El pasado año Julia fue seleccionada para disfrutar de una beca de intercambio que permitiría a esta estudiante de la Universidad de West Virginia en Estados Unidos aprender español en la Región de Murcia durante un cuatrimestre. Esta joven, de 20 años, para mayor tranquilidad de sus padres, Cameron y Bárbara, contrató un seguro de viaje por Europa antes de partir de su ciudad natal: Marietta (Ohio). La citada póliza incluía en una de sus cláusulas una indemnización económica en caso de que la adolescente fuese víctima de un delito, como puede ser una agresión sexual. Ahora ese contrato podría ser la clave para desmontar la denuncia que esta norteamericana realizó ante la Policía Nacional acusando a tres afganos de violarla a ella y a sus dos hermanas durante la celebración de Nochevieja en la capital murciana.

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Este enrevesado caso arranca en Navidad en el inmueble del Barrio de Santa Eulalia, en Murcia capital, que esta estudiante de Linguistics había alquilado, del 1 de septiembre al 31 de diciembre, junto a otros tres Erasmus. Sus compañeros de piso se habían marchado de vacaciones y Julia mintió a su casera asegurando que sus padres y sus dos hermanas iban a alquilar habitaciones de hotel en Murcia para visitarla durante las fiestas navideñas. La mujer se apiadó de la familia por el supuesto desembolso económico que ello supondría y autorizó a la joven para que Claire y Olivia se alojasen en los cuartos de los inquilinos ausentes.

De esta forma las hermanas norteamericanas disfrutaron de hospedaje gratuito durante dos semanas de turismo y fiesta por la Región. El colofón al viaje era la Nochevieja, cuya celebración arrancó con un botellón en el citado piso y acabó en la Jefatura de Policía. A las 8.30 horas del 1 de enero Julia caminó sola hasta la céntrica Comisaría de la Plaza Ceballos para soltarle una bomba al policía nacional que estaba en el control de accesos. “Manifiesta en inglés que se encuentra viviendo en Murcia desde hace cuatro meses, cursando estudios, y que durante la pasada noche, junto a sus dos hermanas que se encuentran de visita a España, han conocido a tres jóvenes varones que las han agredido sexualmente”, tal y como consta en las diligencias policiales y judiciales a las que ha tenido acceso EL ESPAÑOL.

Al agente que transcribe los hechos no se le escapa un detalle: del aliento de la americana emana un fuerte olor a alcohol. Ese dato no evita que de inmediato se active el protocolo de violación. “Mis dos hermanas se encuentran en casa esperando saber qué hacen”. Tal afirmación de Julia provoca que la Brigada de Policía Judicial la acompañe al piso del Barrio de Santa Eulalia donde aguardan Claire y Olivia. Las tres norteamericanas comienzan el día de Año Nuevo siendo trasladadas por unos agentes al Hospital Virgen de la Arrixaca para ser sometidas a un minucioso reconocimiento médico. De vuelta a la Comisaría, mientras aguardan su turno para prestar declaración, se comen un menú del McDonald.

A las 18.51 horas, del miércoles 1 de enero, empiezan a relatar los hechos y aparece la primera laguna de la historia: las adolescentes no recuerdan en qué pub conocieron a los afganos que posteriormente las atacaron sexualmente. A los investigadores de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional les llama la atención ese dato porque el relato de las norteamericanas comienza exactamente igual: después del botellón del piso se fueron a las tascas de Murcia y sobre las tres de la madrugada llegaron a un local de copas sin especificar. Una vez allí, sin mediar palabra, fueron abordadas supuestamente por los afganos Sayed, de 21 años, Mohammad, de 25, y Johannes, de 20. “Se nos acercaron tres chicos que nos empujaron a una zona oscura del local”, afirmaron las hermanas antes de matizar lo que padecieron cada una de ellas en ese punto sin iluminación del establecimiento.

De izquierda a derecha: Mohammad, Johannes y Sayed.

