Hay una anécdota, ampliamente conocida, que cuenta que en el palacio de El Pardo había una lucecita que nunca se apagaba. Era el caudillo, Francisco Franco, trabajando por y para España. Así se vendía la propaganda oficial del régimen. Pero los tiempos se han modernizado. Durante la época de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno también había una lucecita en el palacio de La Moncloa. Pero esta lumbre, en vez de no apagarse, tintineaba por las mañanas. Significaba que el presidente estaba haciendo ejercicio en sus máquinas estáticas. Ahí había una cinta para correr y su añorada bicicleta, el objeto que más echa de menos.

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El expresidente del Gobierno ha vuelto a aparecer en la esfera pública que había abandonado casi a la par que dejaba La Moncloa. Y lo ha hecho de manera pop en el programa El Hormiguero, presentado por Pablo Motos. Como Francisco Umbral, Rajoy se ha puesto de nuevo bajo el foco para hablar de su libro, de memorias, Una España mejor, cuyo título hace referencia a las últimas palabras que pronunció en el cargo.

En el programa, Rajoy contó un poco de política y un poco de anécdotas. Una de las más esperadas: que no se acordaba de qué había tomado en el restaurante aquella tarde de la moción de censura, cuando los españoles estuvieron presididos temporalmente por un bolso, el de Soraya Sáenz de Santamaría, que lo posó en el escaño del jefe del Ejecutivo. Pero hubo una novedad, una anécdota nueva para el inventario Rajoy.

Mariano Rajoy, este martes en 'El Hormiguero'.

¿Se le olvidó algo en la Moncloa que le dio pena dejarse?, preguntó Trancas o Barrancas, una de las hormigas del programa, nunca es fácil decir. “Sí, una bicicleta estática”, respondió el otrora presidente. “Y la tengo ahí en un… porque no me cabía en casa. Entonces, tengo que ver qué hago con ella, pero está en La Moncloa. Pero bueno, se la puedo prestar a cualquiera, está ahí”, añadía.

Ahora, lo que cabe preguntarse es dónde está la bicicleta. Cuando Pedro Sánchez entró en el palacio de La Moncloa, cuenta él mismo que lo primero que hizo fue deshacerse del colchón de Mariano Rajoy. Siguiendo la tradición iniciada por Calvo-Sotelo, lo inmediato que se hace en el palacio cuando hay un nuevo inquilino es cambiar el colchón, las sábanas y las toallas. Estos se donan a una ONG. Pero la bicicleta no tiene el mismo valor simbólico, tiene más, es lo que más echa de menos.

Y es que Rajoy, apasionado del deporte como era y seguía siendo, siempre le ha dado importancia a practicarlo. Según ha comentado parte de su círculo cercano a EL ESPAÑOL, su deporte favorito era salir a caminar rápido -a la manera de Rajoy, entre que sí y que no- por los jardines de La Moncloa. Pero eso sólo cuando hacía calor. Cuando hacía demasiado frío el presidente se subía a la parte residencial del palacio, en la segunda planta. Ahí estaban la cinta de correr y la bicicleta estática. Y, justo debajo, la luz que tintineaba y avisaba a los trabajadores de su entorno que el jefe se estaba ejercitando.

Abandonada en un almacén

“La relación de Rajoy con el deporte era total”, explica a este diario uno de los más cercanos de su equipo. “Se sabía hasta el resultado del último partido de bádminton y, cuando iba en el coche con él, la mayoría de las conversaciones eran sobre deporte, estaba obsesionado”, dice con un tono cariñoso.

Pero también lo practicaba y, para eso, tenía disciplina militar. El jefe del Ejecutivo solía levantarse a las 7.00 de la mañana todos los días y pasaba la primera hora, hasta las 8.00, o bien caminando o bien en sus máquinas estáticas, su querida bicicleta entre ellas. “Esto le servía para orientar el día, era totalmente necesario para él, incluso cuando salía fuera de España”, añade la fuente, que ha pedido permanecer en el anonimato. “En siete años que estuvo de presidente del Gobierno, nunca se puso malo, nunca enfermó, y él lo achacaba al deporte”, comenta.

