En Aguiño, un pequeño municipio de Ribeira (A Coruña), todos conocen la pasión por la velocidad y los coches de alta gama de Pilar Martínez Patiño. De hecho, no es algo que haya pasado nunca inadvertido entre los vecinos, pues es más que habitual ver a esta conductora pisando el acelerador de su BMW gris cuando recorre las calles de la aldea y las carreteras del concello de La Barbanza.

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Algo de lo que más de una vez ha presumido e incluso se ha jactado. Una afición un tanto arriesgada que a esta gallega, de 45 años y madre de tres hijos, tal vez le costó el peor de los desenlaces el fin de semana pasado cuando estuvo implicada en un accidente de tráfico en el que resultó herida y que se llevó por delante la vida Abraham Muñiz y Sara Lampón, una pareja de 29 y 28 años vecina de Palmeira. La Guardia Civil todavía está investigando las causas. 

Eran las 18.30 horas del sábado y el tráfico en la carretera comarcal AC-305, que une los municipios de A Pobra do Caramiñal y Ribeira, era creciente, incluso había registrado algún que otro siniestro a lo largo del día. Abraham y Sara estaban en su vivienda de Palmeira y habían decidido ir a A Pobra, de dónde era oriundo el primero. Se montaron en su Seat León y pusieron rumbo a la localidad, tras hacer una parada para visitar el cementerio. Ese día, sin embargo, no pudieron entrar porque estaba cerrado. 

Pilar Fernández en el interior de un vehículo.

Pilar venía de A Pobra y conducía hacia Palmeira por la misma vía para llegar hasta su casa. El tramo por el que circulaba estaba limitado a 70 kilómetros, mientras que la pareja debía circular a 50 kilómetros por hora ya que salía de la localidad. En la siguiente curva que encontraron, en el kilómetro 34,800, tras una recta, ambos coches protagonizaron una brutal colisión que acabaría con la vida de la pareja en escasos segundos.

Un proyecto de vida que ambos habían construido desde bien niños y que ese instante había destruido por completo. En un principio, varios amigos de la pareja apuntaron que Sara estaba embarazada de gemelos desde hacía unos meses. Este viernes, en cambio, la familia ha desmentido en un comunicado que estuviese esperando un hijo y al mismo tiempo ha agradecido todas las muestras de afecto, apoyo y solidaridad recibidas tras el trágico accidente.  

"Vaya cacharro y como suena..."

El escenario era estremecedor. Los dos vehículos se habían convertido en dos grandes amasijos de hierro y en restos que se repartían por toda la calzada, y aunque los equipos de emergencia no tardaron en llegar, ya nada se pudo hacer para salvar las vidas de Abraham y Sara. La carretera estuvo cortada durante más de cuatro horas. 

Al fondo, la curva de la AC-305 en la que se produjo el accidente. Mónica Ferreiros

Por delante quedaba resolver cómo se había producido este fatal suceso que, según la Guardia Civil, llevará tiempo debido al estado en el que quedaron los dos vehículos, de los que  se tuvo que extraer a las víctimas. No obstante, los vecinos que vieron el accidente, así como la primera patrulla de Policía Local que llegó al kilómetro 34,800 de la carretera comarcal ponen el foco sobre la conductora del BMW, que aquella tarde supuestamente conducía excediendo los límites de velocidad.

Para el primer agente que llegó, con el que ha hablado este periódico, hay poca duda. "Fue una conducción temeraria, iba a una velocidad salvaje e invadió el carril contrario; era una curva con amplia visibilidad y no le dio tiempo a hacerla, de ahí como han quedado los dos coches", explica. En la parte de su carril, sobre el asfalto, había varios arañazos. El aglomerado estaba levantado y había líquido de freno, signos que indicarían, según este agente, que a Pilar no le habría dado tiempo a sortear esa curva. 

También entran en juego los antecedentes por conducción temeraria que pesan sobre Pilar Fernández. En concreto, tres en los últimos cuatro meses. Al parecer, esta gallega solía recorrer las carreteras comarcales siempre a gran velocidad al volante de su BMW descapotable, que había comprado de segunda mano hacía tres años. "Vaya cacharro y como suena... es flipante ir en él", comentaba esta gallega sobre su nuevo coche en una red social. 

El primero de los accidentes de la conductora temeraria ocurrió en enero, en el Puerto de Aguiño. Aquel día, la Guardia Civil recibía un aviso por accidente de tráfico en esa zona, en la que terminaba la carretera provincial DP-7305, que comunica la localidad aguinense con Ribeira. Una mujer de 45 años, bajo "evidentes" signos de embriaguez, conducía de manera temeraria y había causado daños en otro vehículo tras impactar contra él. 

Antecedentes

Lugar donde está enterrado Abraham en el cementerio de A Pobra. Mónica Ferreiros

Cuando los agentes llegaron hasta el lugar, Pilar se encontraba fuera de sí. Se resistía a admitir su culpabilidad, a realizar el control de alcoholemia y solo quería irse del Puerto para volver a su casa, inconsciente en todo momento de lo que había hecho y por supuesto sin querer reparar daño alguno. "Le daba igual atravesar el coche, hacía como que soplaba, decía que no podía, se inventó mil películas para no tener que hacer el control", cuenta el agente a este diario. Al final de nada sirvió. Signos como el olor a alcohol o su comportamiento con la patrulla de Tráfico bastaron para que la Guardia Civil le tramitase un delito contra la seguridad del tráfico, por el que esta gallega será juzgada en los próximos meses.

Todo el que la conoce insiste en lo mismo: es una apasionada de los coches. Algo que se deja ver en algunas de sus fotos en redes sociales en las que presume conduciendo motos de gran cilindrada o posando con coches deportivos de alta gama. Si bien, este último año, según cuentan sus allegados, podría haber sido más duro para ella.  

Pilar Fernández nació en Touro, allí se crió con sus hermanos y más adelante se casó con un conocido ganadero en la zona, tras lo que se mudaron a La Graña, muy cerca de Aguiño, donde tuvieron a sus tres hijos, ahora de 21, 15 y siete años, ya separada. En la actualidad, la familia vive de una pequeña granja de engorde de teneros, cuyos se venden en diferentes carnicerías de la zona, en una de las cuales, en Ribeira, solía trabajar Pilar. Aunque no se le veía mucho por allí. 

En relación a los antecedentes temerarios de esta gallega, un trabajador del depósito de coches de Ribera, en el que actualmente se encuentra lo que queda del BMW de Pilar, ha relatado a este periódico que su automóvil no era la primera vez que terminaba allí, pues ya había protagonizado algún que otro incidente en la carretera. 

Lugar donde está enterrada Sara, en el cementerio de Palmeira. Mónica Ferreiros

Mientras la Guardia Civil continua sus investigaciones —y no se pronuncia acerca de los antecedentes de la conductora hasta que finalicen, según han expresado a este periódico—, Palmeira aún vive conmocionado tras la pérdida de dos de sus vecinos más queridos, una pareja que compartía su vida desde que eran prácticamente unos niños.

Nadie se olvidará de la sonrisa, el humor envidiable y la pasión del Real Madrid de Abraham. Ni tampoco del cariño que siempre mostraba Sara a todos los vecinos. Juntos, el pasado lunes, realizaron su último viaje, después ser velados en el tanatorio de la calle Venecia, en A Pobra. Él marchó hacia la iglesia de Santa María do Caramiñal, para ser después enterrado en el cementerio de Santiago do Deán. Y ella puso rumbo a Palmeira, donde tuvo lugar el funeral y el sepelio.