Almería

Ana Julia Quezada, nada más ser detenida por agentes de la Guardia Civil el 11 de marzo de 2018, dijo: “Ángel, yo te quiero mucho. Yo quiero a Gabriel. Mi perro está dentro”. Fueron sus palabras junto al coche en el que llevaba el cadáver del niño en el interior del maletero.

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Lo ha recordado este jueves, durante la cuarta sesión del juicio por la muerte del menor, uno de los agentes de la Guardia Civil que participó en su detención, que se produjo en Puebla de Vícar (Almería). “Muy bien", respondió a los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil cuando la esposaron y le leyeron sus derechos.

Durante la sesión de este jueves han declarado como testigos y peritos algunos de los agentes de la Benemérita que participaron en la investigación para detener a la acusada y en el hallazgo simultáneo del menor, que era hijo de su por entonces pareja, Ángel Cruz. La autora confesa de la muerte violenta del niño ha presenciado el vídeo de la reconstrucción de los hechos en la que ella participó el 13 de marzo de 2018, dos días después de su arresto. Tiene una duración de 12 minutos.

Esas imágenes no se han podido ver en la zona de prensa habilitada para el juicio pero sí en la sala de vistas, como ha sido testigo este reportero, que se encontraba entre los periodistas que han accedido a ella como público.

Aquel día, Ana Julia Quezada hizo una narración detallada de los hechos en presencia de su abogada, Beatriz Gámez, de la fiscal Elena Fernández, de miembros de la UCO y también del juez que instruyó el caso, Rafael Soriano. En ella negó cualquier golpe al niño, contó que lo asfixió con su mano derecha y que estuvo unos minutos -sin concretar cuántos- deambulando por la finca de Rodalquilar, donde finalmente lo enterró.

En un momento dado de la reconstrucción, Quezada cuenta que ya ha asfixiado con sus manos al niño y que lo deja tumbado en el suelo. Es entonces cuando el magistrado le pregunta qué hace inmediatamente después. Ella explica que se lía “dos o tres cigarros” con tabaco picado, y que entra y sale de la vivienda por su estado de nerviosismo.

- ¿En qué piensa en ese momento?

- Pienso en el padre [Ángel Cruz]. En cómo se lo digo.

Mientras se visionaban esas imágenes en la sala, Ana Julia miraba al suelo. Parecía no querer revivir aquellas escenas. Según avanza el juicio, su rictus ha ido cambiando: ahora apenas derrama lágrimas, gesticula o se mueve, a diferencia de las dos primeras sesiones. Por ocasiones su mirada se pierde y ella parece ajena a lo que está presenciando.

Las marcas de los perros: limpió la casa

Otro de los agentes que ha declarado este jueves pertenece al Servicio Cinológico de la Guardia Civil. Fue el encargado de llevar dos perros rastreadores a la finca donde Ana Julia Quezada mató y enterró el cadáver de Gabriel Cruz en una fosa que ella misma abrió junto a una alberca.

Dicho agente ha explicado que los animales les "marcaron" dos objetos y dos ubicaciones donde existían restos biológicos del menor: un cubo de fregar, una fregona, el suelo de la habitación donde lo asfixia y las maderas que la acusada usó para ocultar la fosa. Este dato indica que Quezada limpió la escena del crimen antes de marcharse de la finca para sumarse a las labores de búsqueda del hijo de su novio.

"No colaboró nunca. Ella nos ocultó verdades que ya sabíamos de su pasado. Nos extrañó. Por ejemplo, miente cuando niega que fue prostituta", ha añadido un capitán de la UCO.