La primera en declarar fue Claire, la hermana mayor, que cuenta con 23 años: “Empezaron a besarnos en la cara”. Después testificó la pequeña, Olivia, de 18 años, elevando la gravedad de los hechos ocurridos en esa zona oscura del pub al narrar que fue manoseada sin su consentimiento: “El chico que me asaltó, me tocó el pecho levantándome la camiseta, y me introdujo las manos en las bragas...”. Julia, de 20 años, también relató haber sufrido abusos: “El chico que me asaltó me tocó los pechos por debajo del vestido y bajó las manos hacia la cadera con la intención de ir hacia mis partes íntimas, pero con un golpe en la mano se lo impedí”.

Se marchan con los afganos

El testimonio prosigue con normalidad hasta que las jóvenes despiertan nuevas dudas entre los miembros de la UFAM: las hermanas afirman que a pesar de haber sido abordadas por los afganos, acto seguido y sin ser cohibidas, salieron con ellos fuera del establecimiento de copas. Una vez que estaban en la calle se produce otro hecho insólito porque voluntariamente aceptan el ofrecimiento de los jóvenes que las han manoseado para seguir la fiesta en su domicilio. “Claire y Olivia se fueron al piso de estos individuos y Julia se marchó a su casa con otro de los chicos”. De forma que las supuestas agresiones sexuales se produjeron paralelamente, entre las 3.30 horas y las 5 horas de la madrugada, en dos inmuebles distintos de la capital murciana separados por algo más de un kilómetro de distancia.

Julia se fue con Sayed al piso que ella había alquilado en el Barrio de Santa Eulalia. Cuando llegaron al inmueble la norteamericana aseguró a los investigadores que el afgano presuntamente la agarró para agredirla sexualmente y que tras esquivarlo se escondió en el baño para que se marchara. Pasado un tiempo prudencial salió del aseo pensando que el chico se había ido, pero se lo encontró en su habitación: “Me cogió y me tiró a la cama, se echó encima y empezó a quitarme la ropa, no me resistí porque pensé que se podía poner más agresivo de lo que estaba”.

Una violación con pausa

A partir de esa situación de indefensión Julia cuenta pormenorizadamente que padeció tocamientos y el afgano la obligó a hacerle una felación: “No podía respirar, rompí a llorar [...] le di un empujón porque estaba preocupada por mis hermanas y necesitaba hablar con ellas”. La supuesta violación, siempre según su relato, sorprendentemente se detuvo para que Julia le escribiera un mensaje a su hermana Olivia mientras Sayed telefoneaba a uno de sus amigos. Los investigadores toman nota de ello.

El número 10 de la Plaza de la Candelaria, en Murcia, donde se produjo la supuesta agresión sexual.

Mientras que eso acontecía en el piso de Santa Eulalia, las hermanas Claire y Olivia se encontraban con Mohammad y Johannes en un domicilio de la calle Cortés. En este inmueble Sayed tiene una habitación que le había gestionado la ONG Murcia Acoge dentro de un programa de integración social y laboral para inmigrantes. Este joven le prestó a sus amigos la llave para que se fueran con las otras dos americanas a seguir la juerga. Claire se metió en la habitación con Mohammad: “Este individuo intentó aprovecharse de mí”. La mayor de las hermanas detalló que le bajó los pantalones y las bragas con el fin de penetrarla. “No llegó a penetrarme porque reaccioné dándole una patada”.

Tras afirmar que opuso resistencia, Claire incurrió en una aparente incoherencia al confirmar a la Policía Nacional que este afgano ni la agredió ni la amenazó: “No ejerció ningún tipo de violencia contra mí”. El relato de Olivia en este piso arranca con ella sentada en el sillón del salón mientras Johannes le ofrece amigablemente una copa de Whisky. No se la bebe y se marcha con él a una habitación donde el chico se tira encima de ella: “Tenía mucho miedo y estaba paralizada. Le dije a este individuo que no quería tener sexo con él, que parase, pero él respondió en un inglés malo, no condón, y me penetró a continuación. Le dije que era virgen y él me decía que me relajase. Acabó el acto sexual”.

