Cuando caminas un poco por la población madrileña de Leganés, al otro lado de las vías, te llama la atención un pequeño local. Situado en el bajo de un imponente -y humilde- edificio de vecinos se pueden leer dos letreros: Desahucios (500€) y Divorcios (150€). Arriba; Abogados Cebrián. Y a pocos metros; una furgoneta -bautizada como la divorcioneta-, caracterizada con letras rosas, en un blanco impoluto, con mensajes subliminales y un altavoz. Que se inspira en esos recuerdos de infancia, en ese camión del tapicero apatrullando la ciudad, con su "¡ha llegado a su ciudad el tapicero!". Aunque la intención de Alberto no es cambiarte de color el sofá, ni mucho menos. 

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El ideólogo de todo esta parafernalia es Alberto García Cebrián. Se describe a sí mismo como "el abogado de familia más revolucionario de España y con mayor influencia internacional". Y lo cierto es que razón no le falta. El abogado lleva años concibiendo el divorcio -y por consecuencia, el matrimonio- de una manera diferente: accesible para todos. "Intentamos evitar los divorcios tormentosos; nuestro despacho tiene más del 95% de amistosos porque nos publicitamos así", explica Cebrián a EL ESPAÑOL. Y esa forma de pensar queda patente en cuanto hablas unas pocas palabras con Alberto; basan su trabajo en la felicidad -aunque algunas veces esté idealizada-. Además, en 24 horas y por 150 euros te resuelven un problema. 

La historia

Alberto ha sido toda su vida un chico humilde. Comenzó a estudiar Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Luego, hizo un curso de Nulidad Eclesiástica en la Universidad de Comillas. Mientras estudiaba se buscó varios trabajos que le ayudaron a seguir con su propósito. "Cuando yo salí de la carrera no tenía dinero, ni padrinos ni contactos. No tenía nada", cuenta a este diario, mientras se atusa el traje negro que hoy luce. Así, con un toque de suerte y mucho esfuerzo consiguió abrir un despacho en su localidad natal, Aranjuez. 

Allí, en la plaza del pueblo, creó Abogados Cebrián y Asociados. Poco tiempo después abrió la web divorcieitor.com. Según cuenta él mismo, ha sido todo un éxito. Luego, vinieron otros despachos más por Leganés y Aranjuez. "La base de nuestro éxito es la cercanía; toda la vida el abogado ha sido un personaje lejano al que no podemos acceder. Además, tenemos la idea de que va a ser un proceso caro", aclara Alberto a EL ESPAÑOL. El joven, de 33 años, mide cada palabra que sale de su boca. Se preocupa por sus movimientos frente a la cámara, por su forma de locutar, por su tono de voz

El despacho de abogados de Leganés está presidido por su propio "mural de la fama". En una de las columnas tiene impresas todas sus apariciones en televisión -que no han sido pocas-. Confiesa que le encanta ese mundillo, aunque con sus excepciones. Él sigue prefiriendo ayudar a la gente. "Consideramos que hay mucha desinformación sobre el matrimonio y, también, sobre el divorcio. Saber todos los pasos que hay que dar es fundamental para mantener un matrimonio estable", aclara.

El abogado frente a su bufete en Leganés. Carmen Suárez

Alberto presume de hacer el divorcio accesible para todos. Y lo cierto es que con sus precios, pocas parejas rotas pueden resistirse. Por 150 euros -sin letra pequeña, nos asegura- lleva a cabo todo el proceso. Eso sí, tiene que ser de mutuo acuerdo. Además, si no hay niños de por medio el precio se reduce; 100 euros. Además, tardan poco más de 24 horas. Vamos, lo que se concibe como divorcio express. Posible en España desde hace casi cinco años

La divorcioneta 

Abogados Cebrián y Asociados lleva a cabo un total de cincuenta mensuales. "Hay meses con muchos divorcios, como es septiembre y enero", apostilla Alberto. Pero, ¿cuál es la clave de su éxito? ¿Cómo han conseguido hacerse en los reyes de los divorcios express? La gran "culpa" la tiene la divorcioneta. Y también las redes sociales. Fue un tuitero quien subió a su perfil una imagen del vehículo y se hizo viral. 

El abogado Alberto García Cebrián. Carmen Suárez

Cuando Alberto empezó en el mundo de la abogacía, su familia tenía un histórico 600. "Pensamos en venderlo o regalarlo porque solo nos daba disgustos", cuenta. "Pero luego decidimos ponerle un poco de publicidad del despacho", añade. Así, el 600 comenzó a lucir las ya conocidas letras rosas y el divorcio express. Luego, colocaron el coche frente al estadio de Butarque, en Leganés. Y el teléfono de Cebrián Abogados no paró de sonar. 

