Una llamada al 112 portugués a primera hora de la tarde del sábado fue el punto de partida de una operación que terminó en tragedia. A esa hora, una mujer de 76 años residente enla ciudad fronteriza de Braganza, se puso en contacto con los servicios sanitarios para pedir ayuda: tenía problemas cardíacos que necesitaban de atención urgente.

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La evaluación de la mujer hacía imprescindible su traslado lo antes posible a un Hospital de Oporto, a más de 200 kilómetros de donde ella se encontraba. La vía más rápida era la aérea, utilizando un helicóptero médico en donde el destino quiso que Luis Vega, español de 47 años, encontrara su muerte. 

Natural de La Coruña, llevaba 19 años viviendo en Portugal, país al que decidió trasladarse en busca de mejores condiciones laborales cuando apenas rozaba la treintena. Era licenciado en Medicina y se había lanzado a probar fortuna en una zona del país luso a la que muchos gallegos con su perfil deciden mudarse ante la escasez de plazas sanitarias en Galicia.

Allí, en la localidad de Santa Maria da Feira (Aveiro), a 30 kilómetros de Oporto, formó una familia con su esposa, también española. Trabajaba en el hospital de São Sebastião de la ciudad y formaba parte del Instituto de Emergencias Médicas de Portugal. Luis era el encargado de acompañar a los pacientes en helicóptero o ambulancia ante situaciones de urgencia, el primero que llegaba al lugar para prestar asistencia médica.

Este sábado había recibido el encargo de volar hasta Braganza para acompañar a la paciente hasta un hospital de Oporto, a la que despidió en su destino a las 15.13 horas de la tarde (16.13 horas en España). Un vuelo más, de los muchos a los que estaba acostumbrado, que marcaría el fin de su vida. 

En Oporto Luis volvió a subirse en el helicóptero, un Augusta A109S operado por la empresa Babcock, para dirigirse a la base del INEM de Macedo de Cavaleiros, una localidad próxima a Braganza y a más de 150 kilómetros de Oporto.

A los mandos de la aeronave iban el comandante João Lima, de aproximadamente 50 años de edad y considerado uno de los más experimentados pilotos al servicio del Instituto Nacional de Emergencia Médica de Portugal. A su lado iba el copiloto Luís Rosindo, natural de Setúbal y expiloto de la Fuerza Aérea Portuguesa. También volaba a bordo la enfermera Daniela Silva, de 30 años y residente en la zona de Oporto. Miembro del INEM portugués y voluntaria en el servicio de bomberos de Baltar, en Paredes. 

En torno a las 18.30 horas la torre de control perdió la señal del aparato. No fue hasta casi dos horas más tarde cuando Protección Civil recibió la llamada de alerta, en torno a las 20.15 horas (21.15 horas en España). La incertidumbre y angustia de los familiares terminó a las dos de la madrugada con el hallazgo de los restos de la aeronave en una zona poco accesible de la Sierra de Pias, a 15 kilómetros de Oporto, en la comarca de Vilalongo. 

Dos de sus miembros estaban fuera del helicóptero. Otros dos en su interior. Las malas condiciones meteorológicas que presentaba la zona en donde fueron encontrados los restos parece ser la clave del fatídico desenlace, el más grave que sufre el INEM desde 1997. Luis encontró la muerte al lado de su casa, y de su país.