Una de las muchas tradiciones que tiene la Familia Real cuando llegan estas fechas es la de enviar su felicitación de Navidad. En este 2019 los Reyes Felipe y Letizia han escogido para felicitar las fiestas una imagen de los últimos premios Princesa de Asturias; más en concreto una instantánea de su visita al pueblo ejemplar premiado en esta última edición, la localidad asturiana de Asiegu. En ella se ve a los Monarcas con sus dos hijas, Leonor y Sofía, en el balcón de madera de una de las casas de la pequeña población, muy famosa por su queso.

Pero este no es el único christmas que sale del Palacio de la Zarzuela a muchos buzones de España. El de los Reyes Eméritos también se envía cada Navidad. Muchos medios de comunicación se hicieron eco de que la foto elegida por Juan Carlos y Sofía era una de ambos posando el pasado verano delante de las puertas del Club Náutico de Sansenxo, afirmando la reconciliación entre los padres del actual Rey. Sanxenso se ha convertido en la pequeña corte galllega de Juan Carlos. Una vez perdidos todos los papeles representativos oficiales así como su influencia en Zarzuela. En el palacio mandan dos, Felipe y Letizia, así como se decía en el PSOE de Felipe González: "Fuman dos y uno de ellos va a por el tabaco". El otro era Alfonso Guerra. 

Sin embargo, ya el año pasado enviaron una imagen de ambos, lo llamativo de la felicitación de los Eméritos en estas navidades es que ninguno de los dos ha firmado con la ‘R’ mayúscula de Reyes acompañando su nombre, como era costumbre y sucedió en la felicitación emitida de 2018. 

Aunque puede que para muchos esto suponga un detalle insignificante, en realidad sólo es un ejemplo más de lo que este 2019 ha supuesto para el rey Juan Carlos: su declive final, aunque sigue teniendo el título de Rey hasta el día de su muerte aunque no haga uso de él.

Este año que se va ha sido seguramente el peor en la vida del Emérito como rey. Se le ha caído hasta la 'R' que le precedía. Estas son las razones por las que el padre de Felipe VI querrá borrar 2019 de su memoria. 

1. Malísima salud 

La nueva rutina de Juan Carlos en su día a día está centrada en su recuperación. El ex Jefe del Estado está obsesionado con volver a caminar de forma erguida, sin ayuda de bastón ni de ayudante. No terminar en una silla de ruedas como le ocurrió a su madre, la duquesa de Barcelona. "Para él sería una pesadilla hecha realidad, lo hemos comentado en muchas ocasiones, no quiere verse así, le obsesiona ese tema", confiesa una de las personas más cercanas al padre de Felipe VI.

Al Emérito le sigue molestando la cadera izquierda, cuya prótesis le colocaron en 2013 pero a la que no consigue acostumbrarse. Esto unido a una que le remplazaron en abril del 2018 en la rodilla derecha hace que tenga ciertas dificultades para caminar. Su fisioterapeuta le visita cada mañana para conseguir que su movilidad mejore, cosa que está consiguiendo a base constancia y esfuerzo. "Ya le gustaría a muchos deportistas de élite hacer la cantidad de ejercicio que hace el ‘Jefe’. Es súper constante, no descansa más que los fines de semana. Tiene una rutina súper marcada, incluida la piscina, que es lo que más le gusta. Eso sí, las personas que trabajan con él en su recuperación tienen una paciencia… tiene muy mal carácter y los gritos se oyen en todo El Pardo", revela una persona que trabaja dentro del recinto de la Zarzuela.

Juan Carlos I sale de la clínica Quirónsalud después de someterse a un triple bypass coronario.

Pero sin duda el mayor susto se lo llevó el pasado agosto, cuando con 81 años se sometió, en el Hospital Quirónalud, de Madrid, a un triple bypass coronario. La recuperación del marido de la Reina Sofía ha sido asombrosa hasta para los propios médicos, ya que se trata de una intervención a corazón abierto y él se encontraba en forma a los pocos días de la operación.

Además, otros dos pequeños avisos de salud han dejado huella al Emérito en este 2019. En pasado mes de marzo le tuvieron que extirpar una lesión cutánea de la cara y en noviembre una rama le jugaba una mala pasada en la cabeza, haciéndole una gran brecha.

2. No puede viajar lejos



La intervención del bypass ha supuesto un duro golpe para don Juan Carlos en un sentido que casi le duele más que el propio de la salud. Como él le comentó a un buen amigo: "Se ha convertido en mi carcelero". Y es que el Emérito ha tenido que dejar de disfrutar de una de las cosas que más le gusta en la vida: viajar. Aunque el padre de Felipe VI sigue haciendo trayectos cortos, como a Galicia a navegar o a Extremadura a cazar, lo cierto es que por consejo médico ha dejado de hacer largos desplazamientos.