Tanto Olivia como Claire coinciden en narrar que acto seguido se marcharon del piso y los dos afganos las siguieron. Inicialmente lograron despistar a Mohammad y Johannes, pero en las diligencias policiales consta que al final los tres agresores sexuales y las tres víctimas acabaron la madrugada juntos en el piso que la estudiante de intercambio alquiló en Santa Eulalia. Allí se produjo otra situación inverosímil: Julia y Olivia se fueron otra vez con Sayed y Johannes para estar a solas con ellos en dos estancias distintas, mientras que Claire trataba de huir y Mohammad la introducida contra su voluntad en el inmueble.

Las norteamericanas son jóvenes deportistas que entre otras especialidades han competido en atletismo y natación, pero en ningún momento ofrecieron resistencia física ni pidieron auxilio para echar del inmueble a los tres afganos. En su relato expusieron a los investigadores que para lograr que los presuntos violadores se marchasen del piso, Julia y Olivia se inventaron que tenían que coger un avión y los chicos las acompañaron a la estación de autobuses de San Andrés. Entretanto, Claire se quedó en el domicilio de Santa Eulalia simulando estar borracha. La menor de las hermanas apostilló a la UFAM que el acoso de los sospechosos se extendió hasta el andén: “El chico que me agredió intentó forzarme para besarme, pero le dije que parara”. Tanto Julia como Olivia afirmaron que para deshacerse de los violadores se escondieron en los aseos haciéndoles creer que se habían ido de Murcia.

Las norteamericanas Olivia, Julia y Claire, son muy aficionadas al deporte en Ohio E.E.

Se van sin avisar a la Policía

Con estos testimonios plagados de incoherencias y lagunas, la Policía Nacional trató de dar con el paradero de los agresores llevándose a las chicas por las tascas de Murcia para ver si recordaban en qué local de copas conocieron a los afganos. No hubo suerte. El jueves 2 de enero uno de los investigadores se puso en contacto con Julia para recabar más información con la que reconstruir el recorrido de las norteamericanas por las calles de Murcia en Nochevieja y así solicitar las grabaciones de comercios, bancos y locales de copas, cuyas cámaras podrían haber filmado a los sospechosos: Sayed, Johannes y Mohammad. Durante la llamada el policía se queda de piedra porque la joven informa de que ella y sus dos hermanas están en el aeropuerto de Alicante a punto de coger un vuelo al este de Francia.

Nuevo contratiempo en la investigación: las víctimas se marchan del país sin avisar previamente a la Policía Nacional y subrayan que solo colaborarán por vía telemática (a través del teléfono o del correo electrónico). La llamada telefónica se corta de forma repentina cuando la UFAM le pregunta a Julia si con motivo de su beca de intercambio había contratado una póliza de viaje por Europa, que incluye una indemnización en caso de violación: “Se le consulta si está siendo asistida por algún seguro para este tipo de incidentes, pero se corta la llamada, a continuación no atienden a las llamadas”.

Los investigadores tratan de retomar la comunicación con las víctimas y contactan con la Policía Nacional en el aeropuerto de Alicante para que las localicen. Otra vez se quedan a cuadros: las norteamericanas les han mentido porque los agentes les informan de que no existe el vuelo que iban a coger las víctimas. “No tienen constancia de la salida de viaje alguno en dicha mañana a Francia”. A pesar de todas las dificultades y las mentiras, la UFAM prosigue con sus pesquisas y logra averiguar que las hermanas conocieron a los afganos en el BadulaKe Erasmus Bar de la capital murciana.

Con la descripción física de los sospechosos que ofrecieron las víctimas en su declaración en Comisaría, junto a las cuentas de Instagram y Facebook que aportaron de los afganos, la UFAM dio con los perfiles de Sayed, Johannes y Mohammad. La Policía Nacional necesitaba que las norteamericanas confirmasen que eran los supuestos violadores y tuvo que contactar con la Embajada de Estados Unidos en España para que les ayudasen a averiguar el paradero de las tres hermanas: estaban en Viena.

