Pamplona

Hasta hace unos cuantos días, solo unos pocos fuera de los pasillos del Palacio de Justicia de Pamplona conocían al magistrado Ricardo Javier González González. Un hombre alto, reposado, de mirada penetrante desde las gafas, y barba poblada bajo ellas. Desde las últimas horas es uno de los protagonistas de la ya polémica sentencia del juicio de ‘La Manada’. Quienes le conocían ya comentaron hace meses con EL ESPAÑOL cuál sería su decisión. Ricardo González se iba a convertir en el juez que no creía a la víctima de ‘La Manada’.

Lo supo muy pronto. En concreto, justo después de tener ante sí a la joven víctima, a mediados del pasado mes de noviembre. Tres ilustres colegas suyos en Pamplona, quienes le conocen, quienes tienen buen trato con él, quienes han tenido que lidiar con él en distintos procesos judiciales a lo largo de las últimas décadas, lo confirman a este periódico. Hay un momento clave para el juez González durante todo el proceso. Ocurrió hace unos pocos meses. Los tres, más o menos con similares expresiones vienen a afirmar: “Desde que terminó de interrogarla, tuvo claro que les iba a absolver”.

Durante el juicio, en noviembre, ya se comentaba la posibilidad de que este hombre decidiese inclinarse por la absolución de los cinco miembros de La Manada. Mientras las partes hablaban ante los periodistas, aquel magistrado observaba por encima de las gafas y anotaba en su libreta. Su mirada penetrante se clavaba en los ponentes, la fiscal, los abogados de la defensa, los abogados de la acusación. No dejaba de anotar. No decía una palabra.

Su voto particular es de una extensión tal que merece un análisis aparte. Las polémicas frases sobre lo que vio en los vídeos grabados ya han sido comentadas. Lo realmente importante, lo que él valora, es la prueba principal del juicio, la declaración de la víctima, avalada por sus dos compañeros de tribunal. Francisco Cobos y Raquel Fernandino dan credibilidad a la versión de la joven de 18 años, pero no creen que una chica rodeada de cinco hombres altos, fuertes, que la tratan "como un objeto", que la manipulan, que la avasallan... No creen que haya sido violada.

En cambio, en su escrito de voto particular, el juez González se posiciona abiertamente en contra de sus otros dos colegas. Y se extiende en ello. Donde sus compañeros de tribunal ven coherencia y pequeños errores que se pueden obviar en el relato de la víctima, él ve contradicciones flagrantes. Donde ellos advierten que las secuelas que la chica ha sufrido quedaron acreditadas, él dice que no son tal. Donde sus compañeros ven cómo cinco hombres avasallan a una mujer, cercándola, acorralándola, llevándola a una “encerrona” sin escapatoria, él dice que hubo jolgorio.

Quienes le conocen lo saben. González realizó el interrogatorio a la chica utilizando su técnica habitual. Preguntas directas. Preguntas cortas. Preguntas marcadas de antemano. Nada de lo que dijo le convenció y por eso, en cuanto la joven dejó de hablar, supo qué era lo que iba a hacer.

Polvareda y contradicciones

Todavía de noche, muchas horas después del veredicto, se escucharon por Pamplona los retazos de la protesta. Los gritos, los bramidos de indignación hacia los jueces, la sentencia de la calle. Eran las once de la noche cuando una procesión de mujeres recorría las calles del centro de Pamplona. Eran las mismas que habían organizado a la tarde la manifestación que consiguió llenar de color violeta la plaza del ayuntamiento.

Primero era un sonido lejano, enlatado y metálico que se iba acercando a quienes degustaban un vino en las puertas de los bares de la calle Estafeta. Saltando de una calle a la siguiente, despertaron a quienes estaban en sus casas con el sonido de las cacerolas que llevaban en las manos. Algunos, desde los balcones, se unieron a ellas. "No estás sol", "No es abuso, es violación". Gritos todos ellos que no iban dirigidos a los ciudadanos, sino a los jueces que han absuelto a 'La Manada' del delito de agresión sexual.

González podía saber o intuir el revuelo que iban a causar sus tesis. Aún así, de entrada sacude directamente a sus compañeros con una sentencia palmaria: “El discurso judicial nunca puede ser vicario de la voluble y a veces evanescente opinión pública, y con frecuencia se ha de remar a contracorriente”.

En 237 páginas, este hombre de importante tradición en la judicatura navarra -tres de sus hermanos forman parte de ese ecosistema jurídico- desarrolla su argumentario sin soltar el pie del acelerador. Llega a decir que el relato de la víctima “se ha ido debilitando hasta desaparecer por completo”.

A pocos sorprendió todo esto en Pamplona. Sus compañeros de profesión lo intuyeron desde el primer momento. No tuvieron ni que hablar con él. Conociéndole, aún con todas las pruebas sobre la mesa, no les extrañó que aquel hombre no respaldase el relato de la chica.

