Fernando Ruso Pepe Barahona

Cuenta Elisabeth que a sus 41 años, y después de toda una vida dedicada exclusivamente al cuidado de su familia, ha llegado a una conclusión: "Cinco hijos, cero excusas". Gracias a ese lema, la quintaesencia de un saber acumulado durante muchas tardes de gimnasio, ha conseguido lo que hace apenas un año le parecía algo imposible, casi inimaginable. En una semana competirá a nivel nacional en el Bikini Fitness, una disciplina que le ha exigido grandes sacrificios y que le ha llevado a perder 15 kilos de peso hasta convertir su cuerpo en pura fibra.

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Son las seis de la tarde y toca merendar. Por la cocina, llamados por el hambre, van pasando alguno de los cinco niños: Paolo, de 19 años; Marcos, 14; Lucas, 11; y las gemelas Julia y Elisabeth, de seis. Alguno picotea alguna galleta, otros embadurnan las tostadas en mantequilla y Elisabeth, la madre de todos ellos, vierte en una sartén 170 gramos exactos de clara de huevo. Esa masa caliente, carente de sabor, olor y color, es la sexta parte de su alimentación, que completa con pollo, también insípido. Hasta la sal se controla en su estricta rutina.

Llevándose el tenedor a la boca, Elisabeth fantasea haciendo creer a sus hijos que se está comiendo helados o hamburguesas. “Mmmmm, ¡qué rica está esta pizza!”, asegura histriónica ante sus incrédulas pequeñas, habituadas ya a las desabridas comidas de su madre. Muchas veces, las gemelas juegan a tentar a su madre acercándole a la nariz trozos de apetitosa comida. Algo que replica el resto de la familia ante la estoica madre, que lidia la tentación haciendo gala de una insobornable fuerza de voluntad.

La aspirante a 'Bikini Fitness' degustando 170 gramos exactos de clara de huevo. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

“Estoy deseando que llegue el día 29 de agosto porque lo primero que voy a hacer al bajarme del escenario es abrazar a mis hijos, besar a mi marido y comerme un helado”, afirma entre risas Elisabeth Rodríguez, ama de casa y postulante al título de Bikini Fitness, una disciplina regulada por la Federación Española de Fisicoculturismo y Fitness (IFBB España FEFF).

Elisabeth pesa 50 kilos y mide 1,63 metros. Su cuerpo hoy tiene poco que ver con el de hace apenas un año. “No es que estuviese gordita, porque yo siempre he sido delgadita, no soy de comer mucho, pero después de cinco embarazos…”, explica la atleta, que lo dejó todo a los 17 años para casarse y formar una familia. También el deporte. “Me casé muy jovencita”, justifica. Con 16 años, llegó a ser subcampeona de Andalucía de 500 y 1000 metros lisos. No ha vuelto a hacer deporte hasta ahora.

De la casa a los niños

“Fui teniendo niños, cuidando de los hijos, teniendo más niños… hasta que las niñas entraron en la guardería y me vi más libre. Entonces la mamá de una compañera de mis hijas me propuso que nos apuntásemos al gimnasio. Por perder peso y desconectar. Mi rutina siempre ha sido alternar las tareas de la casa al cuidado de los niños, de los niños a la casa. Así durante muchísimos años, y me apetecía evadirme”, explica Elisabeth a EL ESPAÑOL en su casa de Jerez de la Frontera (Cádiz).

“Empecé yendo al gimnasio tres veces en semana. El primer día nos comían las agujetas, pero seguimos yendo. Una tiraba de la otra. Nos obligábamos. Al menos una hora al día. Aunque esa hora ya nos rompía las rutinas en las cosas de la casa. Los niños llegan del colegio, hay que tener la comida hecha —apunta la atleta—; las lavadoras si te vas al gimnasio se quedan sin poner, las tareas se acumulan y te agobias, pero seguí yendo”.