El gasto de recursos públicos prosigue porque los investigadores activaron en la Embajada Española en Austria un dispositivo para localizar a Julia, Claire y Olivia en la capital vienesa. Estas pesquisas eran cruciales para el devenir de la investigación porque la UFAM necesitaba que las americanas realizasen un reconocimiento fotográfico de los tres supuestos agresores sexuales a los que detuvieron el jueves 2 de enero. El viernes 3 de enero, a las 23.15 horas, Julia contacta telefónicamente con la Jefatura de Murcia y realiza acta de reconocimiento a través de la Dirección de Policía del Estado Federado de Viena: la joven afirma que esos afganos son los chicos del Pub Badulake.

Jefatura de Policía Nacional de la Plaza Ceballos de Murcia, donde se denunció el suceso.

Acusados y víctimas se besaron

La Policía Nacional agotó el plazo máximo legal de 72 horas para mantener retenidos en los calabozos a los presuntos violadores con el objetivo de recabar la mayor cantidad de pruebas incriminatorias, sin embargo, los testimonios de varios testigos y las grabaciones de las cámaras de seguridad aportaban interrogantes sobre la veracidad de la denuncia de las norteamericanas. Valga como ejemplo la conclusión a la que llega la UFAM tras visionar las imágenes de la estación de autobuses de San Andrés: “Allí se despiden con un beso (chicas y chicos), no se observa violencia física en ello, sino un acompañamiento cordial de los varones”.

En el inmueble de la calle Cortes donde vive Sayed, sus dos compañeros de piso confirmaron que en la madrugada de Año Nuevo estaban en sus habitaciones y no escucharon ni gritos ni gemidos de relaciones sexuales, solo el jaleo propio de una fiesta y las risas de unas chicas hablando en inglés con unos chicos. La vecina de escalera del piso que Julia alquiló en el Barrio de Santa Eulalia también confirmó que no escuchó a nadie pedir auxilio durante la celebración de Nochevieja.

En los tres informes clínicos el diagnóstico de los médicos que revisaron a las hermanas norteamericanas es el mismo: “Agresión sexual”. Esta unanimidad forense queda salpicada por la confesión que realizó Julia durante el reconocimiento al que se sometió, tal y como recogen las diligencias de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM): “Julia pese a que en su declaración policial relata una agresión sexual con penetración y sin consentimiento, en el relato a los médicos en Urgencias, declara que quería intimar con el chico (Sayed), pero no para tener sexo y que tuvo sexo consentido sin protección”. La joven becada para aprender español también detalló a un facultativo que “cuando descubrieron que le habían robado una tableta decidieron llamar a la Policía”. Otra afirmación que provoca un nuevo interrogante: ¿Denunciaron a los afganos por la violación o por el robo?

Críticas del fiscal a las víctimas

Sayed, Johannes y Mohammad fueron puestos a disposición del Juzgado de Instrucción número 9 de Murcia, el sábado 4 de enero, y se acogieron a su derecho a no declarar. El contenido de los testimonios de las norteamericanas no pasó desapercibido para la Fiscalía porque a pesar de que los jóvenes se acogieron a su derecho a no declarar, el fiscal no solo se opuso a que ingresaran en prisión, sino que además criticó la conducta que habían mantenido las denunciantes durante la investigación.

“En primer lugar, se quiere manifestar por el Ministerio Fiscal que la ausencia de las víctimas a fin de tomarles declaración en sede judicial, donde el principio de contradicción es fundamental a la hora de valorar el testimonio, supone limitar la capacidad de respuesta penal ante hechos denunciados y de carácter tan grave como los que se dice que ocurrieron, máxime cuando las víctimas fueron advertidas de la necesidad de su colaboración y no obstante estar dispuestas a prestarla, a continuación siguieron con la planificación de sus respectivos viajes sin poder contar el día de hoy con su testimonio, afirmando primero un destino (Francia) que resultó no ser cierto hasta poder dar con su paradero en Austria”.

El Ministerio Púbico subrayó las “lagunas y contradicciones que existen en los testimonios de las propias víctimas” y no se anduvo con paños calientes a la hora de resumir el contenido de la denuncia: “Que las tres hermanas sufran una agresión sexual, suban al piso con sus agresores sin que conste violencia o forzamiento alguno, que nada se digan entre ellas, que no traten de huir o que no pidan el más mínimo auxilio, y que después se dejen acompañar por los agresores hasta despedirse amigablemente en la estación de autobuses resulta cuanto menos necesario de una mayor explicación por las testigos víctimas que no se puede obtener en el Juzgado de Guardia por ausencia voluntaria de las mismas”.

