Pepe Barahona Fernando Ruso

Jesús y Olga viven en un mar de dudas desde el pasado 8 de noviembre, fecha en la que nació su primera hija, Daniela. Los tres viven en el Polígono de San Pablo, un barrio obrero de Sevilla. Por sus calles, y con los ojos ya puestos en el cercano centro de salud, avanzan diligentes empujando el carrito con esa cariñosa torpeza típica en los padres primerizos.

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Llueve y hace frío, pero hoy toca salir de dudas. Ya van dos semanas desde el alumbramiento y siguen si saber si el ombligo está sanando bien, si es normal esa irritación en la piel, cómo hay que colocarla en la cuna para evitar la muerte súbita que les quita el sueño o si por el número de tomas de leche su bebé se está alimentando bien. Hoy, por fin y fuera de plazo, los verá por primera vez una pediatra; y no ha sido fácil. Sus vecinos llevan una semana de protestas y cortes de calle para evitar que desaparezcan de su ambulatorio los dos únicos especialistas que atienden a los 2.200 niños del barrio.

“Primerizos y sin pediatra, hemos pagado la novatada a base de bien”, se queja Olga, de 28 años. “Menos mal que las abuelas nos han ido orientando, porque si no…”, completa Jesús, de 37 años.

Vecinos del Polígono San Pablo (Sevilla), posando en la puerta del Centro de Salud tras lograr el restablecimiento del servicio. Fernando Ruso

Desde que llegaron a casa, después de cuatro días ingresados en el hospital por la cesárea, han ido de aquí a allá en busca de un pediatra. En su centro de salud, del que viven a solo cinco minutos caminando —“y mucho es”— se toparon con la sorpresa de que los habían derivado, como a la mitad de los niños del barrio, a otro centro situado a tres kilómetros de distancia, en Sevilla Este; a la otra mitad, a El Greco, un poco más cerca.

La noticia de que los dos únicos pediatras del barrio dejarían de pasar consulta corrió como la pólvora por los grupos de WhatsApp. Varios padres coincidieron al poner reclamaciones en el centro de salud. De esas tertulias improvisadas surgió una plataforma en Facebook, desde donde se han ido organizando las protestas. Y así, los vecinos del barrio se alzaron en armas contra la Junta de Andalucía: con carritos de bebé y andadores para las abuelas. En familia han cortado avenidas, llegándose incluso a encarar con los antidisturbios, para conseguir que los pediatras sigan atendiendo a sus hijos. Y lo han logrado.

“No existen pediatras en el mercado laboral”

Al menos de momento, porque la respuesta de la Junta de Andalucía ha sembrado la inquietud en los vecinos del barrio: “actualmente no existen pediatras disponibles en el mercado laboral”. Según explican desde la Consejería de Salud y Familia, esta es una “situación generalizada en el Sistema Nacional de Salud” y, en consecuencia, piden que el Ministerio de Sanidad incremente el número de plazas MIR.

Aunque las razones esgrimidas por la Junta no satisfacen a uno de los padres que ha encabezado las movilizaciones del barrio de San Pablo, Cristian, enfermero de profesión. “Yo le respondo que mañana mismo, si quieren, les pongo en sus manos 200 currículums de pediatras, porque los hay de sobra”, confirma. “Si no los hay en la bolsa, que los busquen —reclama—; su trabajo es garantizar la sanidad, cosa que no hacen”.

El comunicado emitido por el ayuntamiento de Hinojos en relación a la falta de pediatras en la localidad. Fernando Ruso

“Creemos que el motivo real es que quieren cerrar este centro de salud y ya han empezado por los pediatras”, elucubra Cristian, padre de dos niños, Daniela, de cinco años, y Cristian, de dos; ella es multialérgica, motivo por el que sus visitas al pediatra han sido recurrentes en sus escasos años de vida. “Lo que no es normal es que la falta de pediatras solo se dé en los barrios obreros, y que en el los boyantes económicamente haya incluso exceso de pediatras”, se queja. “En Torreblanca o Palmete están igual que nosotros”.

Según un informe de la Asociación Española de Pediatría (AEP) de 2018, en España hay 10.437 plazas de pediatría, de las que 6.330 en están en la atención primaria. Una cifra que, a juicio de esta organización, es insuficiente. “Y desde que hicimos el informe la cosa ha ido a peor”, explica el vicepresidente de Atención Primaria de la AEP, Juan Ruiz-Canela. En resumen: en España faltan unos 2.000 pediatras según sus cálculos.

