No hay nadie en el planeta que no sepa quién es Donald Trump. Y más desde que el presidente saliente de Estados Unidos, en otra acción para no reconocer su derrota electoral ante el demócrata Joe Biden, jaleara, durante este miércoles, a una muchedumbre furiosa que tomó el Capitolio, sede del poder legislativo en ese país. Estos simpatizantes, entre los que se encontraban hombres del grupo de ultraderecha Proud Boys, que abogan por la supremacía blanca y son contrarios a la inmigración, a lo mejor no sabían que las raíces de su líder, Trump, están lejos de Norteamérica: su abuelo era un inmigrante alemán que ganó una fortuna con sus burdeles —entre otros negocios—.

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Y es que cuando el abuelo de Trump, Friedrich, llegó en 1885 a Estados Unidos —sin saber una palabra de inglés— ni siquiera se apellidaba como el presidente saliente. Su apellido era Drumpf, pero por un error de transcripción cuando llegó a Nueva York con 16 años, el joven alemán pasaría a ser Trumpf, que más tarde derivaría en Trump. El joven Friedrich habría viajado desde un pequeño pueblo alemán llamado Kallstadt con el objetivo de hacerse rico. Algo que conseguiría años después.

El apellido Trump y el mundo de los negocios, de hecho, siempre han estado ligados: desde el joven alemán Friedrich hasta los descendientes de Donald Trump, cuyo apellido quedará siempre marcado después de que el todavía jefe del Ejecutivo instigara a las masas a tomar el Capitolio. Quizá, por ello, apellidarse Trump para cada unos de los cinco hijos de Donald pueda suponer, en el futuro, un hándicap, pues Donald está detrás de uno de los episodios más negros de la historia democrática estadounidense.

Simpatizantes de Donald Trump, durante la toma del Capitolio, este miércoles.

En todo caso, lo que está claro es que el clan tiene en los genes el mundo de la empresa —y del éxito—. Así lo ha demostrado Gwenda Blair, autora del libro The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate (Los Trump: Tres generaciones de constructores y un candidato a la presidencia), en el cual sostiene que el abuelo de Donald, Friedrich —que pasaría a llamarse Frederick—, amasó una fortuna con diversos negocios.

El primer negocio propio de éxito de Frederick lo abrió en Seattle, al oeste de Estados Unidos, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el red-light district conocido como Lava Beds. El local fue bautizado como Poodle Dog, y en él se servía alcohol, comida y ofrecía “habitaciones para señoritas”—como apunta Blair—, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas.

Los burdeles de Frederick

Pero el abuelo del presidente no se conformaría con los éxitos de los ingresos de ese prostíbulo, sino que años después, en 1894 y tras obtener la ciudadanía norteamericana, vendió el restaurante y se instaló en la ciudad minera de Monte Cristo, atraído por los rumores sobre la aparición de nuevos depósitos de oro y plata, tal y como ha contado a EL ESPAÑOL. Estados Unidos vivía entonces la época de la fiebre del oro.

Frederick, abuelo de Donald Trump, en 1918.

En Monte Cristo adquirió un terreno, el primero de la familia, y levantó su primer hotel —o pensión— Trump. La operación estuvo rodeada de ciertos problemas legales, pero nada que no pudiera solucionar para en 1896 presentarse a unas elecciones a juez de paz, que ganó por un margen de 32 a 5. “Donald Trump no ha sido el primero de su clan en ganar unos comicios en este país”, explicaba Blair a este diario.

Frederick vendió sus propiedades justo antes de que el negocio se viniera abajo, para luego trasladarse a Klondike, en el territorio canadiense de Yukon, junto a Alaska, donde volvió a repetir la fórmula de ofrecer cama, comida, licor y sexo en establecimientos como el Restaurante Hotel Actic y el White Horse Restaurant Inn.

La familia de Friedrich Trump. De izquierda a derecha: Fred (padre de Donald), Friedrich, Elizabeth, Elizabeth Christ (abuela de Donald) y John.