La magistrada Olga Reverte en el auto que acuerda dejar en libertad con cargos a los jóvenes afganos también concluye que el relato inicial de las violaciones “se presenta parcialmente incoherente y necesitado de mayor aclaración”. Como medidas cautelares estableció una orden de alejamiento de las denunciantes de 200 metros, así como la obligación de que comparezcan semanalmente en los juzgados y la retirada de los pasaportes de Johannes, que carece de permiso de residencia en España, y de Sayed y Mohammad, que cuentan con asilo político en suelo español por la situación bélica de Afganistán.

El abogado pedirá el archivo

La última revelación del caso es que las norteamericanas presuntamente contrataron un seguro de viaje por Europa que contempla una indemnización económica en caso de violación. Fuentes policiales confirman a EL ESPAÑOL que a la línea de investigación inicial para aclarar si Sayed, Johannes y Mohammad son los autores de dos agresiones sexuales y una en grado de tentativa, ahora se suman las pesquisas encaminas a aclarar si Julia, Claire y Olivia les denunciaron para cobrar el dinero de la póliza.

Melecio Castaño, el abogado defensor de los tres adolescentes afganos, avanza que emprenderá acciones legales contra el trío de hermanas norteamericanas: “Voy a pedir que se les deduzca testimonio por la posible comisión de un delito de falsa denuncia”. Para ello solicitará una orden de extradición porque ha tenido conocimiento de que las jóvenes presuntamente también mintieron a la Policía Nacional al asegurar que no podían volver a colaborar presencialmente en la investigación porque en Viena les esperaban sus padres y tras su estancia en la ciudad austriaca regresarían con sus progenitores a Ohio. Nada de eso ocurrió porque actualmente solo una adolescente volvió a Marietta y las otras dos siguen de tourné por Europa.

Melecio Castaño, el abogado defensor de los tres jóvenes afganos acusados de una agresión sexual, en su despacho del bufete que tiene frente al Centro Comercial Atalayas de Murcia. J.G.

Entre las tres existen fuertes vínculos emocionales sobre los que se están apoyando para mantener a juicio de Castaño una conducta huidiza con las autoridades españolas. El letrado también tiene previsto presentar una querella contra las hermanas para reclamarles responsabilidades legales y civiles para que indemnicen a sus clientes por los daños morales y psicológicos que han sufrido. Melecio Castaño no solo se refiere al perjuicio que han causado a estos adolescentes por pasar tres días en los calabozos y salir de los juzgados a la carrera para evitar a los medios de comunicación que se agolpaban en la Ciudad de la Justicia de Murcia, sino al hecho de que han tenido que cambiar de domicilio porque han sido amenazados por grupos de extrema derecha.

“A través de Facebook les han llegado amenazas xenófobas y se han escondido porque están muy afectados”. Johannes no pude volver a Noruega a retomar sus estudios y Sayed y Mohammad han dejado aparcado temporalmente su formación en el Centro de Cualificación Turística de la Región. El letrado está a la espera de que el juzgado le autorice a tener acceso a los teléfonos que les fueron intervenidos a sus clientes para reunir pruebas con las que solicitar el archivo de las diligencias judiciales de investigación: “Las norteamericanas estaban citadas para ratificar su denuncia de violación y no comparecieron en los juzgados porque actuaron guiadas por un móvil espurio para defraudar a la compañía de seguros a costa de estos pobres chavales”.

Melecio Castaño revela que sus defendidos “en sus móviles tienen grabadas secuencias que demuestran que las relaciones sexuales fueron consentidas porque estuvieron bailando y bromeando con las chicas el tiempo que pasaron en el Pub Badulake”. La causa todavía no ha sido asumida por el Juzgado de Instrucción número 2 de Murcia del que ahora dependerá el rumbo que toma esta investigación judicial donde las víctimas norteamericanas podrían acabar convertidas en villanas y los agresores afganos podrían ser elevados a la categoría de mártires. Todas las hipótesis están abiertas.