Crisis y jubilaciones justifican la escasez

La ecuación es sencilla, a la escasa reposición de pediatras en los últimos años por culpa de la crisis económica hay que sumar las elevadas jubilaciones que se esperan para los próximos años, unas mil en los diez años venideros. El 20 por ciento tienen más de 60 años. El resultado tiene dos consecuencias: faltan especialistas y no hay pediatras en paro en España. “Ahora es cuando se está viendo el problema, pero de esto se lleva tiempo hablando sin que el Ministerio haya adoptado ninguna medida correctora”, asegura Ruiz-Canela. “Y habría sido fácil de resolver teniendo un poco de previsión”, asegura.

De media, la AEP considera que los pediatras deberían tener como máximo a mil niños para asegurar la correcta dedicación. Límite superado en comunidades como Madrid (1.162 niños por especialista), Cataluña (1.139) o Baleares (1.113). También tilda de “alarmante” que el 27 por ciento de las plazas de Pediatría no estén cubiertas por estos especialistas, en su lugar trabajan por médicos no capacitados o sencillamente están vacantes. Aunque en esto también hay diferencias en función de las regiones, habiendo algunas en los que el porcentaje se dispara hasta el 47 por ciento, Madrid, o Ceuta y Melilla con un 83 por ciento.

María Luisa, 63 años. Se puede jubilar en un año porque tiene más de 35 años trabajados. Lleva desde 1985 de pediatra. Fernando Ruso

Según explica Ruiz-Canela, pese a que la normativa europea impide esto, la Administración está tirando de los médicos de familia, “que son muy buenos profesionales, pero que en España tienen muy poca formación en niños; y eso se nota”. Lo que implica “un retroceso en el nivel sanitario en la infancia”, explica.

La solución pasa por el incremento de plazas MIR. “A unas 500 por año, en tres o cuatro años se solucionaría el problema”, advierte el portavoz de la AEP. En 2014 se convocaron 402; en 2015, 392; en 2016, 400; en 2017, 411; en 2018, 423; en 2019, 433; y, según cuenta Ruiz-Canela, en 2020 están previstas 481 plazas. “Podemos decir que se ha subido de forma significativa”, explica. Para este año en toda España y para todas las especialidades hay 14.579 solicitantes MIR.

La demografía juega también juega a favor, cada vez hay menos niños que atender. Pero incluso cuando los números salen, existen otros condicionantes que hacen que los pediatras rechacen trabajar en la atención primaria, “poco financiada y poco atractiva”. Las consultas masificadas, los horarios dobles para suplir las bajas de los compañeros o los suelos inferiores a los de los hospitales hacen que estos profesionales opten por desarrollar sus carreras en la sanidad privada o en otros países. “No quieren ver la atención primaria ni en pintura, la gente huye de las malas condiciones laborales”, destaca el portavoz de la AEP.

Educación gratuita a cambio de trabajar en la pública

En el Polígono San Pablo, enfrascado todavía en la lucha para que no les quiten sus dos únicos pediatras, José Martínez lamenta que trabajar en su barrio no resulte atractivo para los especialistas y fabula con alternativas. “En este país, por fortuna, cualquier persona puede estudiar gracias a las becas —razona este padre de un niño de 13 años—; el Estado invierte en la formación de los médicos y debería garantizarse que quien reciba una formación de calidad y gratuita devuelva a la sociedad lo que recibe de ella y dedique parte de su carrera profesional a trabajar en la sanidad pública; eso sí, que esté bien remunerada y haya buenas condiciones”.

El pediatra Juan Ruiz-Canela atendiendo a un paciente en su centro de salud. Fernando Ruso

María Luisa lleva 34 años ejerciendo la pediatría. Consiguió su plaza en Badajoz y ahora es trabaja en un centro de atención primaria de Sevilla. De toda la ciudad, es la pediatra con el cupo más alto: atiende a 1.580 niños. “Está todo a reventar”, explica a los periodistas de EL ESPAÑOL entre consulta y consulta. Y lamenta que esta situación no es nueva.

“Se ha ido dejando desde hace más de veinte años, han ido parcheando y nosotros hemos ido a peor; es lógico que cada vez más pediatras no quieran ejercer en la atención primaria”, razona la doctora. Desde la AEP coinciden con esta crítica: “Es insoportable porque hay compañeros que trabajan 16 horas o más viendo pacientes, y no tienes el tiempo suficiente porque el volumen es mayor. Tienes una carga de pacientes superior a la recomendable para trabajar cómodamente. Habrá quienes sea más veterano y pueda sobrellevarlo mejor, pero hay quienes se bloquean en esta situación de estrés”, advierte Ruiz-Canela.