Las gemelas Elisabeth y Julia jugando con unas muñecas junto a su madre. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

Pero a la tercera semana, su compañera, que tenía dos hijas y trabajaba, dejó de ir. “Y a mí me daba vergüenza ir sola. La gente me miraba. O eso creía yo”, recuerda. Así que dejó de ir varias semanas, pero siguió pagando la cuota del gimnasio. “Hasta que un día saqué fuerza y me decidí a ir. Le eché valor. Tres días después convencí a mi marido para que viniese conmigo. Así disfrutábamos del ocio juntos”, apunta Elisabeth.

Recuerda la deportista que en sus primeras visitas al gimnasio se encontraba perdida en un mar de dudas. Jamás había estado en un espacio repleto de máquinas. “Entonces me topé con el que hoy es mi entrenador, Luis Vaz”, recuerda. “Él acababa de llegar de Barcelona y nos puso muchas facilidades. Además, así me servía para motivarme y de paso le perdía la vergüenza a ir sola”, defiende Elisabeth.

¿Competir?

En la primera entrevista, sentada en una enorme pelota, la atleta le contó a su entrenador que su plan era perder peso para el verano. A partir de ahí fijaron una rutina de tres sesiones a la semana y los resultados empezaron a verse antes de lo esperado.

“Parecía que lo estaba haciendo toda la vida. Había vuelto al deporte con 40 años y no me notaba cansada, yo respondía bien a lo que él me pedía”, recuerda Elisabeth.

Una dura sesión de entrenamiento mientras sus dos hijas pequeñas juegan junto a las máquinas. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

La sorpresa de su entrenador fue tal que apenas un mes desde el inicio de las sesiones le preguntó si tenía un pasado como deportista. Ella respondió que desde los 16 años no practicaba nada de deporte. Atónito, le hizo una propuesta más. “Me preguntó que si había pensado en competir”, apunta.

“¿Competir? ¿Yo? ¿Con 40 años? ¿Con cinco hijos? Para nada”, recuerda que respondió ella. “Creo que él se sorprendió más, porque no pensaba que tenía 40 años ni cinco hijos”, rememora entre risas Elisabeth, que según cuenta no se sentía con fuerzas para competir. “Yo me veía ya una mujer madura —sostiene—, una mujer de su casa. En mis planes solo entraba cuidar de mi familia, mantener mi casa y hacer un poco de deporte para sentirme bien. Nada de competir”.

“Además, no me veía en el mundo del fitness”, confiesa. “Yo siempre he sido muy femenina, muy presumida, y creía que las participantes eran mujeres muy musculadas, muy masculinas… Pensé que no encajaría. Pero él insistió”.

Casualmente, poco tiempo después de su proposición y apenas unos cientos de metros de su casa, se celebró el campeonato provincial de fitness y su entrenador le propuso asistir para tomar una decisión con toda la información. “Era la única forma de que me llevase una imagen real de lo que era competir”, recuerda.

“Julio —su esposo—, al principio, como yo, estaba un poco reacio. Pero me animó a que lo intentase. Al menos que tuviese toda la información necesaria para tomar una decisión. Así que fui con Luis y mi marido”.

Fuerza mental

A Elisabeth se le eriza la piel cuando recuerda lo que vivió como espectadora. “Me sentí como una hormiguita al ver a esas pedazos de mujeres. Las veía y sentía algo… —duda— como un flechazo. Me enamoré de lo que veía. Las vi guapas, femeninas, con sus tacones, su pelo… eran mujeres de revista, con un cuerpo 10. ‘¿Esto es el fitness?’, le pregunté a mi entrenador. Él me dijo que sí, y le respondí que empezaría a la mañana siguiente”.

Elisabeth golpeando un saco sostenido por Luis, su entrenador personal. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

“Ahí me cambió la vida”, asegura la participante de Bikini Fitness.

Elisabeth añadió más sesiones a su entrenamiento y empezó a seguir una estricta dieta pautada por su entrenador. El control de la alimentación, cuenta, es lo que más le ha costado. A falta de una semana para competición hace seis comidas al día. “180 gramos de claras de huevo y 170 gramos de pollo, que acompaño con cebolla cruda, espárragos o alcachofas. Solo los lunes, miércoles y viernes se me permite comer 20 gramos de arroz”, detalla.

—¿Y cómo ha cambiado tu cuerpo?

