Santa Cruz de Tenerife

A Saida Prieto Hernández (30) le gustan dos cosas: el baile y el Carnaval. Toda su vida ha girado en torno a esos dos ejes. No va a permitir que ni siquiera el fuego que quemó la mitad de su cuerpo y por el que casi muere en la Gala de la Reina del Carnaval de Tenerife en 2013 frene su mayor ilusión: presentarse de nuevo. No son cantos de sirena, sino una realidad: ocurrirá el próximo mes de febrero, cuando volverá intentarlo con el patrocinio de Diario de Avisos y de EL ESPAÑOL.

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Es una pasión que le brota, que hace que le brillen los ojos a esta chica nacida en Santa Cruz de Tenerife, desde que tiene memoria. Era bien pequeña cuando arrastraba a su madre, Dulce, a ver a las comparsas bailar por las calles de la capital de la isla. Tambores, golpes, ritmos. Plumas, brillos, tocados. Golpes de cadera, sinuosos movimientos de brazos hacia arriba y hacia abajo. Lo sentía como parte de ella. Ahora, en el paseo junto a la reportera por esas mismas aceras, por esas mismas plazas, la chica no puede parar de sonreír.

Saida consiguió sumar ambos anhelos. Primero, se inscribió en varias academias de danza. Ballet, salsa, contemporáneo. Daba igual el estilo: la cuestión era bailar, bailar y bailar. Después, nada más cumplir 17 primaveras y tras años de ruegos a su padre, pudo apuntarse a una de las comparsas carnavaleras con más renombre en su ciudad, Los Cariocas. Mientras, esta joven se ganaba la vida rellenando los huecos que tenía en una agenda copada por el baile y el Carnaval. Lo intentó como tantas otras. Fue dependienta, camarera, azafata de eventos, modelo, miss. Su imagen era su negocio. Hasta que su vida se paró la noche del 7 de febrero de 2013.

Era la Gala de la Reina del Carnaval de Tenerife. Saida llevaba varios años intentando superar los cástings que seleccionan a las chicas que aspirarán a alzarse con el título. En una ciudad con tanta tradición carnavalesca, la figura de la Reina de la fiesta es la meta de muchas chiquillas. No sólo por el físico, no sólo por lo espectacular de su puesta en escena, no sólo por tener a una ciudad paralizada por lo que sucede en el escenario. Ser Reina -siendo carnavalera- es, según Saida, a lo “máximo que se puede aspirar”.

“Yo siempre he sido muy carnavalera. No puedo explicar con palabras lo que siento cuando estoy en la comparsa bailando, lo que siento cuando veía las murgas, lo que significaba para mí la Gala de la Reina”, explica Saida a la reportera. Estamos en una terraza del centro de Santa Cruz. El tiempo, prácticamente veraniego e inusual para esta época incluso en Canarias, aún lo permite. Y, aunque Saida está a contraluz, es bastante fácil observar cómo le brillan los ojos cuando habla del Carnaval. Puede parecer un tópico, pero es la pura realidad. A Saida se le ilumina la cara cuando piensa en la batucada, en la parranda, en el baile.

Una fantasía abrasada

En la edición de 2013, Saida Prieto se encontraba en la zona de backstage. Su traje de aspirante, conocido en la jerga carnavalera como fantasía, era un diseño de Cavi Lladó y se denominaba “Isis, reina de los dioses”. Cada fantasía es un compendio de plumas, brillos y telas sobre una estructura de metal. Pueden llegar a pesar más de 200 kilos y se apoyan en cuatro pequeñas ruedas que son impulsadas con los movimientos de cadera de cada participante.

Saida momentos antes del accidente de la gala. Efe

Hay que tener buena forma física para hacerlo de manera natural, porque mientras están en el escenario, las aspirantes bailan, cantan y se mueven con toda la soltura de lo que sean capaces. La espectacularidad del traje, su elegancia y el desparpajo de los movimientos de las chicas son algunos de los aspectos en los que se fijan los jueces durante los escasos cinco minutos que las fantasías están sobre la tarima.

Saida, quieta, esperando pacientemente su turno -era la candidata número 7-, estaba situada justo detrás de Magnolia Cruz, otra aspirante cuya fantasía era obra del diseñador Willy Jorge.

Una jaula de fuego

El reloj marcaba las 22.15 horas. Fue en ese momento cuando uno de los cañones de fuego frío que formaba parte de la decoración pirotécnica del traje de Magnolia se disparó. La chispa saltó a la fantasía de Saida, que, en cuestión de segundos, comenzó a arder. Ella estaba sujeta con un cinturón de seguridad a su traje. Estaba atrapada en el fuego de su propio atuendo.