Y, tras ello, el abuelo alemán de Donald Trump, quiso volver a su tierra natal. Era ya 1901. Vendió todo y regresó a su pueblo natal, en donde se casaría con su vecina Elizabeth Christ, la abuela del todavía presidente de Estados Unidos. Y comenzaría un periodo de idas y vueltas entre Nueva York y Alemania hasta que en 1905 el abuelo Frederick, junto a su esposa, se establecieron en Estados Unidos. Ya había nacido su primera hija, Elizabeth, pero en Nueva York, nacería Frederick (Fred) Jr., padre de Donald Trump, y su hermano pequeño, John.

Fred Jr.: ¿En el KKK?

Tras la muerte del abuelo de Donald Trump, Frederick, a los 49 años por la mal llamada gripe española —la última pandemia hasta la Covid-19—, Fred Jr., ayudado por su madre, asumiría los negocios de su padre.

“El segundo Trump también mostró destreza. No vivió la fiebre del oro y le tocó la gran depresión, pero supo sacar provecho de los programas de ayudas federales y subsidios de la época que buscaban levantar la economía. Él transmitió a su Donald todo sobre negocios y cómo ser competitivo. Le enseñó la frase de ‘ganar lo es todo, no hay límites’. Y mira ahora a su hijo”, relataba Blair en una entrevista concedida a este periódico.

La prensa vinculó al padre de Donald Trump con el KKK.

Pero no sólo le transfirió a su hijo Donald la capacidad y visión empresarial, sino el sentimiento contra la inmigración. De hecho, fuentes de la época relacionan a Fred Jr., el padre de Trump, con el grupo racista y supremacista blanco Ku Klux Klan (KKK). Concretamente, una crónica de 1927 de The New York Times, aseguraba que el padre del todavía presidente de Estados Unidos fue unos de los siete detenidos tras un enfrentamiento de 1.000 personas relacionadas con este grupo racista con 100 policías de Queens.

Si bien es cierto que no fue acusado, sí que consta que se le arrestó. Donald Trump nunca ha podido desmentir por completo ese suceso que vincula a su padre con el KKK. En todo caso, Fred Jr., años después, también fue víctima de sus orígenes alemanes, pues, durante la Segunda Guerra Mundial muchos clientes de su empresa eran judíos y podría perderlos. Por ello, y para que no ocurriera, el padre de Donald decía que su familia era de origen sueco. Los negocios, para los Trump, ante todo.

Trump, el jaleador

Pero ni Frederick Trump, ni Fred Jr., llegarían a ocupar un cargo de tanta relevancia como al que llegó Donald en 2016: la Presidencia de Estados Unidos. 131 años después de la llegada del alemán a Nueva York, su nieto, llegaría al poder del país más influyente del mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial —y más desde la caída de la URSS—. Donald, pese a ello, ya era un magnate de los negocios, como lo fueron su abuelo y su padre.

El mundo empresarial en el que los Trump siempre se han movido como peces en el agua es el inmobiliario. De hecho, desde que tenía 25 años, Donald se haría cargo de la empresa familiar Elizabeth Trump and Son —nombre en honor a su abuela y su padre Fred Jr.—. Ésta, años después pasaría a llamarse The Trump Organization, cuya labor principal ha sido la construcción de casinos, campos de golf, oficinas… de todo.

El todavía presidente de EEUU, Donald Trump. Reuters

Sin embargo, durante los últimos cuatro años, como saben, Trump se ha dedicado a la política, a la forma populista de entenderla, hasta su derrota en las pasadas elecciones de noviembre, en las que el candidato republicano perdió la Casa Blanca en favor del demócrata Joe Biden. Esto, el todavía presidente no lo ha aceptado hasta el punto de que ha instigado a sus seguidores más exacerbados a manifestarse —y tomar— el Capitolio en protesta por lo que él considera un “fraude electoral”.

Este supuesto fraude no ha sido demostrado, de hecho, ningún tribunal estadounidense ha dado la razón a Trump. Por ello, el próximo 20 de enero o, incluso antes, si se activa la enmienda 25ª de la Constitución de Estados Unidos, que permite sustituir a un mandatario “que no es capaz de llevar a cabo sus poderes y deberes de oficina”, Trump dejará de ser presidente. Algo a lo que aluden tanto miembros del Gabinete del presidente como del Congreso como censura de la actitud de Trump en relación con la toma del Capitolio.

