Quiero volver porfa / Estoy metida en un lío / Me han intentado prostituir / Te dejo, antes de que se enteren... 

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Estos son solo algunos de los mensajes desesperados que la joven de 14 años, agredida sexualmente por la manada de menores de Palma (Mallorca), envió a su psicóloga del centro de acogida para pedirle auxilio en Nochebuena; pero ya era tarde. Había sido retenida, violada y estaba siendo vigilada por los seis menores y el adulto, de 19 años, que habían participado en la violación grupal. Posteriormente detenidos y ahora en libertad provisional con cargos.  

Al advertir los whatsapps, la responsable avisó al centro. Cuando los trabajadores fueron a rescatarla, la encontraron en un "estado lamentable". La Policía Nacional se hizo cargo del caso de la joven que semanas más tarde ha destapado un problema aún mayor en la isla. Al parecer, hay registrados 16 casos de menores tuteladas que han sufrido explotación sexual durante las constantes fugas de los pisos y centros de acogida, a cambio de pequeñas cantidades de dinero o regalos. 

Un asunto del que eran conscientes trabajadores sociales y agentes de policía, pero que el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS) no solventó. Se trata, en la mayoría de casos, de niñas de catorce y quince años que han sido apartadas de sus familias porque han sufrido abusos sexuales o desatención grave. 

Las menores son ingresadas en distintos pisos, tutelados tanto por entidades privadas como públicas. Son centros abiertos, de los que resulta fácil fugarse. En muchos casos, como le ocurrió a la joven violada de Palma, según avanzó Última Hora, las menores son captadas por sus propias compañeras.  

EL ESPAÑOL ha tenido acceso al sumario del caso de la violación grupal, en el que se relata paso a paso todo lo que vivió la joven de 14 años en Nochebuena hasta que fue rescatada por los trabajadores de su centro de acogida; una vez pudo mandar a través de su teléfono móvil una veintena de mensajes de socorro. 

Dentro de un maletero

El único adulto detenido por la violación grupal, a su llegada a los juzgados de Palma. Alejandro Sepúlveda

No era la primera vez que la joven se fugaba del centro de acogida en el que vivía; y cuando lo lograba nunca volvía por su propio pie. El día 24 de diciembre logró zafarse de una cuidadora y se introdujo en un edificio del barrio mallorquín de Son Gotleu, más conocido como Corea por su estado de dejadez, donde solía pernoctar cuando se fugaba. 

Poco después, vendió la joya de oro que portaba para comprar sustancias junto a una amiga. En un callejón de ese barrio, ella y su compañera ya vivieron el primer episodio dramático. Dos varones de raza negra intentaron abusar de ellas, pero la intervención de la dueña de un bar les salvó.

No ocurrió lo mismo en el interior del establecimiento, donde recibió varias ofertas para prostituirse. Una vez dentro, no las dejan salir y le dan bebidas alcohólicas y drogas, hasta el punto de alcanzar el estado etílico. Es entonces cuando aparece en el bar una supuesta buena amiga de la joven, que se encuentra en un coche lleno de jóvenes. Acto seguido, la meten en un maletero y le dicen que van a una fiesta en un piso de Son Gotleu. 

Una vez llega a la casa, la docena de menores que hay congregados allí son conflictivos, según relató la víctima. A algunos los conoce; a otros no. Minutos más tarde, la menor de 14 años empieza a percatarse de que pretenden abusar de ella y le dice a su supuesta buen amiga que se quiere marchar. Para su sorpresa, esta conocida —que también fue detenida le contesta que "solo le abrirá la puerta si hace todo lo que ella diga".  

Es cuando la lleva a una habitación y empieza el terror para la joven: comienzan a violarla. Para forzarla los menores se van turnado. Después, la siguen sometiendo a todo tipo de perversiones y humillaciones. 

El descampado

Imagen del barrio de Corea, en Camp Redó (Palma) EFE

Los hechos, no obstante, no acaban ahí. Uno de los adolescentes que se encuentran en la vivienda abandonada se lleva a la joven en un coche, sin tener carnet, y vuelve a violarla en un descampado de la calle Aragón, en Palma. Una vez termina de agredirla sexualmente, ambos vuelven al piso. 

A la mañana siguiente, la joven consigue escapar porque los agresores están despistados, fumando. En ese momento, aterrada por todo lo que había ocurrido y aún pendiente de sus agresores, contacta a través de su teléfono con su psicóloga, a la que le envía hasta 20 mensajes implorándole ayuda y rescate: 

Lo siento de corazón, sé que no servirá de nada / Quiero volver porfa /  Pero estoy metida en un lío / Me han intentado prostituir / Ayúdame te lo juro que no quería pero (da un hombre) de Son Gotleu me ha hecho esto, me enganchó y había negros grandes y no sabía que hacer y (da otro nombre) y yo nos tuvimos que separar y fue cuándo pasó todo esto. 

Los mensajes no cesan, escribe rápido, acaba de escapar. Te dejo antes de que se enteren / Ayuda / Porfa / En Son Gotleu / Ayuda / Porfa / Cuando lo veas haz algo, es lo único que te pido. 

Se deshizo del móvil

Los técnicos de su centro de acogida acudieron rápidamente en su auxilio y la encontraron en un estado desolador. "Estaba totalmente asustada, con la cara descompuesta y pidiendo que la sacaran de allí". Una vez le atienden, la joven rompe a llorar y no habla con nadie hasta que los trabajadores le convencen para contar todo lo que había vivido en la noche previa a la Navidad. 

Tras las detenciones de la manada, la mayoría de etnia gitana, otro dato que trascendió fue que uno de los menores, cuando estaba en la Jefatura acompañado de su madre, aprovecho para lanzar su teléfono móvil desde una ventana abierta. El terminal quedó destrozado y además fue recogido por otros familiares en la calle. Ahora, sin embargo, lo ha recuperado la Policía. Los acusados sostenían, desde un principio, que había un video que demostraba que el sexo era consentido, aunque todo indica que no decían la verdad.