Las llamas alcanzaron más de diez metros de altura. Saida estaba en medio. No podía salir y se estaba abrasando. Era una bola de fuego. Finalmente, consiguió deshacerse del cinturón que la retenía gracias a la rápida reacción de sus diseñadores y de un bombero y un técnico de sonido. También Willy Jorge, el creador de la fantasía que originó el fuego, resultó herido leve tratando de socorrer a Saida. La chica fue trasladada de urgencia en ambulancia al Hospital Universitario de Canarias.

A sus familiares y amigos se les dijo que la habían ingresado “por un ataque de ansiedad”. A los periodistas, que habían podido oler a quemado y ver algunas cenizas, les comentaron que las heridas de Saida eran leves.

La Gala, mientras tanto, continuó.

"Intento no pensar en eso"

A día de hoy, Saida es incapaz de hablar sobre el suceso. Jura y perjura que no se acuerda de nada. “Vi el fuego. Lo siguiente que recuerdo es estar en Sevilla”, esgrime, con un nudo en la garganta. Su cuerpo se encoge y ella trata de cambiar de tema. No puede continuar. Tampoco quiere. “Intento ni pensar en eso. Las cosas malas, atrás se quedan. Lo pasé muy mal. No era yo”.

Saida se presenta a Reina del Carnaval 2018 con Diario de Avisos y EL ESPAÑOL como patrocinadores. Andrés Gutiérrez Diario de Avisos Santa Cruz de Tenerife

El 7 de febrero de 2013, la vida de Saida Prieto cambió para siempre. Tales eran la gravedad de las heridas que afectaban al 42% de su cuerpo que los médicos acordaron su traslado al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Saida tenía 26 años y era madre soltera de una niña, Carla, que apenas sumaba 3 años. La joven tinerfeña pasó un mes inconsciente debido a las quemaduras. Desde que despertó, comenzaron sus más de mil días, con sus mil noches, de pesadilla ininterrumpida.

A mi niña, que se quedó a cargo de mi hermana mayor, le tuvieron que decir que mamá se había ido a competir de modelo y que volvería en un tiempo. Mis padres estuvieron conmigo en Sevilla, pero yo no quería estar con nadie. Porque yo no era yo. Yo era heridas y dolores.

ー¿Cómo recuerdas el ingreso allí?

ーOscuro. Estaba en una habitación burbuja, con una pared de cristal con un telefonito, como los de la cárcel, con el que podía hablar con mis padres, que estaban allí. Pero yo no quería. Yo me ponía a ver la televisión. No podía con esa situación, no podía parar de pensar ‘por qué a mí’. Si era duro lo que tenía en el cuerpo, imagínate lo que tenía en la cabeza. Estar sin ver a mi niña dos meses, en los que no me podía mover, en los que no podía tocarme nadie más que a los enfermeros que me curaban. Era una tortura.

Saida cayó en una depresión. Tuvo muchos problemas psicológicos derivados del trauma, incluso pensamientos suicidas. Tras más de sesenta días tumbada en una cama, hubo que enseñarle a andar de nuevo. “A mí, que era modelo, que desfilaba, imagínate cómo me afectaba verme así”. Las operaciones continuas para injertarle nueva piel en toda la zona quemada -principalmente la parte posterior del cuerpo- eran dolorosas. Y le restringieron la movilidad, sobre todo, en los brazos. Ya no podrá recuperla por completo.

La medicación la transformó. No sólo en un plano físico -Saida pasó de los 48 kilogramos que pesaba en el momento de la Gala a los 98 kilos a raíz de los corticoides y de la falta de movimiento-, sino en el emocional. Sus amigas más cercanas - Sheila, Patricia,Timanfaya, Adassa y Gara- cuentan a la reportera que “Saida no era Saida”. “Volvió como a una época de juventud. Era más rebelde, se enfurruñaba pero era muy sensible. Pasó por épocas irreconocible: a veces le daba por fumar -ella, que siempre ha detestado el tabaco, otras quería siempre beber alcohol, como si así pudiera olvidar”, se sinceran. Las chicas se arremolinan en torno a Saida. Todavía tratan, inconscientemente, de protegerla.



Tras el alta en el hospital andaluz, Saida se trasladó durante medio año a Madrid. Allí, el doctor Curro Millán le trataba las cicatrices con un procedimiento “bastante doloroso”. El objetivo no era otro que reducir las zonas oscuras y más densas que poblaban -y pueblan, sólo que ahora en menor medida- su espalda. Es la zona que quedó más afectada tras el accidente. Las cicatrices jamás se irán.