Los negocios de sus hijos

Lo que parece claro es que, en última instancia, Trump, como tarde, dejará la Casa Blanca dentro de 12 días, desde este jueves. Y es probable que vuelva al mundo empresarial, que puede que no perdone la actitud del mandatario estadounidense. Y su casa, en el fondo, es la empresa inmobiliaria The Trump Organization. Ésta, sin embargo, ha seguido en manos familiares pese a que el pater familias estuviese gobernando Estados Unidos.

De izquierda a derecha Kimberly Guilfoyle, Donald Trump Jr. e Ivanka Trump, durante la pasada campaña de su padre. Efe

Su hijo mayor, Donald Trump Jr. (42 años); su hija mayor, Ivanka Trump (38 años); y su tercer hijo, Eric Trump (36 años), han estado al frente de la empresa como vicepresidentes ejecutivos a cargo de desarrollo y adquisiciones de The Trump Organization. Estos dos últimos, sin embargo, tienen otros quehaceres en la vida.

Pero empecemos por Donald Trump Jr. El hijo mayor del todavía presidente de Estados Unidos se ha vuelto muy mediático últimamente, a causa de llamar “comunista” a Joe Biden y ser un gran defensor de la causa de su padre: convencer a los norteamericanos de un supuesto fraude electoral. Entretanto, el mayor de los cinco hijos, controla —temporalmente— más de 3.500 millones dólares en activos que tienen las empresas familiares, ya que Donald, el presidente, no lo puede hacer al estar aún en el cargo.

Su hermana Ivanka, no sólo es influyente en The Trump Organization, sino que desde 2017 es asesora de su padre en la Presidencia, un cargo que —previsiblemente— deje tras la inminente salida de Donald Trump de la Casa Blanca. También, la segunda hija del presidente saliente tiene una línea propia de joyería y ropa.

Eric Trump, hijo del todavía presidente, y su mujer, Lara Trump. Efe

El tercero de los hijos de Donald es Eric, también vicepresidente ejecutivo de The Trump Organization. Y, aunque es más reservado que sus hermanos, es un apasionado del mundo inmobiliario, algo heredado desde su bisabuelo Frederick. Además, si hay algo que le pierde a este empresario es la viticultura. De hecho, es dueño del mayor viñedo del Estado de Virginia que lleva la firma de la familia. Su nombre: Trump Winery.

Los otros dos hijos de Trump —de madres distintas a sus hermanos mayores— no siguen el legado empresarial del presidente saliente. Tiffany (26 años), hija de la segunda mujer de Donald, Marla Maples, no guarda una buena relación con su padre. Y, Barron (14 años), e hijo de Melania Trump, es aún pequeño y sigue en el colegio.

¿Afectará lo del Capitolio?

Pese a todo, lo que está claro es que los Trump, desde Frederick, que llegó en 1885 a Estados Unidos desde Alemania hasta su bisnieto, Donald Jr., han sido importantes y exitosos hombres de negocios. Las cuatro generaciones de esta familia norteamericana han aportado su grano de arena para que hoy, The Trump Organization, tenga más de 3.500 millones dólares en activos.

El asalto al Capitolio de Estados Unidos. Efe

Pero, lo que no está claro, es si la aventura de Donald Trump como jaleador de los sucesos ocurridos en el Capitolio durante este miércoles marcarán un antes y un después en el apellido familiar y sus empresas. Es decir, ¿los negocios familiares quedarán marcados para siempre? ¿habrá castigo de los clientes de The Trump Organization por la actitud del presidente saliente?

Los hechos son muy recientes para poder dar respuestas a estas preguntas, pero lo que sí está claro es que Donald Trump pasará a la historia como el presidente que radicalizó las posiciones políticas en Estados Unidos, no aceptó la derrota electoral y promulgó que sus simpatizantes hayan puesto en jaque a la longeva democracia norteamericana.