No han sentado bien entre los sindicatos las medidas publicadas para la vuelta a los colegios en la Comunidad de Madrid. En la mañana del martes, la presidenta del gobierno regional, Isabel Díaz Ayuso, anunciaba los que serán los pasos específicos a seguir de cara al nuevo comienzo de curso. Un plan que llevaba una semana anunciándose y que las organizaciones no han recibido bien. Consideran que existe todavía mucha falta de información y ven en las ratios establecidas el problema principal para poder llevar a cabo un curso escolar “presencial y seguro”. La huelga, por lo tanto, sigue convocada y se encuentran a la espera de poder fijar una nueva fecha, debido al atraso en el comienzo de las clases.

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Recordemos que entre las medidas planteadas por la Comunidad de Madrid se encuentra esta -considerada insuficiente- bajada de las ratios en las aulas, pasando de 25 a 20 en el caso de los alumnos de Primaria y de 30 a 23 en el caso de 1º y 2º de ESO -no se han pronunciado respecto a la situación de los alumnos de infantil, de 0 a 3 años-. Además, se aplaza el comienzo de curso, quedando, por el momento, en: el 8 de septiembre para los alumnos de 1º, 2º, y 3º de Primaria; el 17 para los de 4º, 5º y 6º; y el 18 para los de 1º y 2º de la ESO -el resto de cursos tendrán clases semipresenciales y empezarán el día 9-. Y, finalmente, se ha anunciado la contratación de 10.610 docentes, de los cuales 2.662 son destinados a las escuelas concertadas, mientras que los casi 7.900 restantes deberían repartirse entre los centros de enseñanza pública.

Actualmente, en la Comunidad de Madrid existen cerca de 2.000 escuelas públicas -en 2019 se registraban unas 1.884- lo que dejaría un total de aproximadamente 4 docentes por colegio o instituto, en el caso de realizar un reparto equitativo. Los sindicatos, en colaboración con los centros educativos, enviaron en julio las necesidades de cada uno de ellos para que se pudiera valorar correctamente dónde serían más necesarios, aunque todavía no les han aclarado cómo se realizarán las contrataciones. Además, también solicitaron información acerca del personal sanitario y de limpieza que se haya planteado contratar, pero tampoco se han pronunciado en este sentido.

UGT, CCOO, CGT y STEM han sido los sindicatos encargados de llamar a la huelga de profesores, convocada para las fechas que habían sido fijadas originalmente para el comienzo de curso. Díaz Ayuso esperaba que, tras presentar el anunciado plan, los ánimos se calmaran y las partes pudieran llegar a un acuerdo. Sin embargo, desde las organizaciones denuncian que es más que evidente que no se ha cumplido con lo que se esperaba y siguen apoyando una movilización que interrumpa el comienzo de las clases, de no recibir más respuesta por parte del gobierno regional.

Las ratios por aula

Entre los problemas principales, que no son pocos, el aspecto en el que coinciden docentes, padres y sindicatos es en el de las ratios establecidas por clase. La cuestión ahora no radica en la capacidad de los profesores para atender a más o menos alumnos ni si sus lecciones se verán perjudicadas por tener que impartirlas a un grupo mayor o menor. 

La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz-Escudero, y el de Educación, Enrique Ossorio. Efe

Ahora el tema es que las aulas son espacios cerrados en los que las distancias entre los alumnos y con los maestros es mínima. Y que si normalmente un resfriado se contagia a la velocidad de la luz entre los niños de una misma clase -e incluso de un mismo centro-, en el caso del coronavirus podríamos estar hablando de cifras muy preocupantes.

Esta problemática conduce a preguntarse, en primer lugar, si son suficientes las reducciones numéricas que se han planteado; y en segundo lugar, qué va a pasar con los alumnos restantes de estas aulas, es decir, los que queden fuera de esta ratio.

En cuanto a esta última cuestión, desde el gobierno regional plantearon la posibilidad de construir espacios prefabricados para ubicar a los estudiantes. “Lo que vienen siendo los barracones de toda la vida”, como ha calificado en declaraciones a EL ESPAÑOL el docente y Responsable de Enseñanza Pública de UGT Madrid, Ricardo Marchand.