Juan Carlos I, durante su visita a Danilo Medina, presidente de República Dominicana. Casa Real

Mientras que antes de pasar por el quirófano hizo una visita a los hermanos Fanjúl en su fabulosa casa de la República Dominicana y luego se desplazó a Finlandia, donde se convirtió en campeón del mundo de vela, con su equipo, desde que le operaron el 24 de agosto no ha podido coger un avión. Sus médicos se lo tienen prohibido. "Y esto le tiene cabreadísimo. De hecho, esta Nochevieja la pasará en Galicia, cuando a él lo que le gusta es irse hacia el calor. Esta vez quería tomar rumbo a Miami, a visitar a varios amigos que tiene en Florida, pero no le han dejado", cuenta una fuente cercana al Rey padre.

3. Jubilación forzosa



El rey Juan Carlos no sabe estar sin hacer nada. Hace poco nos comentaba que, como las bicicletas, "o sigues rodando o te caes". Y él de caídas sabe mucho, pero casi sabe más de cómo tienes que levantarte. El 28 de mayo, anunció a su hijo su intención de no volver a participar en ningún acto público y fue el equipo del actual Rey el que decidió hacerlo público. Él quería estar en un segundo plano tranquilo, pero con la idea de que si su hijo le necesitaba ahí estaba él. Con el anuncio, esa posibilidad quedó arruinada. Y esto le dolió enormemente. 

Sofía, a la izquierda, mira cómo Juan Carlos I le cede el testigo a su hijo Felipe VI.

Juan Carlos tardó dos años en tomar la decisión de abdicar en su hijo en 2014, esta vez, no quisieron darle la oportunidad de dudar sobre su jubilación y lo dieron como un hecho a toda la opinión pública. En cierto modo, por la manera en que Juan Carlos entiende la vida y su compromiso con la función pública, fue como enterrarle en vida. Obviamente, Felipe VI y su equipo aprovecharon el paso atrás de Juan Carlos para expulsarlo definitivamente de la foto oficial. 

4. La comida de las grandes ausencias



Otro de los golpes recibidos este 2019 fue la famosa comida y posterior corrida de toros que tuvo lugar en Aranjuez. Este almuerzo fue planificado como un pequeño homenaje que amigos y familiares le daban a Juan Carlos con motivo de su retirada de la vida pública. La cita tuvo lugar el domingo 2 de junio en el Jardín de Oñate, propiedad del amigo del Emérito Pedro Trapote. Al lado de Juan Carlos estuvieron sus hermanas, las Infantas Pilar y Margarita acompañadas por su prole.

Juan Carlos I, en su despedida en Aranjuez, junto a la infanta Elena.

La Infanta Elena con su dos hijos, Froilán y Victoria. Y entre sus amigos, Manuel Prado, Javier Corsini, Javier Arias o Rafael González, entre otros. Pero más allá de las presencias, de ese domingo de casi verano de lo que más se habló fue de las ausencias. "Aunque ya sabíamos todos que no iban a venir, siempre te queda una pequeña esperanza. Le dolió mucho que no se acercaran ni su hijo, el Rey, ni sus nietas, la Princesa de Asturias y la Infanta. De su nuera no esperaba nada, ni lo espera", cuenta uno de los invitados a la ya famosa comida en Aranjuez.

5. La enfermedad de su hermana



"Casi está más afectado por la mala salud de su hermana Pilar que por la suya propia. Comen casi todas las semanas juntos los tres, ellos dos y Margarita. Ha estado muy preocupado por ella", revela uno de los mejores amigos del Emérito.

La infanta Pilar y Juan Carlos I.

6. Su nieta ni le cita



Aunque Juan Carlos ya no espera nada, sí es cierto que otro pequeño detalle que tuvo lugar en octubre lo sintió como una puñalada en el corazón.

Leonor, en su primer discurso, en los premios Princesa de Asturias.



Toda España tenía puesta su mirada el 18 de octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo. La Princesa de Asturias iba a hacer su primer discurso público. Leonor quiso agradecer el apoyo de sus padres, los Reyes, y la presencia de su abuela, la Reina Sofía, pero no tuvo ni una sola palabra hacia su abuelo Juan Carlos, la persona a la que, sin duda, le debe estar ahí. "Fue un detalle tan feo. Él se ríe y no le da importancia, pero en una cena que tuvimos unos días después hablaba con tristeza del tema", añade un querido amigo del entorno de Juan Carlos I. 

El 2019 ha sido el año de la jubilación de don Juan Carlos, una palabra que para la mayoría de los españoles significa descanso y paz, pero para él es una condena insuperable. 

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