Sobre las tablas del emblemático Teatro Circo de Albacete, un sacerdote recita el Padre Nuestro en arameo. Estamos en la última presentación de la Semana Santa antes de la llegada de la Covid. El que reza es el padre Naim (Qaraqosh, Irak, 1984), el único religioso iraquí en España. Está usando para su oración la lengua de andar por casa de Jesús. La misma que utilizó Mel Gibson en La Pasión de Cristo. “Jesús aprendió a rezar en arameo”, explica el cura.

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Pero, ¿qué hace un sacerdote iraquí en Albacete? La ciudad manchega es la última parada de su peregrinación. Porque Naim Shosandy llegó a España huyendo del Daesh y de la persecución de los cristianos en su país. Antes tuvo que desenterrar a algunos vecinos de las ruinas que dejaban las bombas en su barrio. La situación, humanamente insoportable, hizo que el 6 de agosto de 2014, junto al resto de su familia tuviera que abandonar su ciudad.

Qaraqosh es uno de los templos cristianos de un país de mayoría musulmana y una de las paradas, la penúltima, del Papa Francisco en su histórica visita a Irak. La primera que un pontífice hace a este país. En 1999, recuerda Shosandy, Juan Pablo II quiso visitar el país, pero entonces Sadam Hussein se lo prohibió.

Naim, junto al Papa Francisco, en una Audiencia general en Roma el 20 marzo de 2019.

La ciudad de los Shosandy está a 33 kilómetros de Mosul, la segunda ciudad del país. Allí se desplazaba cada día, para trabajar a una oficina, el único hermano varón de Naim. “Le asesinaron por ser cristiano. Al salir de trabajar, sin motivos, le dispararon”, recuerda el sacerdote. Fue el primer gran golpe de la familia que, sin embargo, asegura que ha perdonado a los asesinos. Después, perderían a su padre, taxista, por un cáncer. Y lo que vino después los colocó al límite. Entre la vida y la muerte. Y tuvieron que dejarlo todo. La madre de Naim, sus cuatro hermanas y sus 17 sobrinos pusieron rumbo a un campo de refugiados por recomendación del obispo de la zona.

Convertirse, pagar o huir

Tres eran las opciones que el Estado Islámico daba a los cristianos al conquistar una ciudad: convertirse al Islam, pagar un impuesto o huir bajo amenaza de muerte. Optaron por la tercera opción, conservar la fe y marcharse. Con lo puesto. Y se instalaron en un campamento de refugiados en el norte del país, Ankawa. “Mucha gente se preguntaba, ¿dónde está nuestra vida? ¿Qué hemos hecho mal?”, recuerda el religioso. Les faltaba comida, agua y medicinas. Desde allí, Naim Shosandy terminaría en España.

“Yo quería ir a Roma”, relata. Pero conocía a un sacerdote de Albacete que le animó a dar el salto a esta ciudad manchega. Y allí consiguió instalarse. E integrarse. Lleva su propia parroquia, Santa Ana. Durante el último año ha acompañado a enfermos de Covid en el Hospital Universitario de la ciudad. “No se están muriendo por bombas, pero es muy duro”, contaba en los peores momentos de la pandemia, ataviado con un EPI por los pasillos de un hospital que llegó a estar saturado por enfermos de coronavirus. Tuvo que despedir a feligreses de su propia parroquia.

El padre Naim Shosandy en su parroquia de Albacete.

Pero al igual que su familia, quiere volver a Irak. Mientras su madre reza desde Qaraqosh con sus vecinas en los actos organizados por la visita del Papa, él lo ve por televisión. Volvió para ver a la familia en 2018, y le hubiera gustado estar allí estos días. Pero en esta ocasión ha sido imposible por las complicaciones de la Covid. El viaje de ida no presentaba problemas, pero sí el regreso a España, que se presentaba casi imposible. Y el padre Naim tiene cosas que hacer aquí. Entre otras, terminar su doctorado. Lo cursa en Valencia, con una tesis sobre el Ritual del matrimonio en las iglesias orientales.

Y así, al otro lado de la pantalla, mira con ilusión la visita del Papa su ciudad. Considera que ayudará a restaurar la confianza entre cristianos y musulmanes. “Y eso que el pasado reciente es extremadamente doloroso”, dice. Antes de la llegada del Daesh había unos dos millones de cristianos en Irak, hoy, explica Naim, no superan los 300.000. “Antes vivíamos en paz”, recalca. Es el mensaje que hoy lanza el Papa Francisco: la coexistencia pacífica entre religiones.

Naim Shosandy en el Hospital de Albacete.

En un perfecto español recuerda que, como su familia, “cada familia cristiana de Irak tiene un drama que contar”. “Están también marcadas por el sufrimiento”, recordaba en una vigilia por los cristianos perseguidos esta semana pasada en Madrid en la catedral de la Almudena con motivo de la visita del Papa.

La aniquilización de Daesh

Pero ahora hay que reconstruir la convivencia con sus vecinos y las casas quemadas y los edificios derruidos. Algunas iglesias, por ejemplo, quedaron reducidas a ruinas. Como el templo de Santa María Al Tahira (la pura en árabe) de Qaraqosh. Aniquilada por el Daesh, que la convirtió en campo de tiro, el Papa ha rezado en ella el Ángelus. Su reconstrucción comenzó en 2019 y se ha realizado en varias fases con ayuda, entre otras instituciones de la Iglesia Necesitada, con la que colabora la iglesia española. La que ayudó a Naim a salir del campamento de refugiados.

Naim Shosandy, a miles de kilómetros —5.200— de su tierra, “la tierra de los profetas”, califica la visita del pontífice como “un grito para la libertad religiosa”. Y se acuerda no sólo de los católicos en Irak, también en el resto de Oriente Medio. “Apenas hemos salido de una gran persecución y parece que la historia no termina”.

La madre del padre Naim y una amiga en la vigilia por la visita del Papa.

Tras la expulsión del ISIS en 2017 la gente comenzó a volver y a reconstruir y poco a poco la llanura de Nínive y Qaraqosh vuelve a la vida. Más difícil lo tienen sus vecinos de Mosul, asegura el padre, porque la ciudad está derruida casi en su totalidad. Ha sido otra de las paradas del Papa Francisco, como Bagdad, Nayaf y Ur.

Con una cruz y un rosario salvados de las ruinas de Qaraqosh, que logró traerse el día que escapó de las bombas, el padre iraquí se muestra esperanzado: “Los cristianos poco a poco vamos aprendiendo a vivir. El arte de vivir consiste en vivir con los demás, ayudándose entre todos. Sólo así es posible levantarse y seguir adelante”.

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