Toñi está estudiando la posibilidad de empezar a atender a los clientes de su estanco parapetada detrás de una mampara de cristal blindado. “Cuando veo entrar a alguien con un casco me pongo a temblar”, admite esta estanquera, de 63 años. Y motivos no le faltan para estar asustada: entre junio y noviembre de este año ha sufrido dos asaltos en su establecimiento y en ambos casos los ladrones iban pertrechados de armas y ocultaban su rostro empleando un casco de motorista. “Este negocio es mi vida”, sentencia mientras entrega unas cajetillas de tabaco rubio a un cliente y mira de reojo el retrato de su padre, Avelino Vives, que preside una de las paredes del local como sencillo homenaje al fundador de este establecimiento que suma más de medio siglo de historia en la calle Saavedra Fajardo, en la pedanía murciana de Algezares.

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"Soy una currante", añade mostrándose indignada por todas las horas que trabaja a diario y en las que ha sufrido demasiados encontronazos con los amigos de lo ajeno que le han podido costar la vida. Este miércoles su amiga Patricia le hace compañía en el estanco y trata de animarla lanzándole una arenga: “¡Aquí estamos para lo que te haga falta, ole tus ovarios por como reaccionaste!”. Toñi Vives Pérez se ha convertido para muchos vecinos en la heroína de esta pedanía de Murcia después de plantarle cara a un ladrón que iba armado con un cuchillo al que no solo empujó, sino que además trató de darle caza cuando huyó de su negocio.


“Aquí se trabaja de lunes a domingo, no se descansa porque este estanco es como la funeraria”, apunta con humor la estanquera antes de mostrar a EL ESPAÑOL el vídeo del atraco que filmó la cámara de seguridad que tiene instalada en su negocio. El reloj marcaba las 21 horas y 13 minutos, del domingo 3 de noviembre, cuando en el local se adentra a paso ligero un hombre, con un casco negro, modelo calimero, ataviado con un chaleco reflectante, una camiseta de manga corta, de color verde oscuro, un pantalón verde y unas zapatillas negras. “Vino directa hacia la caja y me dijo: ‘Esto es un atraco, dame el dinero’”, comenta Toñi mientras visiona las imágenes. “Me sacó una navaja y como lo vi encima mía, comencé a darle empujones”. De hecho, en la grabación se aprecia con claridad cómo el ladrón nada más adentrarse en el mostrador, saca del bolsillo derecho de su pantalón un arma blanca y amenaza a la mujer poniendo la hoja en su costado.


“Empecé a forcejear para protegerme”. La grabación recoge cómo el asaltante con muchas dificultades logra zafarse de la estanquera hasta llegar a la caja registradora y en cuanto coge unos billetes se ve obligado a huir a la carrera porque Toñi no deja de plantarle cara como una jabata y logra arrebatarle el casco con el que oculta su identidad. “Cuando vi que huyó hacia la calle, salí corriendo detrás de él y comencé a pedir ayuda: ‘¡Al ladrón, al ladrón, al ladrón…!”. El sospechoso había dejado arrancada su escúter a unos metros del estanco y gracias a eso pudo escapar en dirección a la pedanía murciana de Santo Ángel, a solo dos kilómetros de Algezares.

El combate de Toñi

“El ladrón era un hombre español, de 40 años, y lucía una perilla canosa”, precisa la estanquera al tiempo que sigue atendiendo a los clientes y a los curiosos que no dejan de peregrinar al estanco porque entre los poco más de 5.500 parroquianos que tiene Algezares se ha corrido como la pólvora el combate que Toñi libró mano a mano con el atracador. “Eres muy valiente”, resalta Miriam, amiga de la estanquera y que regenta una peluquería justo al lado del lugar del robo en la calle Saavedra Fajardo. En la población esta semana se ha registrado otro asalto, en esta ocasión en una gasolinera, y los vecinos empiezan a estar preocupados por la situación. “El problema que tenemos es que esto es un pueblo dormitorio porque la gente trabaja en Murcia”, mascullan.


— ¿Toñi cómo pudo reaccionar con esa valentía ante el atracador?

— En el primer robo que sufrí en junio me tuve que quedar inmóvil porque uno de los ladrones llevaba una pistola. No sabía si era real o de fogueo, pero no me arriesgué a comprobarlo. En aquella ocasión estaba reponiendo las bebidas del frigorífico mientras un amigo mío me hacía compañía sentado en una silla. Los dos asaltantes llevaban un casco integral de motorista. Uno de ellos me apuntó con el arma y el otro tiró a mi amigo al suelo y se fue a por la caja. En junio no se llevaron nada porque tenía escondido el dinero, pero en el robo de noviembre salí detrás del ladrón porque me cogió 200 euros.

