Paloma Tortajada era “una voz única”, “una excelente periodista”, “una persona maravillosa” y “una gran compañera de viaje”. Ella fue (y seguirá siendo) muchas cosas. El cáncer, inevitablemente, se la llevó después de pasar toda una vida pegada al micrófono, de hacer grandes a los más grandes (Iñaki Gabilondo, Carlos Herrera...), de ser la sombra de las estrellas, de pasar por la Ser y la Cope. Cumplió su sueño, se dedicó a lo que siempre quiso, trabajó en lo que la hizo feliz y se ganó el favor de sus compañeros y amigos. Pero, sobre todo, de los oyentes. 

Natural de Zaragoza, siempre pensó que sus padres le pusieron Paloma porque estaba destinada a trabajar en Madrid. Y así fue. Voló alto. Todo lo que pudo (y más). Se crió escuchando la radio; fantaseando con estar, algún día, delante de un micrófono; soñando con pasar, toda su vida, pegada a un micrófono. Ese era su objetivo. Y lo cumplió. Estudió Ciencias de la Información en la Universidad del País Vasco y empezó a trabajar en Radio Popular de Zaragoza (lo que hoy es la Cope). Era 1988. No había Internet. Se leía en papel y el transistor, a pesar de la existencia de la televisión, seguía siendo el medio más rápido para estar informado. 

Cambió Zaragoza por Madrid en 1990, cuando la Ser absorbió a Antena 3 Radio. Empezó trabajando de madrugada. Pero, en un momento dado, esa voz, ese timbre tan particular, llamó la atención de Iñaki Gabilondo. El periodista vasco la sacó de allí inmediatamente, se la llevó con él. Sabía lo que tenía delante: una magnífica periodista, pero también una persona con una calidad humana incalculable. De ahí que, en pocos años, pasara a ser coordinadora de Hoy por Hoy y subdirectora de Hora 14 entre 1993 y 2006. 

Justo entonces, en 2006, Paloma cambió de tercio: premió la confianza de Iñaki Gabilondo yéndose con él a Cuatro y a CNN+ como jefa de Sociedad entre 2006 y 2009. Hasta que pasó al otro lado. Dejó su pasión por una experiencia que no podía rechazar: ser jefa de prensa del Ministerio de Educación junto a Ángel, el otro Gabilondo. Entonces, la respaldaba su trayectoria, su experiencia y su capacidad para coordinar equipos. 

Pero, con la victoria del Partido Popular, Paloma pasó a engrosar las listas del paro. Cambió de vida y, por momentos, perdió la esperanza. Se puso a mejorar su inglés, a hacer deporte, a estudiar… Echó currículums a las ONG, a tiendas de ropa, a hoteles… A cualquier sitio. Estuvo seis meses sin ejercer. Pero, entonces, la llamó la Cope. Primero, en el programa de Ernesto Sáenz de Buruaga y, más tarde, compartiendo días con Ángel Expósito y Carlos herrera. “Pensaba que te me ibas a escapar en mi carrera”, le dijo el presentador al encontrársela. 

Volvió a recuperar la ilusión. Pero, poco tiempo después, la sacudió esa maldita enfermedad. “Un día, a las 6 de la  mañana, la noté más afónica y le dije, en antena, incluso: '¿Qué tienes en la voz?'. ‘No sé, voy a ir al médico’, respondió”. Nadie pensaba que aquello fuera a ser cáncer.

Paloma reapareció en enero, pero la recaída dejó a todos desconsolados. “Fíjate. Era una noticia que hemos ido asumiendo poco a poco, sobre todo las últimas dos semanas, pero, inevitablemente, el mazazo es seco e imprevisto porque no te haces a la idea de que una persona tan llena de vitalidad, con 49 años, llena de belleza, de sonrisa, de trabajo, de profesión, de capacidad, de empatía, pueda desaparecer en un momento, bajo el mando de una enfermedad cruel, una agonía lenta”, arrancaba Carlos Herrera en esta triste mañana de jueves. 

La noticia, para todos sus conocidos, cayó como una losa. Desde entonces, los mensajes de despedida se han ido multiplicando. Algunos de ellos, como el de Iñaki Gabilondo, ejemplificadores por lo que fue (y será): “Una voz soberbia, una gran calidad como persona y una mujer maravillosa que representa muy bien a ese colectivo de profesionales que conecta con la gente. Trabajó durante muchos años en la noche, en ese turno previo al que abre el Hoy por Hoy, viviendo en esa sombra del trabajo en un nivel de calidad absolutamente extraordinario (…) La nobleza de Paloma estaba tan por encima de cualquier otro aspecto que todos los que la conocieron se enamoraron de ella. Todos la querían. Aquí en la Ser o en la Cope o donde se ha tenido la oportunidad de estar con ella”, la recordaba Iñaki. 

Palabras que se han ido repitiendo en boca de unos y de otros, de compañeros, de oyentes y de familiares. De todos los que en algún momento pudieron disfrutar de su calidad humana (y periodística). Un cáncer se la llevó. Pero su voz, su espíritu, su forma de hacer las cosas y sus enseñanzas no se apagarán con el transistor; pervivirán entre las ondas por siempre.