“No tengo a donde ir, dejadme morir ahí dentro”, suplicó Miguel Ángel Ferrer Sánchez a los funcionarios de la zona de acceso de la cárcel de Huelva. El preso, que acababa de quedar libre horas antes, había salido de allí esa misma mañana del pasado sábado. Segundos después de expresar su deseo, el hombre, quien había estado los últimos 20 años en prisión por cometer una violación a finales del siglo pasado, empuñó una cuchilla, se la llevó al cuello e intentó quitarse la vida.

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A punto estuvo de morir desangrado de no ser por la inmediata actuación de los servicios médicos de la penitenciaría. Ahora se encuentra estable en el hospital Juan Ramón Jiménez. Enfermo de cáncer, Miguel Ángel despreciaba la libertad. Prefería fallecer entre rejas a volver a vivir en sociedad.

Miguel Ángel Ferrer Sánchez, de 56 años, abandonó la prisión de Huelva el pasado fin de semana. Había cumplido íntegra su condena por violar a una sobrina. La Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Cádiz le impuso una pena de 37 años. Luego se le rebajó a casi la mitad tras varias revisiones.

El preso puso los pies en la calle sobre las 11 de la mañana del sábado, explican dos fuentes de la penitenciaría onubense consultadas por EL ESPAÑOL. Se despidió de sus compañeros del módulo de enfermería, donde se encontraba a causa de su enfermedad. A los funcionarios les dijo que no quería ser libre, que prefería seguir en su celda. Pero éstos le dijeron que ellos no podían permitírselo y tuvo que abandonar la prisión.

El por entonces ya exreo cogió su macuto y se subió a un taxi al que habían llamado los propios funcionarios. En el bolsillo llevaba 1.000 euros. En la cuenta del banco tenía alrededor de 13.000. Era el dinero acumulado mes tras mes gracias a su peculio (el paro carcelario, la cuenta que todos los reclusos tienen para poder cubrir sus gastos dentro de la cárcel).

Días antes de quedar en libertad había solicitado dicha cantidad en efectivo para cuando saliera a la calle. Durante horas Miguel Ángel estuvo dando vueltas por la capital onubense. Según contó él mismo después, preguntó precio en varios hoteles y pensiones de la ciudad pero no se hospedó en ningún establecimiento.

Su familia no quiere contacto con él

Después de almorzar, pasadas las 16 horas, Miguel Ángel Ferrer, nacido en Cádiz el 17 de septiembre de 1962, el hijo de Vicente y de María, volvió a la zona de acceso común de la cárcel de Huelva, por donde entran familiares y abogados para las visitas. Allí, insistió en que quería volver a ingresar en prisión.

Los funcionarios y los guardias civiles que le atendieron le dijeron que eso no era posible, que él ya era un hombre libre. Miguel Ángel contó que su familia no quería tener contacto con él por la violación cometida en Arcos de la Frontera (Cádiz) dos décadas atrás. “Dejadme morir ahí dentro, por favor”, les rogó. “No tengo a dónde ir”. Al instante, se provocó una incisión en el cuello.

Tras la intervención de los médicos de la cárcel, que le taponaron la herida, una ambulancia trasladó a Miguel Ángel Ferrer hasta el hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, donde ingresó de urgencias. Ahora su estado no reviste gravedad. Se encuentra en planta, explican fuentes del centro hospitalario.

Su historia recuerda a la de Brooks Hatlen, personaje que interpreta el actor James Whitmore en Cadena perpetua (1994), coprotagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman. En la película, que habla de la amistad entre varios presos de una cárcel estadounidense, Brooks interpreta el papel de un bibliotecario, uno de los reos más antiguos.

Después de pasar media vida encarcelado, y sin familia que le esperase afuera, como le ocurre a Miguel Ángel Ferrer, cuando Brooks sale a la calle encuentra un empleo de ayudante de caja en un supermercado y se instala en la habitación de un hostal. Una mañana, hastiado con su nueva vida, se viste con traje y corbata, se sube a un silla de madera y se ahorca con la ayuda de una soga atada a una viga de la estancia. Aquello era ficción. En este caso, Miguel Ángel Ferrer cerca estuvo de llevarlo a la realidad.

Un albergue y un piso compartido

El exreo gaditano ingresó por primera vez en prisión el 12 de mayo de 1999. Había violado a una sobrina. A mediados de 2017, cuando todavía le restaban casi dos años de condena, Instituciones Penitenciarias le concedió la libertad condicional por el cáncer que padecía. Pasó a residir en un piso tutelado que gestiona una ONG de ayuda a la reinserción de presos.

Pero Ferrer Sánchez volvió a delinquir. Apuñaló a un compañero durante una pelea. La víctima no falleció. Esos hechos, que todavía no han sido juzgados, condujeron al agresor de nuevo a prisión. Hasta el pasado sábado, cuando quedó libre y horas más tarde intentó suicidarse.

Antes de volver a vivir en sociedad a Miguel Ángel Ferrer Sánchez se le ofreció la posibilidad de compartir un piso de alquiler con otro exconvicto y también una plaza en un albergue. Además, tenía una cita prevista con una trabajadora social para que le ayudase a encontrar un empleo.

El sindicato Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP) dijo que los hechos demuestran “la falta de personal en el área de tratamiento” de los reclusos de la cárcel de Huelva, aunque luego admitió que en el caso de Miguel Ángel Ferrer “se había trabajado en la reinserción del preso”.

El ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, señaló que el sistema penitenciario español es "modélico". Instituciones Penitenciarias explicó que un trabajador social había ofrecido apoyo para su reinserción al recluso durante el último año y medio.

Fuentes penitenciarias subrayan la “excepcionalidad” de los casos de reclusos que se niegan a abandonar la prisión. Esas mismas fuentes también detallan que algunos encarcelados “se sienten alguien en prisión ya que tienen su vida hecha dentro: hábitos, relaciones sociales... Si a esto se suma la exclusión de tu propia familia por el delito que cometiste, la salida se hace más compleja todavía". Es lo que le habría ocurrido a Miguel Ángel, el violador enfermo de cáncer que prefería morir estando preso a siendo un hombre libre.