La gente pasa por la calle Ferraz de Madrid y se detiene a la altura de la sede del PSOE. Fijan su atención en el banco de enfrente. Hay un hombre con un cartel, en el que anuncia que se declara en huelga de hambre por estafa estatal. España le ha engañado. Los sucesivos gobiernos le han engañado. Apostó por invertir en renovables, tal y como le sugirieron desde el BOE. Apostó por el sol, pero lo perdió todo. Ahora ha decidido dejar de comer hasta caer enfermo.

El hombre es César Vea, el actor riojano que se hizo popular por su papel en la mítica serie Compañeros. También es la cabeza visible de las 62.000 familias que se han visto atrapadas y arruinadas por invertir en energía solar. Un negocio (presuntamente) seguro, que contaba hasta con el respaldo del gobierno. Pero las reglas cambiaron sobre la marcha y ahora lo ha perdido todo. Coincidiendo con el mes en el que se van a subastar sus terrenos, César Vea ha cumplido sus amenazas y se ha plantado en la sede socialista para ponerse en huelga de hambre.

"Vacaciones en Ferraz, con todo incluido: la cama ya la tengo, que es ese banco. Y la pensión completa, porque no pienso comer nada. Más barato imposible", bromea, mientras se acomoda en el banco en el que piensa pasar los próximos cinco, diez, quince días... "Hasta que venga la ambulancia a llevarme al hospital", sentencia el actor, retirando una botella de agua vacía y sentándose con su cartel protesta. Trabajadores del PSOE entran y le miran de reojo. Nadie dice nada.

"Este mes de julio, Hacienda saca a subasta lo que me queda de patrimonio; mis bienes, entre ellos, las tierras en las que están instaladas mis placas solares. Se lo quedan todo y les da igual que una persona caiga enferma. Son vampiros que se alimentan de nuestra sangre", relata. Mientras, dos de sus amigos le filman con cámaras. Quiere dejarlo todo registrado, igual que ha hecho hasta ahora. Lo ha recopilado todo en el documental Sol(d) out para denunciar su situación.

Un millón de euros

En el año 2007 les invitaron a invertir en renovables. César y su familia pidieron un préstamo de un millón de euros para construir una planta solar en La Rioja. Un negocio con el que no iban a hacerse ricos, y mucho menos a corto plazo. Una inversion que iba a empezar a ser rentable a partir de los 12 o 15 años. "No sabemos qué pasó, que a los tres años cambió todo. La Comunidad Autónoma nos había dado todos los permisos en su momento. Pero al cabo del tiempo nos dijeron que no era legal, por una serie de reales decretos aprobados por el partido socialista"".

César Vea sostiene un cartel en el que asegura que ha sido víctima de una estafa estatal Carmen Suárez

Ahí empezó el gran calvario de César Vea y su familia. Con el cambio de gobierno, la cosas no fueron a mejor. "Esto no es una cosa contra el PSOE, porque si los socialistas recortaron un 30%, los populares lo hicieron un 50%. Esto no es un tema de partidos; es un tema de cuatro o cinco personas que tomaron esta decisión sin pensar en la gente. José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Sebastián, Elena Salgado... Pero también el PP. Rajoy prometió que iba a ponerle solución a este problema. No solamente no lo hizo, es que además siguió con los recortes que habían iniciado los socialistas".

Cambio de reglas

El cambio de reglas con efecto retroactivo supusieron la ruina para los inversores. Los sacaban del sistema. Los beneficios a largo plazo que les prometían se fueron por el desagüe. No solo eso: se veían obligados a devolver préstamos, intereses y réditos que jamás consiguieron. Nadie pensó en ellos. 

César Vea ahora solamente ingiere líquidos. "La suerte que tengo es el sentido del humor con el que nos tomamos las cosas en casa. Estoy fatal, con medicación para la ansiedad desde hace mucho tiempo. Pero todavía no hemos perdido el sentido del humor". Para muestra, un botón: "Le dije a mi sobrina que hacía esto de la huelga de hambre para que se me quedase un tipazo de cara al verano. Mi sobrina me miró y me dijo que para eso tendría que estirarla por lo menos hasta diciembre", ríe. 

César no ha querido acampar. No lleva tienda de campaña. Las inclemencias del tiempo en esta época del año suelen reducirse a alguna tormenta de verano, de esas que descarga un torrente y a los pocos minutos se retira para que el sol vuelva a lucir. César no necesita una tienda, solamente que le escuchen.

