Valga (Pontevedra)

"Hacéis que os suicidáis para llamar la atención. Teatreras". El odio exacerbado de José Luis Abet Lafuente hacia su ex mujer y su familia quedó patente semanas atrás de que la asesinase junto a su ex suegra y a su ex cuñada en una sola mañana. 

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Sandra Boquete Jamardo, 39 años, tenía miedo. Es lo que dicen algunos de sus compañeros de trabajo en la fábrica de STAC, una empresa afincada en Padrón, dedicada a la fabricación de productos del sector del aluminio. El hombre de 45 años había emprendido toda clase de amenazas contra ella. Tanto yendo al lugar para hacerlo en público como llamándola por teléfono. 

Sandra obtuvo los papeles de divorcio que la separaban por completo de aquel hombre el pasado mes de enero. Sin embargo, las vejaciones y amenazas no terminaron ahí.  La agresividad del asesino confeso hacia ella se pudo advertir ya semanas antes del crimen. Con un mensaje íntegro del asesino confeso, apodado 'El Judío', al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, respondía a una publicación en el Facebook de la que había sido su mujer. Era un largo párrafo en el que Abet vomitó toda la bilis posible y con el que pretendía culpabilizar a Sandra de todos sus problemas.

El mensaje literal dice así: 

"Pero qué perdonas, que me metiste un crédito de mucho 'carallo'. Tú y tu asesoría, que erais las que llevabais todo el papeleo y ahora vas de víctima. E incluso falsificabas mi firma en el banco de Cesures (se refiere a Pontecesures, un municipio cercano) para cobrar los cheques mientras yo estaba fuera, y la casa a nombre de tus padres, y como me negué a que no pusieran en el catrastro vas y me pides el divorcio. Y encima no me dejas ver a mis hijos. Ladrones, y después vais a misa. Dejad de ir de víctima. Que ya cansáis. Ladrones. Y te lo pongo públicamente, a mí no me manchas más mi nombre. Vais de listas. Sois mala gente, que haces como tu prima. Hacéis que os suicidáis para llamar la atención. Teatreras". 

Sandra no se calló. No podía callarse ante un tipo así. Colgó una imagen en sus redes sociales, ya cansada de la agresividad y la insistencia de su ex marido. 

-Te fallan, te duele y perdonas. Te fallan te duele y perdonas. Así hasta que un día lo mandas todo a la puta mierda y entonces eres el malo.

Ataques con hacha a los vecinos

Exterior de la casa de Sandra, donde fue asesinada con su madre y su hermana. B.C.

Carlos se apoya en un bastón y camina de forma pausada, con el corazón encogido, por los senderos de Carracido, en la parroquia de Cordeiro de Valga. Hace mucho calor en la calle, pero pasea con el reportero para desahogarse y olvidar, y no deja de mirar al suelo mientras repasa todo lo ocurrido. Anoche apenas pudo pegar ojo. Fue él quien acogió en su casa a los dos niños, de 4 y 7 años, durante toda la mañana desde la primera hora en que su padre asesinó a tiros a las tres mujeres de la familia.

Su amigo Ramón Eiras, otro de los vecinos de la aldea, fue quien se los llevó para allí tras los hechos. Allí apenas viven unos pocos vecinos, pero la paz reina entre todos. Pero eso no les pasaba con José Luis Abet. El asesino confeso, dicen quienes compartían con él la vida de barrio, tuvo con ellos problemas muy graves, de enfrentamientos que se producían un día tras otro. 

Ramón recuerda, por ejemplo, la ocasión en que tuvo que intermediar cuando Abet se encaró con una anciana de 92 años y comenzó a insultarla delante de todos en plena calle. "Le dijo de todo. No quiero ni repetir lo que salía de la boca de ese monstruo", murmura. La mujer, en aquel altercado, no se arredró ante los aullidos de su conflictivo vecino. Este cogió, dio media vuelta, entró en casa y volvió a salir blandiendo un mazo de obra, una de las herramientas que había utilizado para construir distintas partes de su casa. "Tuve la suerte de que lo vi y me metí por el medio. Le agarré el mazo y estuvimos forcejeando, pero no consiguió hacerle daño a ella".

Ramón también explica cómo después de esto, no contento con lo ocurrido, el criminal le llevó a juicio. El anciano y bondadoso vecino tuvo que pagar en torno a 200 euros. 

Carlos aparece de nuevo más tarde, y coincide en la cantidad ingente de problemas que 'El Judío' tenía con todo el vecindario. "Era un hombre muy desconfiado. Pensaba que todo el mundo estaba contra él, siempre gritando y siempre poniéndose a la defensiva. Si le ponían los cubos de basura cerca de la casa, cogía y se ponía a insultar a gritos al funcionario del ayuntamiento. Hizo lo mismo cuando hicieron la obra de una tubería que le pasaba por delante de casa. Se ponía hecho una fiera". 

Uno de los hijos de este hombre sufrió en sus propias carnes los ataques de Abet cuando este trató de atacarle con un hacha. No pasó a mayores, pero el ahora detenido también le llevó a los juzgados por aquello. Como si hubiera sido el otro, y no él, el que hubiese exhibido un hacha en señal de amenaza. 

