Juan Pita tocó techo como cantante a mediados de los 90. Lideraba una banda de pop llamada Rebeca y su single “Qué más quieres de mí” (1994) adquirió cierta notoriedad en las radios españolas. El éxito le llevó a las drogas, de ahí a la esquizofrenia y finalmente a vivir solo en una choza en mitad del campo. Si dramático fue su declive, trágico fue su final. Juan tenía una hija llamada Andrea, ennoviada desde 2017 con un delincuente habitual llamado José Cortés. José le pegaba a Andrea palizas de muerte. Ella acabó escapando y Cortés la amenazaba: “O vuelves conmigo o le pego fuego a tu padre”, le advertía por Whatsapp el 12 de enero del año pasado.

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La mañana del 13 de enero, la madre y la hija de Juan Pita se extrañaron de su ausencia. Solían comer los tres juntos, pero ese día Juan no había llegado desde su cabaña. Andrea y su abuela, alarmadas, se plantaron en la choza. Lo que vieron fue mucho humo, mucha policía y muchos bomberos. Se había producido un incendio en la chabola la noche de antes. El fuego lo había arrasado todo, incluida la vida de Juan Pita. Tenía 58 años.

Ahora, un juez de Sabadell ha imputado a José Cortés por haber provocado el incendio que acabó con la vida de su suegro. Lo hizo, al parecer, con la ayuda del Jaro, un amigo suyo con el que le pegó fuego a la infravivienda. El suceso también habría contado con la participación de una tercera persona a la que llaman Camarón, tal y como adelantó CRÓNICA GLOBAL, medio asociado a EL ESPAÑOL. Camarón quedó en libertad tras declarar, el Jaro sigue en paradero desconocido y Cortés en prisión.

El infierno de los Pita comenzó hace mucho tiempo, pero explotó en 2017, cuando Andrea empezó una relación con José Cortés. Él pertenece a uno de los clanes gitanos del narcotráfico más activos de la comarca de Cataluña. Calculan los Mossos que el clan de los Cortés y sus aliados, los Capirote, mueven el 70% de la marihuana que se produce entre las provincias de Barcelona y Girona. “Gente chunga”, resumen por Santa Perpetua. Cortés es un fanfarrón de 27 años que siempre conduce coches lujosos, va cargado de oro y le cuenta a todo el mundo la cantidad de droga que mueve. Un tipo peligroso con especial facilidad para emplear la violencia. Y eso es exactamente lo que hacía con su novia Andrea, madre de una niña de 3 años. No eran malos tratos psicológicos. José Cortés le pegaba a Andrea Pita unas palizas de muerte. En varias ocasiones acabó en el hospital con severos traumatismos. 

Para entonces, poco podía hacer Juan Pita por su hija. Su estado de salud no era bueno y su aspecto tampoco. El ocaso del artista había llegado con el nuevo siglo. El que fuese cantante de varios grupos de moda en los 90 (Rebeca o Los Sucesos), había pagado cara la factura del éxito. Tras saborear las mieles del éxito, cayó en la droga. Una adicción que, sumada al alcoholismo que arrastró hasta los últimos días de su vida, le derivó en esquizofrenia. Su estado le llevó a vivir aislado del mundo, lidiando en solitario con su trastorno mental y enganchado al alcohol. Se fabricó una choza entre los términos municipales de La Llagosta y Santa Perpetua de Mogoda y allí residía. Tenía 57 años, pero aparentaba al menos 10 más. Su único sustento procedía de una paga de 400 euros que le habían asignado.

Su hija Andrea recibió palizas diarias de su novio, el narco José Cortés, durante varios meses. A finales de 2017 dijo basta. No aguantaba más y se largó de su lado llevándose a su hija de 3 años. Puso una denuncia y acabó en un centro de acogida para mujeres maltratadas. Ahí dentro seguía recibiendo mensajes de Cortés, que no podía soportar la idea de que Andrea se hubiese largado. La acosó a mensajes desde que supo que no iba a volver con él.