Vuelta a Tenerife, vuelta al Carnaval

Su vuelta a Tenerife, ya a principios de 2015, fue un momento decisivo en su recuperación. Saida estaba muy lejos de encontrarse bien. No quería ver a nadie, no quería salir. Por eso, pidió que nadie fuera a recogerla, no quería ningún tipo de reconocimiento público. “Aun así, nos las arreglamos para colgar una pancarta enorme en la autovía en la que ponía ‘Bienvenida, Saida’”, cuenta Sheila, orgullosa. El encuentro de Saida y sus amigas con la reportera tiene lugar justo antes del ensayo con la comparsa, en Valleseco, a las afueras de la ciudad. Porque desde el primer momento, Saida tuvo claro que tenía que volver a bailar. Que tenía que volver a su Carnaval.

“Se emperró en salir a bailar con la comparsa en los carnavales cuando acababa de llegar. Nadie pudo detenerla”, se ríe su amiga Patricia. Saida aguantó lo que pudo durante el pasacalles -llamado en el carnaval tinerfeño “Ritmo y Armonía”-. Fue su primera toma de contacto. “Se transformó”, cuenta Sheila.

Porque Saida, cuando baila, es otra. No puede parar de sonreír, de sentir, de disfrutar. Siente la música, se deja llevar. Olvida todo y a todos. Vuelve la Saida de siempre, la de antes del accidente. Que vuelve a ser la actual.

Sin embargo, no era capaz de pisar de nuevo el recinto ferial maldito, el escenario de su trauma. Saida participaba en las fiestas de Santa Cruz como era habitual en ella, junto a su comparsa. Y, en la edición de 2016, volvió a picarle el gusanillo de ser la Reina del Carnaval.

Su hija, candidata a Reina Infantil en 2017

Para ese momento, Saida volvía a parecer ella. A base de una rutina inaplacable de gimnasio, en ese momento su físico -ropa mediante- era el anterior al accidente. “Había perdido ya casi cuarenta kilos”, señala la tinerfeña. Pero no se atrevía. Aunque Saida es una chica guapa y lo sabe, desde el accidente es bastante “más sensible”, según sus amigas. Quién le iba a decir que el paso, a marchas forzadas, lo iba a dar impulsada por su hija. Porque Carla, en la edición de este año, optó a ser la Reina infantil del Carnaval.

“No podía parar de llorar, estaba histérica cuando estaba en el backstage con mi niña”, relata ahora, entre risas. Pero le sirvió para comprobar que, “después de lo mío”, la seguridad ha aumentado. “No pasé miedo por mi niña, pero no podía parar de llorar. No había vuelto al sitio del accidente y fue revivir un poco el trauma”.

Ahora ha llegado el momento. “El año pasado tenía la cosita de pensar por qué no intentarlo de nuevo y cumplir el sueño que se quedó atrás”. Con una puntualización: “el sueño no es ganar, sino pisar ese escenario con mi fantasía. Que se abran las puertas, escuchar mi nombre y poder bailar. Ganar o no me da igual. Mi premio es cerrar el círculo”.

Saida sueña con "que se abran las puertas, escuchar mi nombre y pisar el escenario". Andrés Gutiérrez Diario de Avisos

No estaba planeado. Hace un par de semanas, Saida había terminado de formarse como azafata de tierra. También participa, poco a poco, en algunos certámenes de belleza como imagen. Pero su ocupación principal, de momento, es ser bailarina profesional. Y así se gana la vida.

"Ese calvario quedó atrás"

El capítulo judicial en el que se vio inmersa a raíz del accidente también se ha cerrado. Saida llegó a un acuerdo con Mapfre, que actúa como aseguradora del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que satisfizo a ambas partes, hace escasas tres semanas. Los otros encausados, el diseñador Willy Jorge y el exgerente de Fiestas del consistorio tinerfeño Francisco Javier Trujillo, aceptaron reconocer los hechos por los que se les acusa siempre que el Ministerio Público, que se ha mostrado conforme, pidiera una pena inferior a los dos años de prisión para evitar la cárcel. Ella está conforme. Quería cerrar página y por eso ahora está satisfecha. “Ese calvario quedó atrás el día que firmé el acuerdo”, afirma.

En febrero de 2018, Saida cumplirá su sueño. Volverá a intentar ser la Reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, esta vez de la mano del diseñador Santi Castro, un mítico creador de fantasías carnavaleras.

La gran noche será, otra vez, un 7 de febrero. El mismo escenario, cinco años después, Saida Prieto Hernández pisará el escenario.