En el caso de María Luisa, los años de ejercicio le han granjeado una experiencia gracias a la cual es capaz de dar respuesta a los 1.580 niños que tiene asignados. “Trato de empoderar a los padres para que no requieran un pediatra cuando el niño tose dos veces —advierte—; porque el sistema no podría mantener esa situación”.

María Luisa se jubilará en un año. Nunca ha trabajado en la sanidad privada ni tampoco en el extranjero; pero si tuviese que aconsejar a un pediatra joven lo tiene claro: “irse al extranjero porque las posibilidades en Europa no tienen nada que ver con lo que se le ofrece en España”. Y zanja: el sistema funciona a costa de la carga de estrés que ellos se echan a sus espaldas.

Un problema de los barrios pobres y zonas rurales

Según el Sindicato Provincial de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO de Sevilla la falta de pediatras se da en principalmente en “barrios populares”. A su juicio, se trata de una “clara discriminación hacia los más desfavorecidos”, subraya el secretario de acción sindical del Sindicato Provincial de Sanidad de CCOO de Sevilla, Luis González. “Se trata de barrios de clase trabajadora —sigue—, justo los sitios donde más necesidad de pediatra tienen los niños y niñas” y en “la población que menos acceso tiene a una alternativa en la sanidad privada”.

María es abuela de cinco nietos, que en la actualidad no tienen pediatra asignado en la sanidad pública. Fernando Ruso

Aunque más allá de las grandes urbes, el problema sigue replicándose en las zonas rurales. En Hinojos, un pueblo de casi cuatro mil habitantes situado en pleno parque nacional de Doñana muchos de los padres de menores se han visto obligados a contratar un seguro privado desde que en junio la única pediatra el municipio se diese de baja por un embarazo de riesgo.

A sus 71 años, María pasea el carro de bebé por la plaza del pueblo. Es abuela de cinco nietos, todos mayores a excepción del pequeño Rubén, de tres años e hijo de su hija. Del balcón del ayuntamiento cuelga una pancarta en la que se lee ‘Hinojos necesita un pediatra para nuestros niños y niñas’.

“Es que hace mucha falta un pediatra y no todos en el pueblo se pueden permitir pagar uno privado”, lamenta María. Su hija es una de las que ha contratado un seguro que corra con las visitas médicas, frecuentes en los últimos meses. “El niño es fuerte, pero siempre ha estado con la bronquitis, porque los niños son niños y cogen muchas enfermedades”, apunta la abuela.

Cuenta María que su hija trabaja en una empresa del pueblo, que el sueldo no le llega ni a los mil euros y que ha tenido que pedir una reducción de jornada para poder criar a su pequeño. “Y ahora un seguro médico”, se queja. Por eso ella fue una de las vecinas que se manifestaron este lunes a las puertas del ayuntamiento para pedir un pediatra para su pueblo. Entre todos los hinojeros han conseguido 800 firmas para hacer presión ante la consejería de Salud y Familia. Aunque siguen sin obtener respuesta.

La teniente de alcalde del municipio, Alejandra Paricio, explica a EL ESPAÑOL que en Hinojos hay unos 500 niños sin pediatra. Y que cuando tuvieron especialista solo pasaba consulta los martes y jueves a tiempo completo, el resto de días la compartían con el vecino municipio de Chucena. Hoy, sus vecinos solo tienen la opción de recibir consejo del médico de cabecera, porque ni siquiera pueden llevar a los niños al ambulatorio de Pilas, a siete kilómetros, donde solo atienden las urgencias. La otra solución es el pediatra de pago.

“Eso no lo podemos permitir porque hay padres y madres que no pueden permitirse ese tipo de gastos”, lamenta la concejala. En Hinojos ya son dos las veces que los vecinos se han concentrado. En otras tantas ocasiones han mandado cartas sin obtener respuestas. Saben que solo con su protesta podrán conseguir que no se desmantele un servicio que ofrece tranquilidad a los padres y salud a sus hijos.

En la España rural faltan pediatras, y nadie les garantiza que emigrando a la ciudad su situación vaya a cambiar. Sencillamente porque no los hay.