Luis Fernando Pozo, el cabo primero que se quedó enganchado en la farola, en un acto de las Fuerzas Armadas, en 2015.

Luis Fernando Pozo, el cabo primero que se quedó enganchado en la farola, en un acto de las Fuerzas Armadas, en 2015. E.E.

Reportajes

Todo sobre el cabo Pozo, el paracaidista que lloró tras estamparse con la farola y luego se rió de sí mismo

“Hombre que me he reído ¿cómo no me voy a reír, tío?”, le comentó el cabo primero a un compañero. Ha portado la bandera en otras 40 ocasiones. 

Noticias relacionadas

La escena fue hartamente española, tanto que podría llevar la rúbrica de José Luis Cuerda. Era 12 de octubre, Fiesta Nacional, la recta del Paseo de la Castellana, el estadio Santiago Bernabeu de fondo, los ejércitos desplegados y la tribuna con sus majestades los reyes en ella. Pero la farola… Mientras el paracaidista cabo primero Luis Fernando Pozo descendía portando la bandera española, en uno de los momentos estrella del desfile del pasado sábado, el mobiliario urbano se interpuso en el camino y ahí se quedó, colgado, impotente, ante los ojos de todo el país. Hasta que vinieron a bajarlo.

Nacido en Cáceres, este soldado de 42 años es el mejor en lo suyo. Lleva toda su vida militar en la Brigada de Paracaidistas y, aunque es serio, un profesional, es bastante popular entre los soldados de varias unidades. Acumula más de 600 saltos a sus espaldas y la del sábado ni fue la primera vez que portaba la enseña nacional -alrededor de 40- ni la primera en la que tenía un percance. Simplemente fue la más importante. Por eso le afectó que no saliera tan perfecto como le hubiera gustado. Aunque más tarde se rió, como muchos otros españoles. “Hombre que me he reído ¿cómo no me voy a reír, tío?”, le comentaba el propio cabo primero Pozo a un amigo cercano, según ha podido saber EL ESPAÑOL. ¿Y lo volvería a hacer en 2020? Desde luego, si no tiene miedo para tirarse de un avión no lo va a tener para lo demás. 

Si no se hubiera chocado, nadie habría hablado de él. Si no le hubiera ido a saludar el rey, teniendo que aparecer sin el casco que le protegía la intimidad, nadie sabría cómo es su cara. Pero para su desgracia todo salió raro en esta ocasión. Aunque no era ni la primera vez que cargaba con la bandera ni la primera vez que tenía algún tipo de percance. Como dicen los propios paracaidistas: “Si fuera fácil, lo haría otro”. Y él no es un tipo cualquiera, tiene un historial intachable.

Según ha podido saber este diario, Luis Fernando Pozo Dionisio nació en la ciudad de Cáceres, en 1977. Lleva toda su vida militar en distintas unidades de la Brigada ‘Almogávares’ VI de Paracaidistas, la popularmente conocida como Bripac. Actualmente, pertenece a la Compañía de Lanzamiento en la base Príncipe, localizada en Paracuellos del Jarama (Madrid).

Dentro de sus logros profesionales constan las diversas medallas al mérito que tiene en España y también ha obtenido medallas en misiones realizadas en el extranjero, galardones que son difíciles de conseguir dentro de la Bripac, según comentan sus compañeros, debido al elevado número de personas que la forman. Pero él es sin duda uno de los mejores ahí, aunque ni lo reconoce ni quiere que se sepa. Según ha podido conocer EL ESPAÑOL, después del percance, el propio cabo primero Pozo solicitó al Ministerio de Defensa que no se hicieran públicos datos de él. No quiere protagonismo, suficiente ha tenido.

40 veces con la bandera

Sin embargo, todos los que han trabajado con él lo colocan inmediatamente en un pedestal. “Para salir el 12 de octubre no es porque hayas ganado un concurso. Sólo hay tres o cuatro que puedan hacer eso”, explica Jenner López Escudero, presidente de la asociación ‘45 Sin Despidos’ y que conoce al cabo primero Pozo desde que entró en 2002 a la Bripac con él. “Es un orgullo ser tú ese día”, añade, por eso, es difícil de digerir el error.

“Pozo es uno de los mejores, si no es el mejor. Pero jamás le oirás decirlo. Seguro que ni sabe cuántos saltos tiene. Hay otros que saben la hora a la que saltaron el 27 de enero de 1982. Pero él no es así, no le da importancia a ese tipo de cosas”, explica Jenner. “Como cabo primero, es un gran profesional. Como compañero, el mejor que puedes tener al lado. Y como persona, es la humildad y la sencillez en estado puro”, añade. “Tiene una dedicación y una vocación absoluta”, y por eso no es sólo popular entre los suyos sino también entre los soldados de otras unidades.

El cabo primero en uno de los ejercicios de preparación para el desfile del 12-O.

El cabo primero en uno de los ejercicios de preparación para el desfile del 12-O. Ejército de Tierra

Lo destacado que el cabo primero Pozo es en su trabajo le ha llevado a cargar con la bandera en otras ocasiones. Sus allegados calculan que la ha llevado hasta en 40 saltos. La última de ellas, en un acto oficial al margen de prácticas, fue el pasado 23 de febrero de 2016, cuando aterrizó sobre la playa de Málaga en el marco de la celebración en honor al Cristo de las Ánimas de Ciegos, patrón de los paracaidistas. Ese día, todos los años, se celebra el aniversario del primer salto de paracaidistas, que tuvo lugar el 23 de febrero de 1954.