"Ahora lo va a pagar tu padre"

Las primeras semanas de enero fueron críticas. José Cortés perdió el control de sí mismo y empezó a subir el nivel de sus amenazas sobre Andrea. Sobre él pesaba una orden de busca y captura precisamente por agredir a su exnovia y quebrantar las órdenes de alejamiento impuestas. Pero José Cortés estaba obsesionado con la chica. Como veía que le resultaba imposible acercarse a ella, decidió tocar a su familia. “O vuelves conmigo o mato a tu padre”, le escribió. Ella decidió ignorar el mensaje, sin llegar a imaginar que el maltratador cumpliría sus amenazas.

Cortés, iracundo al no obtener respuesta, redobló la apuesta. “No me dices nada… pues ahora lo va a pagar tu padre”, le escribió, decidido a cometer una locura. Para ello recurrió a su gente. Llamó al Jaro, otro delincuente habitual que trabajaba a las órdenes de Cortés. En este suceso hay una tercera persona implicada, conocido como Camarón, y amigo del Jaro y de Cortés.

Pantallazo de la conversación entre el Jaro y Camarón

Lo que cree el juez es que al menos Cortés y el Jaro se desplazaron la noche del 12 de enero de 2018 hasta la zona agrícola entre La Llagosta y Santa Perpetua donde el solitario Pita se había construido su cabaña, con ánimo de prenderle fuego. Antes de provocar el incendio, estuvieron requiriendo a Pita, a voces, para que saliese a la calle. Quería Cortés agredirle para demostrarle a Andrea que iba en serio. Pero Pita, temeroso, prefirió no salir de su escondite. 

"El maricón de tu padre no sale y le vamos a quemar"

“El maricón de tu padre no sale y le vamos a quemar”, fue el último mensaje que le envió Cortés a su exnovia, que decidió no tener en cuenta estas amenazas por Whatsapp, desconocedora de que Cortés y el Jaro habían cumplido sus amenazas y le habían pegado fuego a la choza con su padre dentro.

Al día siguiente, Juan no fue a comer a casa de su madre. Lo hacía casi a diario, donde coincidía con su hija Andrea y su nieta de 3 años. Las dos mujeres se extrañaron de su ausencia y decidieron ir caminando hasta la choza en la que residía Juan. Allí fue cuando se encontraron el panorama: la cabaña estaba calcinada y dentro estaban los restos achicharrados del cantante. 

En paradero desconocido

Andrea puso en conocimiento de los Mossos d’Esquadra lo que había sucedido, pero a los presuntos responsables ya les había dado tiempo para largarse de allí. La policía sospechaba de Cortés, del Jaro y de Camarón. Este último fue citado a declarar por el juez y fue puesto en libertad con cargos. El Jaro había desaparecido y, a día de hoy, sigue en paradero desconocido. Cortés también huyó, pero la presión policial hizo que se entregase a finales de abril.

Los delitos por los que estaba siendo buscado José Cortés estaban relacionados con las agresiones contra su exnovia y con el quebrantamiento de las órdenes de alejamiento que le habían sido impuestas. Entretanto, los investigadores intentaban seguir atando cabos para acabar de vincular la muerte de Juan Pita con las amenazas de Cortés.

Juan Pita, muy desmejorado en sus últimos años de vida

Fue entonces cuando la policía intervino el teléfono móvil de Camarón, el tercer implicado. Entonces descubrió llamadas entre el propietario del móvil y el Jaro, en el que éste último desvelaría informaciones que le situarían allí, en el lugar de los hechos, la noche del 12 de febrero. También un Whatsapp revelador de la noche de autos, en el que Camarón le afeaba al Jaro “la que habéis liado con el mechero, que se ve desde aquí. Estáis locos”.

Ahora, con todas las pruebas recogidas, un juzgado de Sabadell ha acusado a José Cortés de ser el autor material del fuego que calcinó al excantante Juan Pita. Su cómplice, el Jaro, sigue fugado de la justicia y en paradero desconocido. Cortés sigue en la cárcel. Y la familia de Pita, que tuvo que pedir protección policial después del asesinato porque temía posibles represalias por parte del Clan de los Cortés, sigue pidiendo justicia.