Un taller donde las mujeres participantes se colocan un espejo en la entrepierna para inspeccionarse la vagina. Otro de detección de relaciones tóxicas. Un espacio donde los participantes escuchan a una mujer haciendo extraños ruidos con la boca, que se llaman ASRM y presuntamente excitan a mucha gente. Una sala donde los visitantes tocan tierra de diferentes colores como ‘experiencia sensorial’. Una obra de teatro en la que los actores simulan una violación una mujer y culpabilizan a los espectadores por haberse quedado hasta el final. Así ha sido el último Salón Erótico de Barcelona.

El feminismo ha llegado al evento. Este año es histórico porque, por primera vez, el festival ha cambiado su enfoque de forma radical. Nada de gente fornicando en las gradas del pabellón de la Vall d’Hebron, como era habitual hasta el año pasado. Ni una sola productora de cine X y muchos actos de reeducación sexual y concienciación con las relaciones tóxicas y los roles no igualitarios. Un cambio absoluto de paradigma que ha sido muy celebrado por algunos sectores, pero que también ha contado con muchos detractores.

El ambiente es totalmente distinto al de los años anteriores. Se acabaron las actrices porno deambulando por el pabellón, las falditas de cuadros de las colegialas, los espectáculos con coito en los escenarios y en la grada. Ya no hay sexo en vivo. Los personajes desnudos se limitan a algún hombre con un collar de perro, normalmente paseado por un ‘dómina’ ataviada de látex. También un chaval, totalmente desnudo, que tiene un pene de 25 centímetros y se deja hacer fotos mientras se toca. Mujeres desnudas, muchas menos.

Los stands han cambiado de manos. Ya no hay productoras porno y sí muchas paradas de juguetes sexuales o de una empresa que asegura comercializar “el mejor condón del mundo según Bill Gates”. Y en las aulas, clases para deconstruirse sexualmente. Menos carne y más talleres de reeducación, para lograr “un sexo más igualitario”, según promulgan desde la organización.

Patada al porno

El cambio de paradigma tiene mucho que ver con el cambio en la dirección del evento. Por primera vez corre a cargo de Carles Valdés, un publicista que hasta ahora se encargaba en exclusiva de los vídeos promocionales. “Querían darle al Salón un cambio que yo llevaba un tiempo proponiendo y me han dado la oportunidad de hacerlo este año. Es una apuesta definitiva por la educación sexual. Estamos doblando espacios para ello. 5 aulas non stop dedicadas a ello y cien talleres y charlas de educación sexual”, resume Valdés.

Espectáculo BDSM en el Salón, con dos dóminas DLF

El cambio le ha dado una patada definitiva a los shows porno tradicionales tan típicos del salón. La persona que se encarga de hacer la criba de las actividades que caben o no caben en el festival es una actriz porno de Barcelona: “Es Silvia Rubí la que supervisa todos los shows. Es ella, con su mirada feminista, la que da el visto bueno y decide. Este año es la primera vez que no se hace a través de productoras”.

¿Qué se ha conseguido con este cambio? Asegura Valdés que cambiar el perfil de los asistentes. “La realidad es que el visitante que te imaginas, el del tío heterosexual de 50 años con su videocámara, ya no es el perfil desde hace 10 años. Ahora hay muchos grupos de chicas, amigas y parejas que ahora sí que vienen. Pero este año, con este cambio radical, aún verás más cambios. Las transformaciones suponen que el público va a cambiar y lo asumimos sin ningún miedo”, sentencia Valdés.

El fin de las colegialas

¿Es una guerra contra el porno convencional? “No, no rechazamos el porno mainstream. Lo que creemos que no puede ser es que no haya otro tipo de porno. Así que hemos programado cosas nuevas como acrobacias, coreografías y concurso de relatos eróticos. Los shows son menos falocentristas y menos coitocentristas. Y si por ejemplo ves que en un escenario hay un show de BDSM (Sadomasoquismo) te darás cuenta de que es la mujer la que lleva la batuta y está empoderada. Que el esclavo es el hombre”.

Espacios artísticos en el Salón DLF

“El porno mainstream es un nivel muy básico de educación sexual. En el poco que vayamos a encontrar en este nuevo salón erótico, hemos puesto líneas rojas. Todo a través de Silvia Rubí, no se admite ningún tipo de denigración de la mujer. No verás a una mujer vestida de colegiala o que le tiren del pelo. Eso está prohibidísimo porque es degradante para la mujer. Esas líneas rojas, junto a los nuevos contenidos, hacen que veas otra imagen totalmente diferente”.

