Son las seis de la tarde del 21 de diciembre de 2017. Los tres hermanos Anglés (de la saga de Antonio Anglés, el asesino prófugo de las niñas de Alcásser) están esperando en un garaje, todos armados: está Enrique, que tiene una pistola taser. Está Roberto, el mayor, que tiene una pistola y una jeringuilla infectada. Y está Carlos, el protagonista de esta historia. Ese lo que tiene es una gasolinera en Yecla (Murcia) a medias con su socio. Carlos lo cita esa noche: “Ven a mi casa que tenemos que hablar”. Los tres hermanos aguardan acompañados de un cuarto sicario.

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Cuando el empresario llega al domicilio, los 4 le esperan para pegarle una paliza. Carlos le recrimina que le ha robado una enorme cantidad de dinero que él había escondido en uno de sus coches de lujo. El empresario lo niega. Entonces Roberto, el mayor de los Anglés, empuña su automática y lo encañona. Acto seguido saca una jeringuilla usada de su bolsillo y le amenaza: “La jeringa tiene el sida. Si te pincho estás muerto en tres días”.

Lo que vino después fue un recital de patadas y puñetazos de los 4 sicarios, hasta que la víctima cedió a sus pretensiones: los Anglés le obligaron a poner a nombre de Carlos todas las acciones de la gasolinera de Yecla. Lo hicieron ante notario y sin darle contraprestación económica alguna. Tras ejecutar la extorsión, le exigieron que guardase silencio y le advirtieron de lo que le pasaría si acudía a denunciar los hechos a la policía.

Pero el empresario denunció y ahora, por este suceso, los tres hermanos Anglés, (que ya no se apellidan Anglés), se enfrentan a penas de 12 años de prisión. Un juicio que se celebrará este martes 14 de julio en el Tribunal Superior de Justicia de Valencia, dado que la vista ya fue suspendida el pasado 9 de junio, al no haberse producido un acuerdo de conformidad entre las partes.

Nuevo nombre, misma maldad

Antonio Anglés es uno de los delincuentes más conocidos de la historia de España. Tras su misteriosa desaparición, su familia decidió borrar todo rastro que les relacionase con el prófugo. Ahora su hermanos ya no se apellidan Anglés Martins, sino Martins Monroig. Su hermano Mauricio fue más allá y se cambió incluso el nombre: ahora es Roberto. Lo que no ha cambiado es la naturaleza delictiva de todos ellos.

Carlos, el más pequeño, es el cerebro del clan. Poseía una gasolinera en la localidad murciana de Yecla, a medias con un socio. En 2017 tomó la decisión de quedársela solamente para él. Por eso urdió un plan para adquirir todas las acciones de su compañero a coste cero, mediante la vía de la extorsión. Junto a sus dos hermanos mayores, Joaquín y el flamante Roberto Martins, el delincuente antes conocido como Mauri Anglés, decidieron tenderle una emboscada. A ellos se les unió su colega Manuel, conformando el equipo de 4 personas que se sientan mañana en el banquillo.

Carlos llamó a su socio y le conminó a que viniese a su domicilio, en la localidad valenciana de Massanassa. Cuando el hombre bajo del coche, ya le estaban esperando. Carlos le recriminó que le hubiera robado. Te has llevado medio millón de euros que yo escondía en un Ferrari, le acusa. Al empresario apenas le da tiempo a negarlo: Roberto sacó una pistola Glock de su bolsillo y le apuntó. Le amenazó y luego le mostró una jeringuilla. Roberto estrenaba nombre y apellido, pero la jeringa estaba usada. Infectada de VIH además, según aseguraba. Tiene el sida, si te pincho te mueres en tres días.

Gasolinera gratis

A continuación vino la paliza que le provocó una serie de lesiones leves por todo el cuerpo, según apunta el escrito del fiscal al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. Joaquín, el hermano mediano, llevaba una pistola eléctrica, pero finalmente no la utilizó y se limitó a pegarle. El empresario, agredido y atemorizado, cedió a la extorsión: los acompañó a todos a una notaría, en la que entregó ‘voluntariamente’ todas las acciones de la gasolinera al más pequeño de los Anglés y se le revocaron los poderes otorgados. No hubo transacción alguna, ni más pago que los palos que le dieron esa tarde en el garaje.

A la firma del documento solamente subió Carlos y el empresario apaleado. Cuando bajaron, los otros dos hermanos Anglés le estaban esperando. Los cuatro se subieron al coche y llevaron a la víctima a un polígono industrial de la localidad valenciana de Picanya, donde le dijeron que ya se podía largar.

El empresario denunció y la policía detuvo a los hermanos Anglés. En el registro domiciliario, además, hallaron diversas sustancias estupefacientes metidas en una bolsa del Mercadona: hachís, heroína y cocaína por un valor de 1.684 euros, y la misma pistola automática con la que el mayor de los hermanos Anglés encañonó al legítimo propietario de la gasolinera.

Ahora les piden 12 años de cárcel: por los delitos de extorsión, tenencia ilícita de armas y delitos contra la salud pública. Además deberán afrontar el pago de 5.000 euros de multa si finalmente resultan condenados por el juez. En la vista del 9 de junio no se llegó a un acuerdo entre las partes, pero todo hace esperar que los hermanos antes conocidos como Anglés acepten la última oferta en la vista del día 14 y eludan así el juicio.