El tribunal de la Sección Segunda es conocido por sus extensos retrasos a la hora de emitir sentencia. Previos a la sentencia de 'La Manada' tienen otros procesos que todavía deben cerrar. La parsimonia con la que se dedican a estos asuntos se ha podido comprobar. Es una sección sosegada, que prefiere la reflexión y el análisis sesudo, reposado. Esos retrasos son también propios del juez González. En diversas ocasiones, el juez fue objeto de dos expedientes disciplinarios instruidos por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Uno de ellos data de su época como juez titular del Juzgado de Primera Instancia número 6 de Bilbao. En aquel momento fue suspendido temporalmente por excesiva dilación en la tramitación de las causas

Desde esta plaza, en marzo de 2001 obtuvo el traslado a Pamplona. Y allí se encuentra desde entonces.

¿Se opuso usted al violador? La eterna pregunta, la que González hizo en el juicio y la que ya había realizado en otras ocasiones, volvió a salir estos días a la palestra. También el relato de la víctima, cuestionado por este juez de arriba abajo. Cuestionado y puesto en entredicho.“Después de escucharla, la agresión sexual denunciada resulta categóricamente insostenible”. Sin embargo, los miembros de la manada han sido condenados por el relato de la víctima, avalado por los otros dos magistrados. Sus colegas de profesión sabían que para este hombre era importante el aspecto del consentimiento.

Muchos imaginaban la polvareda que iba a levantar este juez desde hace meses. Lo hizo con expresiones como esta:

-Su voluntad de no mantener relaciones sexuales quedó completamente silenciada en su fuero interno y no fue transmitida, insinuada ni comunicada de ninguna manera, en absoluto

Y entonces va a los hechos. Esos hechos en los que, dicen sus compañeros de profesión, él ve contradicciones que resultaron a su juicio cruciales para que este hombre emitiese el voto que emitió.

El juez también dice que si tanto quería volver al coche, por qué echó a andar por la calle Cortés de Navarra, que cómo llegaría ahí a su  coche. Al juez se le olvida un detalle: la joven llevaba una gran cantidad de alcohol en el cuerpo. Era la primera vez que estaba en la ciudad de Pamplona. Es previsible y perfectamente posible que pudiera perderse por el camino hasta el lugar donde había aparcado el vehículo, una zona de edificios y calles que, a primera vista, son parecidas entre sí.

Conforme los días del juicio avanzaban sus colegas iban haciéndose una idea de lo que el juez González tenía en la cabeza. Las preguntas que le hizo a la víctima. Los detalles de la declaración de ella. Las declaraciones de La Manada. Todos sabían lo que diría el juez González de aquello que le estaban poniendo delante.

Cuando llegó su turno de interrogar a la joven sobre los hechos perpetrados, no se enredó en vericuetos. Fue directo al grano. Le preguntó si se opuso. Si ofreció resistencia. Y luego dijo: “Está claro que daño, dolor, no sintió usted”.

Especializado en familia

Abogado especializado en familia y en relaciones de pareja, ya en el año 2004 pontificaba en entrevistas  a  medios locales sobre la materia. Ocupaba, en aquel entonces, el mismo cargo que ahora: magistrado de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra. Sigue allí desde entonces.

Abuso sin Tomás Serrano

Se trata de un hombre que genera discrepancias entre los suyos en el gremio. Unos le definen como un extraordinario jurista, “un hombre de ley”. Otros, también en Pamplona, aseguran que es un tipo complicado.

Ricardo ha tenido otras sentencias relacionadas con asuntos machistas, aunque no de la gravedad de los hechos perpetrados por La Manada. Año 2012. En ese entonces él mismo se encargó de condenar a una indemnización de 2.000 euros a un pamplonés por un delito contra la integridad moral de una mujer.

Según ha podido saber EL ESPAÑOL, en aquel entonces, el condenado colocó el siguiente mensaje en la web milanuncios.com el siguiente mensaje. “Hola a todos. Soy una chica con problemas económicos y por una ayudita de 25 euros la media hora os hago de todo lo que me pidáis, hago muy buen francés y un estupendo griego para el que le guste lo bueno yo seré lo mejor. Por favor, solo atiendo teléfono. Por tanto no leo correo. Edad 30 años”.

Junto al anuncio, aparecía asociado un número de teléfono. Iba también acompañado de la fotografía de la chica en cuestión, con una clara connotación sexual y “componente vejatorio”. Así lo definió González en su sentencia, a la que ha tenido acceso este periódico. Por culpa de esto, la mujer recibió más de cien llamadas “de índole sexual” en su teléfono. La mujer recibía los mensajes llorando. Todo ello, tristemente, le provocó serios problemas de nervios. Le llegaron a afectar, incluso, a su dentadura. Ricardo fue uno de los jueces que condenó al agresor y causante de todo esto en aquel caso.

Todavía no se sabe qué pasará con la sentencia que ha absuelto a La Manada de la violación de San Fermín. Y menos lo que ocurrirá en el Tribunal Superior de Justicia de Navarra cuando se analicen allí los recursos de las partes. Sí que se sabe lo que haría este magistrado de apellido González si estuviera allí. No es difícil imaginar que los soltaría al momento a la calle. Él está convencido desde hace meses de que La Manada es inocente. Por eso había que absolverla.

Los tres jueces que integran el tribunal que ha juzgado a 'La Manada'. E.E