César Vea en la puerta de la sede del PSOE en Madrid Carmen Suárez

Pasa gente por la sede del PSOE, pero ninguno de los que tiene en su mano solucionar el tema. ¿Qué le dirías a Pedro Sánchez ahora, César? "Pedro Sánchez ya nos dijo, allá por 2015, que lo iba a arreglar todo cuando llegase a la presidencia. Pero ya se sabe, una vez que ha llegado...". Una vez que ha llegado, las cosas siguen su rumbo. A César le reclama medio millón de euros Hacienda, 280.000 un fondo de inversión que compró su deuda, y así hasta llegar al millón. 

Frente al banco en el que está aposentado César se planta un señor. Peina canas, mira fijamente y no interviene para no molestar en la entrevista. No se mueve de allí. Un detalle en su camisa le delata: es una chapa en la que se puede leer: "El sol es de todos". Se trata de Francisco otro de los inversores que está atrapado en la trampa de las renovables. Otra de las víctimas de esta "estafa de estado", que ha querido acompañar al actor en sus momentos más difíciles. 

Primeros síntomas

César acampa frente a la sede socialista el viernes 19, pero dejo de comer hace 4 días, coincidiendo con el final del rodaje de la serie Acacias 38 en la que tiene un papel fijo. Literalmente va a invertir sus vacaciones en hacer una huelga de hambre. Y aunque la acción vistosa, la de plantarse frente al PSOE, empieza ahora, ya arrastra las secuelas de la falta de alimentos. "Me siento cansado, algo mareado. Y, sobre todo, se me resienten las piernas. Las tengo como si hubiera acabado de hacer un esfuerzo importante". Y eso que solamente lleva 4 días. Pero recuerda que las secuelas que está dejando todo este asunto en su familia son mucho más profundas. El cáncer de su hermana, que avanza por momentos, también tiene parte de todo este problema. "Le ha afectado, estoy seguro de eso".

César Vea se ha tomado solamente un café esa mañana y su menú se va a limitar a eso y a alguna infusión. Líquidos para no deshidratarse. Su equipaje se compone de una manta por si refresca, un cartel denunciando su situación y un sobre de suero, por si surgen complicaciones. "Pero es que ya me da igual, ¿sabes? Ya no lo hago por el dinero, que también. Pero no es lo más importante. No es el motor que mueve mi vida. Lo hago por dignidad, por el futuro de mis hijos y porque no se puede estafar a todo un país. Sabemos lo que es España, un lugar que podría abastecer de energía a todo el mundo. Si Elon Musk quería montar una planta solar en el desierto de Nevada con la que pretendía dotar de energía a todos los Estados Unidos, España podría abastecer a dos planetas. Pero al lobby de las eléctricas, al mismo que pone las puertas giratorias para que entren los políticos importantes, no les interesa".

César Vea iniciando la huelga de hambre

Concluye César explicando una anécdota que le sucedió no hace tanto: "Estaba en la nieve y rescaté a un hombre norteamericano. Casualidades de la vida, es un inversor estadounidense que tiene oficina en la calle Serrano. Me reuní con él a los pocos días para explicarle mi caso. Me fue claro: ellos no invierten en España por la situación de inseguridad jurídica que se encuentran. Por eso animo a mi hijo a que se largue de aquí. Que aprenda idiomas y que se vaya de este país, donde los gobiernos y la justicia estafan a los españoles".

Hasta que caiga

Pasa la gente por Ferraz. Se quedan mirando a César Vea y circuln. Les suena de la tele, por eso les extraña verlo fuera de contexto, con una camiseta reivindicativa y un cartel de denuncia. Lo miran de soslayo y siguen. Todos ellos llegarán a su casa y le atacarán al plato de comida. César no. Seguirá en su banco, frente a la sede del PSOE, hasta que alguien tome la determinación de agarrar el toro por los cuernos y ponerle solución a este drama.

"Hasta entonces seguiré aquí. Hasta entonces, o hasta que caiga enfermo venga a por mí la ambulancia". Lo que teme es que ni siquiera muriéndose le vayan a hacer caso. Pero le da igual: "Yo lo tengo todo perdido. Lo que me queda es la indignación". Decían los toreros que "mas cornás da el hambre". Pero a César Vea, más que las cornadas del hambre, le duele haber ido estafado".