Una camiseta térmica, un forro polar, abrigo y hasta botas de montaña. Ese es el equipamiento con el que los alumnos de un instituto de Zaragoza (Aragón) —tal y como pueden observar en la imagen que ilustra este artículo—, hacen frente al frío en el interior del aula mientras dan clase con las ventanas abiertas. 

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Lo peor es que lo que ocurre en este centro educativo aragonés no es un caso aislado. Son miles de estudiantes, desde los más pequeños a los más mayores, los que en estos días en los que empieza a llegar el frío tienen que estar en clase con las ventanas de par en par para reducir la transmisión del coronavirus.

Mascarilla, distancia social, grupos reducidos y ventilación continua en las aulas fueron las cuatro recomendaciones que el Ministerio de Educación dio a comienzo de curso para prevenir los contagios de la Covid-19 en colegios e institutos. No obstante, esta última medida ha generado polémica una vez que se han comenzado a registrar bajas temperaturas y los alumnos, además de cumplir con las medidas sanitarias, han tenido que abrigarse para no enfermar de frío mientras están en clase. 

La situación fue más que visible cuando hace dos semanas la propia ministra de Educación, Isabel Celaá, afirmó en una entrevista que sabía que los niños y los adolescentes estaban abrigados en los centros. "Esto es lo que nos indican las recomendaciones sanitarias. Si luego podemos encontrarnos con algún utensilio que nos ayude a medir el CO2, lo vamos viendo. Pero ahora mismo ventilación y lavado de manos", apuntó Celaá. 

10 grados

Una de las aulas del King's Infant School Chamartín. Javier Carbajal.

Lo de "vamos viendo", sin embargo, no es suficiente para Diego, uno de los estudiantes que aparece sentado en su pupitre. "La verdad es que ahora hace frío pero todavía no ha llegado lo peor. En la calle hay 10 grados y en Zaragoza, además, hace mucho viento. Cuando venga el invierno con temperaturas bajo cero y aire, no sé qué vamos a hacer, la calefacción no servirá de nada. Estoy seguro de que lo pasaremos mal con tanto frío y sin movernos sentados en una silla", crítica este alumno. 

A 300 kilómetros de allí, en el King's Infant School, en el madrileño barrio de Chamartín, la realidad es bastante similar. Son las 09:30 horas y el termómetro en la calle marca exactamente ocho grados, mientras los niños de entre tres y siete años de este colegio británico están dando clase con las ventanas y las puertas abiertas. 

En las aulas, cuando EL ESPAÑOL accede al interior de este centro escolar, los niños están divididos en pequeños grupos, con la mascarilla puesta y expuestos al frío que entra del exterior. El espacio cuenta con un amplio ventanal, en el que hay hasta tres ventanas abiertas mientras los pequeños de cuatro años hacen juegos y ejercicios con Miguel Ángel Domínguez, uno de los profesores de King's Infant School Chamartín. 

"Estamos siguiendo las regulaciones que nos manda la Comunidad de Madrid. Ayer, por ejemplo, nos mandaron un documento extensísimo con las medidas sobre ventilación. Está la mecánica y la natural. Nosotros, como otros muchos colegios, tenemos la segunda. La ventilación cruzada con puertas y ventanas", explica este maestro. 

Corriente

Los alumnos, de cinco años, reciben clase en una aula con todas las ventanas abiertas. Javier Carbajal.

— ¿Se nota bastante la corriente de aire, no? 

— Sí, hace frío. Ahora que va a llover y las temperaturas van a bajar, lo que nos han dicho desde la CAM es que ventilemos 15 minutos cada hora, siempre que haya ventilación cruzada. Después, en las horas de la comida y los recreos, la ventilación es máxima, con todas las ventanas abiertas. 

Ante tal escenario, según prosigue Miguel Ángel, los padres han decidido abrigar más a sus hijos. "Los traen bastante más abrigados, llevan varias capas: camiseta interior, camiseta, jersey, calcetines de lana... Con la calefacción se compensa, pero con la ventana abierta siempre hay corriente. Veremos qué pasa cuando venga el frío", sostiene el profesor del King's Infant School, uno de los centros ligados a CICAE (Asociación de Colegios Privados e Independientes de Ámbito Internacional). 

Aunque en el caso de este centro los padres todavía no se han mostrado quejas por el protocolo sanitario, pero "están preocupados por la salud de sus hijos por cuando llegue el invierno", según cuenta Rodríguez. Asociaciones de progenitores como la del Instituto Beatriz Galindo, en Madrid, sí han criticado las medidas de la ministra de Educación, Isabel Celaá. "No es cuestión de cuanto va de abrigado un niño a clase, es cuestión de dotar a los centros de sistemas de depuración de aire para que esa ventilación sea necesaria solo en los descansos entre clase y clases. La salud de los niños está en juego y por ende la de las familias", denunciaron. 

Medidores de CO2

Tal vez como primer paso a un sistema de depuración, la Comunidad de Madrid ha anunciado este miercoles que adquirirá medidores de CO2 para conocer si la ventilación en las aulas frente al coronavirus es la adecuada y también ha dado pautas sobre cómo debe llevarse a cabo ahora que empiezan a bajar las temperaturas. 

Según se plasma en el documento, que ha sido remitido a todos los centros madrileños, el CO2 se genera por la respiración de las personas, con lo que en espacios cerrados tiende a incrementarse. El nivel del aire exterior suele ser de 400 ppm (partes por millón), y un valor entre 500 ppm y 700 ppm sería considerado como aceptable, por lo que en caso de llegar a 800 ppm, la ventilación cruzada sería obligatoria.

En este sentido, desde la CAM han aclarado que no es necesario instalar un medidor en cada clase ya que se pueden utilizar las denominadas aulas testigo. Estas últimas pueden definir el comportamiento de la concentración para espacios similares en superficie y ocupación. Es decir que lo que ocurre en una clase con un numero determinado de alumnos, también ocurrirá en las otras si todas las características son idénticas.   

La cuestión es que pese a cualquier documento técnico, por el momento la realidad es que en los colegios los alumnos siguen pasando frío.