“Cuando estaba en La Moncloa se aficionó más a las caminatas, pero anteriormente sí que hacía más bicicleta estática”, asegura. Pero no la abandonó del todo. No sólo porque tenía una en su residencia y porque ahora la eche de menos, sino porque la bicicleta estática también sirve como metáfora de la forma de gobernar que tuvo.

En muchos momentos clave, parecía que Rajoy hacía gala de un inmovilismo raro, como si no fuera con él, difícil de entender para muchos. Pero luego demostraba que sabía manejar los tiempos políticos como nadie y acababa logrando la cuadratura del círculo; como una bicicleta estática que, parece que no, pero se mueve.

Sin embargo, a pesar del cariño que le tenía, Rajoy la tuvo que dejar ahí. Primero, porque la mudanza de salida de La Moncloa fue exprés. Segundo, porque no tenía lugar donde ponerla en su casa y ahí se quedó. Pero no se olvida de ella. “Tengo que ver qué hago con ella”, dijo en El Hormiguero.

Mariano Rajoy durante la presentación de su libro. EFE EFE

Seguramente, a menos que Pedro Sánchez se la haya querido apropiar, la bicicleta haya ido a parar a una suerte de almacén que hay en La Moncloa, según cuenta su entorno. Ubicado cerca de la casa de servicio, ahí hay un espacio para meter todos esos recuerdos de antiguos presidentes. Pero la bicicleta no es lo único que ha acabado ahí. Por ejemplo, José María Aznar tenía unas vitrinas con los regalos de los mandatarios extranjeros a la que llamaban “el museo de los horrores” por lo barroco de todo ello. Eso también fue a parar al almacén cuando llegó José Luis Rodríguez Zapatero. Ya se sabe, nuevos tiempos, nuevos recuerdos.

La mudanza exprés

El 1 de junio de 2018 prosperaba por primera vez en la historia de España una moción de censura. El damnificado, Mariano Rajoy, acababa así, como de repente, su etapa como presidente del Gobierno. Al margen de la política, en ese momento en el que Pedro Sánchez era nombrado nuevo jefe del Ejecutivo, empezaba a ponerse en marcha una maquinaria silenciosa para hacer efectivo, físicamente, el cambio de titular del cargo.

“La salida de La Moncloa fue muy rápida”, cuenta su confidente. “Las cajas se hicieron en 48 horas, y no lo hizo sólo la familia sino todo el gabinete. Recuerdo que su mujer estaba agotada. Ella se metió, como todos, a hacer cajas y organizar las cosas y fue muy duro”, añade. En esas, ¿qué hacer con la bicicleta estática? Como no había donde meterla y había mucha prisa, ahí se dejó.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, frente a la fachada del palacio de La Moncloa. EFE

Hay una anécdota que resume perfectamente la rapidez con la que se hizo todo, impulsada también por la prisa que tenía Pedro Sánchez por dormir y ocupar su sitio en La Moncloa. La noche de la moción de censura, un viernes, se le hizo una pequeña fiesta a Mariano Rajoy por parte de su equipo y de los trabajadores del palacio. Después de la fiesta, un coche recogió a Rajoy y lo llevó al palacio, pero algunos de su equipo siguieron en el lugar.

En esas, Juan Manuel Serrano -que era jefe de gabinete de Sánchez y ahora es el presidente de Correos- llamó a José Luis Ayllón, jefe de gabinete de Mariano Rajoy que sustituyó a Jorge Moragas. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, Serrano le preguntó a Ayllón que cuándo tenía pensado Rajoy salir de La Moncloa para ver si Sánchez podía dormir ese mismo fin de semana. La moción se materializó un viernes por la tarde.

Volviendo a la entrevista en El Hormiguero, cuando Rajoy contó que se había dejado la bicicleta, una de las hormigas añadió: “Aquí queda dicho, si se la queréis mandar”. La otra dijo: “Yo he visto una en Wallapop. A ver si va a ser que Pedro Sánchez la está vendiendo. Así que tenga cuidado”. Y, en ese momento, Rajoy hizo una mueca, abrió la boca, como si fuera a decir algo que se acabó callando. “Él tiene una cosa buena”, explica su cercano, “no lo notas, no expresa sus sentimientos y es una persona radicalmente fuerte, no se anda con melancolías”.