible conectar una videoconferencia por los cortafuegos por protección de datos, pero no hay una alternativa. 

P. La última. España aprueba su Ley de Eutanasia mientras seguimos contando muertos por la pandemia, ¿paradójico? 

R. Todas las cosas se pueden manipular desde el punto de vista político. De una misma cosa se pueden hacer dos discursos opuestos. Yo no he empleado nunca esa palabra en mi profesión. Hablo con un paciente o una familia y cuando no existe ninguna posibilidad, buscamos no dejarlo sufrir. Todos queremos vivir lo máximo, pero con calidad de vida. No conozco un solo enfermo que me diga ‘auménteme la vida me duela lo que me duela’. Todo el mundo me dice ‘doctora, pero que no sufra’. Hay una serie de pacientes que está clarísimo que ya no los pueden salvar y hay que ofrecerles una muerte digna. Si a eso se le pone el nombre de eutanasia… Yo siempre he trabajado con el corazón.