También se le ha visto en numerosas ocasiones representar a sus compañeros. Lo hizo en 2015, en la zona de Madrid Río de la capital. Ahí, las Fuerzas Armadas realizaron una exhibición como las habituales en la que se podía ver material del Ejército. Estaban también los paracaidistas. Pozo ayudaba a los niños a colocarse el equipamiento y a tirarse en la tirolina como si fueran paracaidistas de verdad.

Anécdotas a parte, tampoco es la primera vez que tiene un percance, aunque ninguno destacable, simples aterrizajes forzosos. “En la Bripac es muy común, en algunos ejercicios hemos visto a paracaidistas que se han quedado encima de un toldo o una compañera que una vez aterrizó en la piscina de una urbanización”, explica Jenner. “Después del accidente, cuando le pregunté cómo estaba, me dijo: Hermano, todo correcto ¿crees que es el único talegazo que me dado desde la última vez que me viste?”.

El cabo primero, en 2015, en una demostración del material del Ejército que tuvo lugar en Madrid Río.

El cabo primero, en 2015, en una demostración del material del Ejército que tuvo lugar en Madrid Río. E.E.

Aunque este era particularmente más difícil que otros. Otro paracaidista que ha sido supervisado en decenas de saltos por el cabo primero relata la dificultad de este momento. “Aquí hay muchos factores a tener en cuenta y hay muy pocos que lo hagan, muy pocos”, explica en conversación con este diario. “Primero, es una bandera muy grande que te cambia la estabilidad habitual. Pero lo complicado es saltar en una zona urbana, con edificios de diferentes alturas, los cables de los postes, farolas, árboles y unas condiciones ambientales muy cambiantes”, añade.

“Él lo vuelca todo al tema profesional”, sigue este paracaidista que ha pedido permanecer en el anonimato. “Por eso en los vídeos se le ve tocado. Quizás siente que no ha llegado a cumplir el objetivo final. Se le pasará, eso seguro, porque es un profesional y eso son gajes del oficio, aunque al principio le afecte por no estar tan controlado como le gustaría”, añade.

Él mismo se rió

Eso se vio el pasado 12 de octubre. Después de saltar desde un avión, a 1.500 metros de altura, junto a otros tres compañeros, el cabo primero Pozo se quedaba enganchado en esa farola. Mientras estaba colgado, se le veía nervioso, inquieto, aseguraba la bandera, buscaba entre su equipo algo para cortar. Finalmente, fue una grúa la que le tuvo que rescatar. Y cuando lo hizo, Pozo se metió en la cabina, no se le veía, y no salió hasta que no quedó más remedio. A pesar de los aplausos de ánimo que no cesaron, no relativizaron y el mal trago se hacía evidente.

En esos momentos, las caras de Albert Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal reflejaban la perplejidad con la que todos sentían la escena. Al mismo tiempo, el rey Felipe VI se interesaba por su estado de salud y pedía saludarlo al concluir el desfile. Fue ahí cuando se vio a la persona que subyace el uniforme.

La Familia Real saluda al cabo Fernando Pozo.

Esta vez eran las altas autoridades las que desfilaban delante de él. Primero el rey, después la reina Letizia que le dijo “No te preocupes”. Seguidos, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, que cambió la solemnidad por el afecto y le plantó dos besos. Ante ello, Pozo apretaba la mandíbula, era escueto en palabras y hacía todo lo posible por no romper a llorar, algo que finalmente no pudo evitar.

“Lo triste de esto es que pasa a diario pero se ha convertido en la anécdota al estar delante de las cámaras”, sigue explicando Jenner. “Lo que hay que extraer de esto es la cantidad de veces que se exponen al peligro”, añade.

Luis Fernando Pozo junto a una niña a la que le ha colocado el equipamiento de paracaidista.

Luis Fernando Pozo junto a una niña a la que le ha colocado el equipamiento de paracaidista. E.E.

Desde ese momento, a su pesar, el cabo primero Pozo se convertía en el protagonista de las redes sociales. Algunos mostraban su apoyo, algunos se reían, algunos hacían un poco de ambas. Otros, criticaban la españolidad de los que se reían, adueñándose de ello, y otros lo usaban para criticar la españolidad en sí. Había para todo.

Sin embargo, el cabo primero se mantenía ajeno a ello. Él no tiene ningún tipo de red social y no se enteraba de nada salvo por lo que le iban contando los demás. “Cuando le escribí, ese día, le dije que se había hecho Trending Topic en Twitter. Y su respuesta fue: no sé ni qué es eso”, relata Jenner. “Dime que te has reído por lo menos”, le espetó Jenner. “Hombre que me he reído. ¿Cómo no me voy a reír, tío?”, respondió Pozo.

Hay gente que está pidiendo que Pozo lo vuelva a hacer en el desfile de 2020, ¿Cree que volvería a saltar? “Por supuesto”, explica Jenner. “Lo primero, es cumplir la orden, para eso es para lo que estamos. Y, luego, una persona que se tira de un avión ya ha demostrado que no tiene miedo. No tendrá miedo en repetirlo”.