Las línea rojas

Establecer esas líneas rojas en estos eventos, ¿supone contribuir a eliminar estas prácticas o simplemente sacarlos de la circulación pública y esconderlos debajo de la alfombra? La respuesta del co-director del evento: “Yo siempre digo que tú eres machista y yo también y no lo sabemos. Por eso el lema de este año es “Desaprender para volver a aprender”, porque nuestra educación sexual es una mochila cargada con todo lo que hemos aprendido. Hay que quitar esa mochila para ver que eso no era lo correcto. En su casa cada uno hace lo que quiera, pero ese libro de instrucciones sexuales que ha tenido siempre, ha estado incompleto. Y según los valores y la ética, debería ser diferente. Lo que queremos es enseñar ese abanico a la gente para que ellos libremente escojan”.

Hay más hombres desnudos que mujeres DLF

Valdés cree que el nuevo formato está funcionando. “Se impartió un taller de cómo hacer bien un cunnilingus y salieron 250 personas aplaudiendo emocionadas del aula, porque realmente fue una experiencia. La gente rió y se emocionó”. Del mismo modo, destacó otro taller sobre “identificar qué peso tiene cada miembro de la pareja en la relación y qué peso está soportando del otro, para conseguir una relación mucho más sana e igualitaria. Todo esto se hace mediante técnicas de expresión corporal. Cuando acabas una sesión de estas, te quitas la mochila que llevas”. Desde la dirección no entraron a valorar qué había supuesto esta transformación en el número de visitas, pero se muestran satisfechos en todos los ámbitos: “El cambio radical era arriesgado, porque además ya estaba funcionando muy bien. Pero tanto yo como el otro director, Juli Simón, estamos muy contentos sobre cómo está funcionando.

Desangelado

¿Y la gente qué dice? Pues hay de todo. Hay personas que salieron muy satisfechas con el cambio: “Ya era hora de que dejásemos de identificar erotismo con pornografía, que son dos cosas diferentes”, cuenta Pau, un chico de Barcelona que por primera vez viene con su novia Chantal al salón. El cambio de enfoque ha sido definitivo para que vengan en pareja. Ella, en cambio, esperaba “más sexo, por cómo me lo habían explicado. Veo bien que se haga una función más didáctica y más feminista, aunque yo a talleres no he ido a ninguno porque no sabía que había que apuntarse, así que no sé decirte si estaban bien o no”.

Espectáculos de acrobacias en lugar de sexo en vivo DLF

También están los que piensan que esta transformación se ha cargado el espíritu original del Salón: “Desangelado”, resumía Raúl, uno de los visitantes habituales del salón. “Harán muchos talleres y lo que quieras, pero yo de erótico he visto poco y llevo cuatro años viniendo. He pagado una entrada pero me da la sensación de que es un mercadillo de vibradores. Las actuaciones que he visto tampoco tienen mucho que ver con el salón erótico. Para mí un espectáculo de acrobacias no pinta mucho aquí”, se quejaba. Marina, una chica que asiste por primera vez, asegura que lo ha encontrado “aburrido. Hay de todo menos sexo y yo no creo que sea una cosa mala. No sé quién ha decidido que a las mujeres no nos gusta ver eso”. Otra que se estrenaba en el Salón era Sonia, que lo definió como “descafeinado. Insípido. Me han faltado más cosas explícitas, para decirlo suavemente”.

En materia de actividades, charlas y talleres, sí que se programaron cerca de un centenar, pero el acceso era limitado. Las aulas daban lo que daban. Eso provocaba que se creasen algunas colas para acceder a algunos espacios o que, directamente, no se pudieran ver las piezas de teatro por falta de aforo, lo cual también suscitó algunas quejas entre los asistentes. 

¿Qué dice la industria?

En el pabellón, muchos puestos de juguetes sexuales y lencería, pero nada de stands de productoras porno. Eso ya pasó a la historia. ¿Qué dicen dese la industria? EL ESPAÑOL se ha puesto en contacto con dos empresas productoras de porno. Una no ha querido hablar y la otra, fuera de micro se resigna: “Ya diremos algo cuando tengamos que hablar, si es que lo hacemos. Pero no merece mucho la pena. Nos da la sensación de que nos han echado de nuestro propio festival y ya está, no se puede hacer mucho más. Ahora somos el demonio".

Hombre desnudo con collar de perro en el stand de BDSM DLF

La suerte, no obstante, está echada. El cambio de enfoque del Salón Erótico de Barcelona ha llegado para quedarse. A falta de conocer las cifras definitivas de asistencia, el número de visitantes ha vuelto a ser muy elevado. No se sabe si por el anunciado giro feminista del evento o porque los visitantes habituales esperaban encontrar lo de cada año. Para ver si a la gente le ha gustado o no, habrá que esperar al año que viene.