Desde los sindicatos han solicitado que los ayuntamientos pongan a disposición de las escuelas los espacios públicos que puedan aportar -como bibliotecas o centros deportivos- para poder repartir así a los niños y niñas que no quepan en las aulas. Pero por el momento siguen a la espera de una respuesta. 

“El problema es que no se han acondicionado los centros durante el verano y ahora hablan de obras que no les va a dar tiempo a realizar”, acusa Marchand en relación con los anuncios que ha llevado a cabo la Comunidad de Madrid sobre diversas modificaciones que quieren llevar a cabo en las escuelas. Y es cierto que el tiempo es apurado y que el inicio del curso se encuentra a la vuelta de la esquina, por lo que se acrecientan todavía más las cuestiones en cuanto a la recolocación de los alumnos.

Por otra parte, la peligrosidad de las agrupaciones de los niños y el personal docente. "Un aula es un criadero de contagios", comenta Alberto Carrillo, profesor y miembro de la Secretaría de STEM (Confederación Sindical). Y es que, a pesar de los llamados grupos burbuja y del uso obligatorio de mascarillas en las aulas, resulta muy difícil controlar las interacciones entre los alumnos. Ya no solo con otras clases, sino con los propios compañeros con los que trabajan. Los recreos, los cambios de hora, los pasillos, etc. son espacios muy concurridos y para los cuales es necesario mucho personal que pueda controlarlos.

Imágenes de un colegio durante la pandemia

“Durante los exámenes de antes del verano estuvimos más pendientes de los pasillos que de vigilar a los estudiantes”, explica Carrillo. Por lo que no resulta difícil imaginar cómo debe de ser tratar de controlar las aglomeraciones que puede suponer la impartición de tantas clases en un mismo espacio.

Contrataciones

En relación, otra de las cuestiones que no cuadran con lo que sería una “vuelta segura” es la contratación de menos de 11.000 docentes. Para empezar, el número de profesores seguiría siendo muy reducido si se tiene en cuenta la tarea que supone realizar unas entradas y salidas escalonadas, sin considerar la posibilidad de que se lleven a cabo estas mismas acciones en el caso de los recreos o comedores. Pero además, existe mucha falta de información respecto al personal de limpieza o sanitario que será necesario de aquí en adelante.

Un trabajadora, desinfectando el aula de una colegio.

Carrillo considera que el problema radica en que "no se han revertido los recortes en educación que motivó la crisis de 2010", por lo que, para empezar, las contrataciones que se están anunciando siguen sin cubrir todas esas vacantes que han quedado sin ocupar a lo largo de estos años. Y comenta que, además de esto, en casos como los de la ESO, en el que cada profesor debe impartir su propia asignatura "cada hora debería llevarse a cabo una desinfección de las aulas, lo que multiplica los problemas en cuanto a personal encargado" y asignación de espacio.

Enfermeros, encargados de limpieza o auxiliares de control, son algunos de los puestos esenciales que reclaman los sindicatos. Y junto a estos, el famoso puesto del Coordinador Covid-19. "Hasta donde sabemos, no se ha aclarado si esta persona deberá ser un profesional de la sanidad o un profesor", comenta Marchand. "Lo que está claro es que un docente no tiene la competencia ni el conocimiento para determinar si un alumno o un compañero padece síntomas de coronavirus o no", añade. Y es que es obvio que todavía hay mucha información que los sindicatos desconocen, por lo que se niegan a abandonar la convocatoria de huelga hasta que estas y otras tantas cuestiones queden resueltas. 

Pero una cosa es clara y es que el profesorado reclama la vuelta presencial y esperan hacerlo con las medidas y los apoyos necesarios. "Dar las clases online ha afectado al alumnado más vulnerable", explica Carrillo, haciendo referencia al modelo de clases impartidas durante los meses de confinamiento. Opina que los niveles de exigencia se vieron muy reducidos en ese tiempo, lo cual "no beneficia en ningún aspecto a los alumnos". Y añade que, de seguir con esta dinámica, de aquí a unos años podríamos terminar hablando "de la Generación Covid-19 como la peor preparada hasta ahora".