Yo y mi mujer decidimos ir a Islas Mauricio a pasar las vacaciones. Compramos los billetes y… allí que nos fuimos. Volamos con la aerolínea Evelop. Cogimos el avión el lunes a las 16:55 en el aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez y llegamos el martes a las 06:25 a Islas Mauricio. 12 horas de viaje y a disfrutar. Todo salió bien; igual que durante nuestra estancia allí. Pero, ay, a la vuelta. ¡Vaya vuelta! Todo se complicó en el vuelo. Y de qué manera. Al llegar, mi mujer y yo tuvimos que ser atendidos –además de hasta otros 35 de pasajeros– por lesiones después de dos bajadas bruscas durante el trayecto. Al día siguiente, se contó, en muchos medios, lo ocurrido, pero no con exactitud…

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Yo, que iba en las primeras filas del avión, cerca de la cabina, lo viví todo de forma muy diferente a cómo se ha explicado –y así se lo he hecho saber a la compañía a través de un mail. Voy a ello. A las cuatro y media horas de vuelo –del total de 12–, el avión bajó bruscamente dos veces. Cuando eso sucedió, no se realizó ningún anuncio por megafonía ni se activó la señal de que teníamos que llevar los cinturones abrochados. Dicen que bajamos 300 metros, pero yo vi en la pantalla que estábamos a 10.900 pies. Y, después de la primera bajada, a 5.100 pies. Eso no son, a mi entender, 300 metros.

¿Qué ocurrió? No parece que fueran turbulencias. ¿Fue un fallo mecánico o humano? No lo sabemos y creo que nunca conoceremos la verdad. Lo cierto es que, a la vez que bajábamos bruscamente, las azafatas y azafatos estaban repartiendo productos con el carrito; y nosotros estábamos tranquilos jugando a los juegos de las pantallas. Es más, el hijo y la madre de la copiloto, durante el viaje, estuvieron entrando en la cabina. ¿Está eso permitido?

Sea como fuere, cuatro tripulantes sufrieron lesiones bastante graves y el comandante, desde la cabina, en esos instantes, mientras se armaba el revuelo, no nos informó de nada. Por eso el desconcierto aumentó. Aunque entiendo, obviamente, que estaría tratando de que el avión volviera a volar con naturalidad. Pero, claro, nosotros también habíamos sufrido lesiones.

Yo no llevaba el cinturón abrochado y mi mujer tampoco. No vamos a mentir. No nos lo pidieron y no lo hicimos. Yo me di con la cabeza en el techo y lo rompí. ¡Menudo dolor de cabeza! Y mi mujer se llevó el golpe en la espalda y en el coxis. Total, que la tripulación, ante la situación, pidió ayuda por megafonía por si había algún médico dentro del avión. Y así era. Ellos fueron los encargados de dar los medicamentos que había en una caja roja. A mí me dieron una gasa para limpiarme la sangre que derramaba por la cabeza y la tripulación empezó a mirar manuales para ver qué protocolos seguir.

Los operarios intentan atender a los pasajeros.

Ahí acabó, relativamente, el revuelo. El resto del viaje, la tripulación hizo un gran esfuerzo por prestar los servicios. Repartieron comida y consiguieron que viviéramos lo mejor posible las siete horas restantes hasta llegar a Madrid.

El desastre, de nuevo, comenzó tras el aterrizaje. Nada más llegar, los pasajeros, como es habitual, nos levantamos para coger las maletas y salir del avión. ¡Bastante llevábamos! Pero, poco después, por megafonía, nos avisaron de que nos quedáramos en el avión porque iba a entrar la Guardia Civil. Después de eso, nos pidieron a los heridos que nos quedáramos dentro.

El tiempo siguió transcurriendo y subieron los servicios médicos al avión (dos médicos y cinco auxiliares). El médico titular se dirigió rápidamente a atender a la tripulación, que era la más necesitada. Después, atendió a dos pasajeros de la parte trasera que tenían lesiones más graves. A los demás nos sentaron juntos y nos pusieron, según la orden del médico, collarín. Pero no había para todos y tuvimos que esperar a que trajeran más. El médico titular, además, se dio cuenta de que estaban pocos y pidió más facultativos.

Tras 70 minutos de espera, nos atendieron a mí y a mi mujer. Después, nos ofrecieron trasladarnos al hospital en una ambulancia o ir por nuestra cuenta. Nosotros decidimos no esperar para agilizar los trámites porque no había ambulancias para trasladarnos a todos. Pero ahí no acabaron los problemas. Salimos del avión… y comenzó la excursión.

Interior del avión accidentado de Evelop.

Primero tuvimos que pasar el control de pasaportes. Nos llevaron a una zona que estaba cerrada: la Policía Nacional ya se había ido. Total, que nos llevaron a otra parte y lo pasamos. Después, tocó encontrar las maletas. Dos horas después, no estaban en la cinta. ¿Y qué tuvimos que hacer? Primero, ir a un mostrador y esperar 10 minutos a que nos atendieran. ¿Creen que eso es normal después de lo ocurrido? Dio igual. No sabían nada del accidente y nos mandaron a la otra punta del aeropuerto a por ellas. Pero no estaban.

Entré, después, en dos salas a ver si se encontraban allí. Nada. Ni rastro. ¡Pero, por fin, tuvimos un golpe de suerte! Un trabajador de Evelop que había estado en el avión consiguió que nos las diera. Menos mal… Tres horas después, salíamos del aeropuerto.

Pero las consecuencias de lo ocurrido las seguimos sufriendo. Yo estoy de baja y mi mujer también. Ella tiene su negocio y no sabe cuándo va a poder volver; yo, tampoco. Ella tiene diagnosticado un latigazo cervical y una contusion sacroccigea; y yo, un latigazo cervical y un traumatismo craneoencefálico. Dicho de otra forma, a mi mujer le duele la espalda y el coxis. Y a mí, la espalda y la cabeza. Ambos llevamos collarín desde entonces por dolores cervicales. Y todavía no ha acabado la cosa… Nos han hecho una resonancia y nos tienen que dar las pruebas. En fin, vaya ‘aventura’.

Semanas después, me sigo haciendo muchas preguntas que traslado a la compañía... ¿Intentaron silenciar el accidente aéreo y no han podido hacerlo? ¿Por qué dicen que avisaron de los cinturones cuando no es verdad? Le pueden preguntar a todos los pasajeros. ¿Si estábamos en una zona de turbulencias –como dijeron– qué hacía la tripulación con los carritos de productos? ¿Pueden los pasajeros entrar en cabina o sólo los familiares de la tripulación? ¿Sabemos qué ocurrió en la cabina durante los instantes en los segundos de las bajadas? ¿Por qué suben sólo dos facultativos si sabían que había bastantes heridos? ¿Es normal que después de un accidente aéreo uno tarde tres horas en poder ir a un hospital?

Ojalá y me conteste la compañía (que está callada desde entonces). Les estaría agradecidos.