Manuel fue uno de sus primeros clientes. Vio el 600 cuando salía del cementerio, cercano al estadio. Estaba pasando por una etapa complicada con su exmujer y sus dos hijas. "Iba a un abogado y me decían que les tenía que pagar hasta dos mil euros, pero yo no me lo podía permitir", explica Manuel a EL ESPAÑOL. "Luego llamé a Alberto y consiguió solucionar mis problemas", añade. Además, al estar pasando por una situación económica complicada, el abogado le propuso que repartiera publicidad del bufete para que se redujera el precio final. Ahora, Manuel disfruta de su hija en su pequeño piso de Leganés. Todavía le quedan muchas batallas por delante contra su exmujer. Pero, por ahora, respira tranquilo

La divorcioneta. Carmen Suárez

Todo gracias a la divorcioneta. Ante tal éxito, Alberto tuvo que aumentar su flota y ya cuenta con el 600, cuatro furgonetas y un camión del divorcio. Los coches se mueven por toda España, llegando a Toledo. En Leganés pocos vecinos se sorprenden ya al ver la divorcioneta. En cambio, cuando cambian su localización sí que algunos se extrañan o, incluso, llegan a enfadarse. Así lo cuenta Tomás, el conductor. Él es el encargado de mover la divorcioneta de un lado para otro, sin horarios y disfrutando. Y, también, fue cliente. 

"Un día iba por la calle con mi chica y vi una furgoneta antigua. Corriendo le hice un par de fotos y las subí a mi perfil de Facebook", cuenta a EL ESPAÑOL. Pero, tras subir las imágenes a su perfil en la red social, se dio cuenta del letrero que lucía el vehículo. "Yo llevaba separado de mi mujer más de veinte años", añade. Así, llamó a Alberto, pensando que se trataba de algún timo o broma. Pero no. Al poco tiempo ya estaba divorciado de su ya exmujer. 

Tomás, junto a la divorcioneta. Carmen Suárez

Como buen aficionado a los coches antiguos, le pidió a Alberto si podía ser el encargado de mover la divorcioneta. Y el abogado no puso ningún problema. "Cuando llegamos a las ciudades, algunos se acercan; otros, nos han llegado a insultar", cuenta Tomás. Junto a las letras rosas han incorporado un pequeño altavoz, que narra una serie de premisas relacionadas con el bufete, la felicidad y el matrimonio. Todo un éxito. 

Los divorcios 

Y lo cierto es que los perfiles que acuden al bufete de Alberto son diversos. "Hay de todo, aunque son más jóvenes porque se está moviendo mucho por redes sociales", aclara. "En nuestro país hay que esperar tres meses para divorciarse después de la boda y más del cincuenta por ciento lo hacen por infidelidad", apostilla. Pero muchos los dejan pasar. En los últimos años, el divorcio ha descendido en un 2,8%; las separaciones se han disminuido en un 4,3%. Es decir, de cada diez matrimonios que se producen en España, siete acaban en ruptura. 

El bufete de abogados, en Leganés. Carmen Suárez

El 22 de junio de 1981 se aprobó la Ley del Divorcio. El proceso no estuvo exento de polémica. En primer lugar, por la oposición de la jerarquía católica y de sectores conservadores de la sociedad y, también, por el propio seno de la UCD que pidió la dimisión del ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez. Desde ese año, los divorcios se han multiplicado por cinco. En 2005 se produjo una reforma de la ley. "Aun así, hay muchas personas que no conocen sus derechos y las posibilidades que tienen para divorciarse, tienen miedo", apunta Alberto. 

Mientras realizamos la entrevista, una mujer mayor entra en el despacho de Alberto. "¿Hay alguien a quien pueda contarle qué me pasa?", pregunta la señora. Parece preocupada. Luego, nos enteramos, que vive junto a su marido -mayor como ella-. Cuenta que lleva toda la vida queriéndose separar, pero que nunca se ha visto con las fuerzas -y con el apoyo- para tomar la decisión. En su relato, se le entrecorta la voz, comienza a llorar. Lleva toda la vida siendo infeliz al lado de una persona que le condiciona cada paso que da. "Ves, esto es lo que queremos evitar", me dice Alberto.