Llanes (Asturias)

"Javier era un tío alto y fuerte. A Ardines no lo tumbaba un tío solo". Los vecinos y allegados de Llanes permanecen todavía sumidos en un estado de incertidumbre tras el presunto asesinato del concejal Javier Ardines, edil por Izquierda Unida, a las puertas de su propia casa. "Solo queremos que se resuelva pronto". Muchos confían en que puede ser así. 

Han pasado tres días desde que el cuerpo del pescador y también edil del ayuntamiento asturiano apareciese con la cabeza abierta por tres sitios, un rastro de sangre a su alrededor, yaciendo en un camino cercano a su casa. Muchos en el pueblo valoran ya una de las posibilidades que la Guardia Civil maneja como hipótesis probable: que en el lugar del crimen hubiera más de una persona y que fueran varios quienes tendieran la emboscada al político llanisco.

Javier Ardines no era un hombre enclenque.Todo lo contrario. Era un tipo fornido, recio, con algo más de 1,80 de estatura. "Tenía mucha fuerza, mucha presencia", recuerdan quienes le conocen. Eso lleva a pensar, a priori, que hubieran sido varias las personas necesarias para tumbarle y acabar con su vida. 

Todo comenzó con una discusión

El primer indicio que se tuvo fue una discusión. Esta tuvo lugar a las seis de la mañana del jueves. Fue un vecino de la zona el primero en advertir lo que sucedía. Según adelantaba este sábado El Comercio y ha podido confirmar EL ESPAÑOL, el hombre que escuchó las voces a esas horas intempestivas era uno de los dos vecinos que tienen su casa próxima a la de Ardines. Este viernes, el vecino declaró ante el juez. "Eran voces muy altas, parecían venir de dentro de la casa". Lo que tuvo claro es que eran varias voces distintas, de más de una persona. Ese fue el momento en el que el concejal cayó en la emboscada de las vallas que obstruían el camino para salir con el coche de su casa.  

Tres golpes cayeron después sobre el concejal. La autopsia lo confirmó, y también arrojó el dato de que los ataques tuvieron que ser perpetrados con un objeto contundente. Mientras esto ocurría, el vecino que escuchó los gritos no se atrevió a salir de la casa para ver qué estaba pasando en la calle. 

Fue otro de los que vivían ahí quien dio la voz de alarma dos horas después cuando salió a pasear el perro. Un varón madrileño, con segunda residencia en la zona de Belmonte de Pría, la parroquia en la que tuvieron lugar los hechos.

En un momento del paseo, el can salió corriendo hacia el camino. El hombre salió corriendo detrás de él y acabó topándose con el cadáver del concejal de 52 años. El cuerpo presentaba tres heridas: una en la frente, otra en la cara y otra en la nuca. El cuerpo estaba rodeado de un enorme charco de sangre. 

El camino que conduce a su casa es una vía estrecha, por la que apenas pasan dos coches uno al lado del otro. Días atrás, el o los asaltantes le tantearon colocando las vallas en medio del camino. El jueves, exactamente igual que los días anteriores, decidieron actuar.

De Fago a Llanes: la emboscada en la crónica negra

El puerto de Llanes estaba el viernes de luto. Las banderas de los barcos también quedaron arriadas a media asta. B.C.

El viernes por la noche, varios amigos charlan y debaten en un bar del centro histórico de Llanes. Son del pueblo, de toda la vida. Creen que todo se resolverá pronto. Una de ellos, se acuerda de un caso muy similar al que estos días está viviendo Llanes tras el asesinato de Ardines. "Esto es igual que el crimen de Fago".

Se refiere al asesinato de Miguel Grima, político del PP, alcalde de Fago, un pequeño pueblo de Jaca. Los hechos remiten con claridad a lo ocurrido el pasado jueves en Llanes. Este caso tuvo lugar, concretamente, hace 11 años y medio.

La noche del viernes 12 de enero de 2007, Grima regresaba de una reunión con otros alcaldes del partido en Jaca. Había cogido una carretera local que conduce al pequeño pueblo del cual era alcalde. De pronto, en medio de la fría noche, se llevó un susto de muerte que le obligó a detener el vehículo. Una barrera de piedras en medio del camino le cerraba el paso. No le quedó otra que parar el coche y bajarse a retirar los escombros que le impedían continuar su camino. En cuanto el alcalde puso un pie fuera, el cañón de una escopeta surgió de entre los árboles. Varios disparos acabaron con su vida. 

La emboscada había sido perfecta. Le habían seguido, sabían a qué hora volvería de su reunión, por dónde solía hacerlo. Solo quedaba obligarle a bajarse del coche.

Una vez muerto, el asaltante arrojó su cadáver por un barranco. Un mes después fue detenido por la Guardia Civil. Las investigaciones les condujeron a las enemistades entre el allcalde y algunos de sus vecinos. El dos de febrero, los agentes esposaron a Santiago Mainar, enemigo confeso de Grima, contrincante político durante muchos años como cabeza de lista del PSOE en las elecciones de 2003. Fue condenado a 20 años y nueve meses de prisión. 

Las similitudes son palpables en cuanto que tanto Ardines como el alcalde de Fago vieron su camino bloqueado en pasos angostos. Ya fuera del coche, les esperaba la tragedia.