—He perdido unos 15 kilos desde que empecé. Estaba en 65 y ahora estoy en 50. Mido 1,63 metros.

—¿Y tu mente?

—Me siento muy orgullosa de mí, porque hasta ahora no sabía la fuerza mental que tengo. Esto es muy duro. Sobre todo, teniendo una familia. En casa les preparo las comidas que les gustan: puchero, lentejas, patatas fritas, el jamón, las galletas… ¡Y claro que a mí también me gusta! Veo la comida, huelo la comida… pero sabía que no podía comerla. Levantas la tapa de la olla, hueles… y ¡Dios! Cuando nos sentábamos a la mesa, mis hijos me miraban con cara de pena. Esto sería muy diferente sin niños. Porque no ves la comida, no tienes la tentación entre las manos. Esos bocatas de Nocilla…

—¿Y ha merecido la pena?

—Sí, a día de hoy estoy muy agradecida a Dios por haberme puesto a mi entrenador en el camino. Estoy muy orgullosa y muy feliz por haber descubierto esa fuerza de voluntad. Jamás llegué a pensar que podría hacerlo. Porque durante el camino he pensado que llegaría el día en el que tiraría la toalla. Porque esto es muy duro. Llegas a casa con hambre, el estómago te ruge…

Elisabeth en brazos de sus cinco hijos. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

El sótano de la casa de Elisabeth es un espacio multiusos en el que destacan las máquinas para hacer pesas. Junto a ellas hay juguetes de las gemelas, carritos de bebé, peluches y una zona de videojuegos para los hermanos mayores. Todos en casa están habituados a los entrenamientos de su madre, siempre concentrada. O todo lo que se puede con cinco hijos.

Durante el confinamiento, toda la casa ha sido un gran gimnasio. Desde la escalera a los patios. “Llegó el punto en el que las gemelas se sumaban a mis rutinas de entrenamientos, toda la familia se ha volcado conmigo”, recuerda Elisabeth, que no ha perdonado un entrenamiento ni siquiera en los peores momentos de la pandemia.

‘Cinco hijos, cero excusas’

Defiende Luis, su entrenador, que Elisabeth destaca por su disciplina. “El hecho de tener una familia le aporta la madurez para tomarse en serio su trabajo en el gimnasio y las dietas. Tiene constancia, disciplina, es ordenada… Tener cinco hijos le aporta”.

“De ella destaca su fuerza y su resistencia. Nunca te dice que no puede. Hay quienes tiran la toalla muy pronto, pero si a ella le pides dos, te da tres”, apunta Luis, que ve opciones para que Elisabeth haga un buen papel en el campeonato Ciudad de Marbella del próximo 29 de agosto. “Yo le digo que ella ya ha ganado”, insiste el entrenador. Ella asiente.

Desde que Luis entrena a Elisabeth han sido muchas las madres de su entorno que se han interesado en ponerse bajo sus órdenes. No hay secretos. Todos los avances, los entrenamientos y demás logros son compartidos en su cuenta de Instagram, eli5fitness. Todo un reclamo para quienes quieren seguir sus pasos.

“Si con cinco hijos yo puedo, cualquiera puede”, defiende la atleta. “Es muy fácil buscar excusas para quedarse en casa, pero tener una familia no implica que debas renunciar a lo que te plantees”, insiste.

Toda la familia acompañará a Elisabeth en su primera gran competición. Entre todos templarán los nervios de la deportista. En casa ya está todo listo: los tacones, los complementos, la batita y el bikini con el que participará. También las camisetas con su lema: ‘Cinco hijos, cero excusas’.

—¿Qué crees que te aportan tus cinco hijos a tu faceta como deportista?

—Mucha fuerza. Son mi gran apoyo. Todo lo que hago es por ellos. Quiero que vean que tienen una madre que es una campeona; que es más que una mamá, que tiene sus objetivos más allá del cuidado de sus hijos. Y que se sientan orgullosos.

Elisabeth junto a su marido Julio y sus cinco hijos: Paolo, de 19 años; Marcos, 14; Lucas, 11; y las gemelas Julia y Elisabeth, de seis. Fernando Ruso EL ESPAÑOL