Fue así durante mucho tiempo a lo largo de los trece años que vivió este criminal en un barrio apacible, donde cada uno cultiva su finca, sus árboles frutales y cría a sus gallinas sin molestar al que tiene al lado, pero apoyándose en él cuando se necesita. José Luis hizo lo contrario al llegar al barrio. Su genio y su mal carácter, así como el odio al de al lado, le hicieron aislarse del resto, y aisló asimismo a su mujer y a sus hijos cuando nacieron. Ese aislamiento llegó también de forma física con los altos muros que rodean la parte delantera de la vivienda

Esa desconfianza se tradujo también en la colocación de varias cámaras en el perímetro de la casa. Al principio se pensó que las había colocado Sandra, su ex mujer. La primera víctima de este hombre tenía miedo, pero no fue ella quien tomó esa decisión. La había tomado su marido y asesino seis años atrás porque, decía, no se fiaba de los vecinos. Así que colocó una cámara de seguridad apuntando a la parte delantera de la casa y otra sobre la ventana trasera del edificio principal.

Un crimen premeditado

Una de las cámaras que el asesino colocó seis años atrás en su casa por desconfianza a los vecinos. B.C.

Días después de esta respuesta, a las ocho en punto de la mañana, José Luis se hizo con un revólver. No tenía licencia para llevar una de ellas encima, un detalle que habla de la premeditación y del empeño en obtener un arma de estas características para cometer el triple asesinato. Con ella se presentó a las puertas de la casa que había construido junto a su mujer para asesinarla. Conocía su rutina. Sabía que estaría allí, y también María Elena, la madre, y su hermana Alba, que la ayudaban habitualmente con los niños.

Sandra abrió el portón de la casa y se dispuso a salir con su coche para llevar a los dos niños, de 4 y 7 años, al instituto de Valga. Permanecía escondido en su coche. Hacía mucho que no pasaba por allí, ya que tras la separación, dos años antes, se había marchado a vivir a casa de su madre en Bertamiráns, Ayuntamiento de Ames, provincia de A Coruña. Pero conocía bien su casa y las costumbres de Sandra. Así que, después de salir del trabajo por la noche fue directo hacia la aldea de Carracido, Cordeiro, Valga, y a la puerta de la casa se quedó esperando. Dieron entonces las ocho de la mañana.

En ese momento, el hombre aprovechó para colarse dentro, abordar a su ex mujer y empezar una nueva discusión. Luego vació el cargador de la pistola sobre ella, con sus hijos como testigos desde la parte de atrás del vehículo. María Elena y Alba se encontraban despiertas, en la parte de atrás de la casa. Y después, antes de marcharse de allí, acabó con la vida de las otras dos mujeres que estaban en la vivienda. 

Luego se marchó de allí. Los niños escaparon corriendo a la casa de uno de los vecinos y fueron atendidos por ellos a lo largo de toda la mañana. Pronto llegaron los agentes. Ya no había nada que hacer ante una tragedia que mantiene conmocionada a Valga, a Galicia y a toda España. Solo detener al asesino confeso, que llamó para confirmar que había sido él el autor de los disparos.

Prisión provisional

Agentes de los TEDAX buscando el arma del crimen. EFE

La jueza que investiga el triple crimen machista ya le ha enviado a prisión. A falta de que se escoja el centro penitenciario, José Luis Abet pasará en las próximas horas a ingresar en prisión provisional, comunicada y sin fianza. La instructora del caso, titular del número 2 del juzgado de Caldas de Reis, tomó la decisión tres horas después de que durante la mañana de este martes el asesino confeso entrase en los edificios del juzgado para ser interrogado. No quiso hacer ninguna declaración. Se le imputan, por el momento, tres presuntos delitos de asesinato. 

Esto podría traducirse, en un futuro juicio, en una posible condena de prisión permanente revisable, según fuentes oficiales del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Sandra es desgraciadamente la víctima 41 de la violencia machista en lo que va de año. Un registro en el que actualmente no se permite incluir tanto a su hermana Alba, que tenía 27 años, como a su madre María Elena, de 58. Las tres serán veladas por sus vecinos en un sentido homenaje a lo largo de la tarde de este martes en el Auditorio del municipio. Allí se instalará la capilla ardiente.

Abet arrojó al río Tambre el arma con la que perpetró el triple asesinato, un revólver, un objeto corto, en su huida de la escena del crimen. Logró deshacerse de ella tras cometerlo. Fue localizada en la tarde del lunes por los agentes del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil cuando indagaban acerca del lugar en el que podía haber tirado el arma. Estaba a la altura de la Ponte Nova, en una de las esquinas del río que pasa por uno de los márgenes del ayuntamiento en el que vivía actualmente el detenido. 

A las 10.45 de la mañana accedió al juzgado custodiado por los agentes de la Brigada de la Policía Judicial de la Guardia Civil de la Comandancia de Pontevedra. Lo hizo a cara descubierta, pero el gentío le estaba esperando. Pronto comenzaron los gritos teñidos de rabia, de indignación y de impotencia ante el brutal crimen. Los que le vieron acceder no dejaban de bramar: "¡Asesino, asesino, asesino!".