Toñi Vives Pérez visionando las imágenes del atraco que repelió en su estanco de Algezares el pasado domingo 3 de noviembre.


Toñi lamenta que no ha podido frenar los robos en su negocio ni con la instalación de una cámara y la cosa no está para tirar cohetes: “El tabaco deja ya poquito dinero”. No habla en vano, ella y su hermano trabajan de lunes a domingo, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche, y han tenido que ampliar la oferta de productos a la venta para obtener más beneficios a final de mes: al tabaco han sumado refrescos, bebidas alcohólicas, chucherías... “En 2018 también asaltaron a mi hermano, tres chicos comenzaron a simular una pelea dentro del estanco y cuando se acercó, lo agarraron y se llevaron 500 euros en metálico”. De momento, ni la Policía Local ni la Policía Nacional han dado con los autores de los dos palos que ha sufrido este establecimiento entre junio y noviembre de este año.


‘El Rata’ mató a su madre


“¡Lo que hay que hacer es endurecer las condenas contra los ladrones!”, clama Toñi. La estanquera realiza esta petición a la Administración de Justicia porque su familia arrastra un luctuoso historial marcado por los robos ocurridos en el estanco que fundó su padre, Avelino Rives, con el objetivo de garantizar un sustento para los seis hijos que tuvo fruto de sus dos matrimonios. “El negocio lo estoy regentando yo desde que mataron a mi madre en el año 2000”, confiesa Toñi tratando de contener las lágrimas. Toma aire y prosigue con la trágica historia: “Le cortó el cuello un drogadicto”.

Toñi cuenta a dos amigos, Sergio y Miriam, cómo plantó cara al atracador que entró en su estanco con un arma blanca.


La persona que le quitó la vida a la otra estanquera, Francisca Pérez Martínez, fue un joven de Algezares, de 25 años, conocido por cometer robos de poca monta: Fernando José H. R., alias El Rata. “Hizo fechorías por todos lados y a mi madre la había atracado en el estanco en varias ocasiones, a veces ella le daba dinero para que la dejase en paz”. Francisca le conocía de sobra, no solo por sus andanzas ilícitas, sino porque vivía dos calles más abajo de la vivienda que la estanquera tenía al final de la empinada cuesta por la que se accede al número 14 de la calle San Francisco de la pedanía.


“Una noche de agosto esperó a que mi madre cerrase el estanco y se metió en la casa para asaltarla”. El objetivo de El Rata era robar la recaudación del día y para ello se escondió en un solar contiguo a la vivienda familiar. “Se coló a través de una ventana, pero esa noche mi madre no llevaba dinero y la mató”. Francisca murió a los 67 años cosida a puñaladas y degollada después de forcejear en la cocina de su domicilio con el toxicómano. Toñi y sus cinco hermanos jamás volvieron a poner un pie en el inmueble tras la truculenta muerte de su madre. “Pusimos la casa a la venta”.

El estanco de Algezares está situado en la céntrica calle Saavedra Fajardo.


El inmueble en la actualidad está en ruinas y recuerda a todos los vecinos uno de los episodios más negros y tristes de la historia de la pedanía murciana de Algezares. Ese crimen le valió a El Rata una larga temporada entre rejas después de reconocer los hechos en sede judicial. No tuvo más remedio que declararse culpable porque la Policía Nacional halló en sus zapatillas deportivas restos de sangre que pertenecían a Francisca Pérez Martínez y también confirmó que un mes y medio antes de matar a la estanquera le había robado 500.000 pesetas. “Le condenaron a veinte años y hace poco salió de la cárcel, creo que ahora está viviendo con algún familiar en El Palmar”, asegura Toñi.

Después de sufrir dos atracos, esta estanquera se muestra temerosa de correr la misma suerte que su madre y está estudiando instalar una mampara para dotar de más seguridad a su negocio. Por ahora, en cuanto oscurece, Toñi ha decidido echar la reja de la puerta de su estanco para atender desde ahí a la clientela. “Este robo lo ha removido todo y se me vienen muchos recuerdos a la cabeza: tengo miedo de que El Rata venga por aquí”.