¿Pasta o chicken? ¿Loft o ático? ¿Audiencia o influencia? Tres de las preguntas que aturden mi existencia en el devenir cotidiano. Menos mal que sé que no es cosa mía, que también le pasa a otros. Al Doctor Tristam Hunt (43, anteriormente en la Fundación Paul Getty), director del británico Victoria and Albert Museum, además de las tres anteriores le sobrevuela otra no menos peliaguda: ¿más visitantes o buenas críticas? En román paladino: hace cuatro años se batió el record de visitas en 164 años de historia de su museo londinense gracias a la expo David Bowie is. Y no sea el lector mal pensado, que el Gran Duque Blanco no murió hasta casi tres años después de su clausura (10 enero 2016). Las 300 piezas de la expo de Bowie puedes verlas ahora en Barcelona en el Museu del Disseny hasta el 25 de septiembre.

Pink Floyd

Pink Floyd

Ya te imaginas la nueva pregunta: ¿qué diablos programo yo ahora tras Bowie, tras la muerte de Bowie? La respuesta es el rosa, fluye y se llama Pink Floyd. Estas son algunas razones por las que me emocioné viendo la expo Restos mortales/The Mortal Remains.

1.- El merchan. Sí, empiezo por la tienda primero. Los souvenirs de la expo de Bowie marcaron un antes y un después en la comercialización de memorabilia de museo. Ríete tu del puesto de camisetas (y otras fruslerías) de los conciertos. Aún el Victoria and Albert vende restos de los recuerdos de Bowie, pero los de Pink Floyd son excelentes. Camisetas vintage, toda la discografía, cofres para coleccionistas, reproducción de viejos carteles, películas, chapas y una bibliografía reeditada para la ocasión con el correspondiente catálogo (30 euros).

2.- La quincalla de los Floyd sale a la luz. Sí, la quincalla de la mejor banda de rock progresivo de la historia, almacenada y documentada con rigor, es parte del hilo conductor expositivo. Querrás estar allí solo y que se abran las vitrinas. Hacer malabares con las baquetas con el nombre de Nick Manson, que luego puedes comprarte al salir. Deslizar tus dedos sobre los teclados, acariciar la libreta en la que Roger Waters escribió, con letra redondilla de caligrafía escolar, eso de We don´t need no education. ¿A que acabas de cantarla según lo lees? ¿A que hubo un día en que tu también sentiste que no necesitábamos un sistema educativo como este?

3.- Podrás ser ingeniero de sonido y mezclar Money (The Dark Side of The Moon) en una mesa especial para tocalotodo. Ocho canales (voces, teclados, uno para cada guitarra, bajo, batería y saxo) para jugar a ser Dios con uno de los himnos anticapitalistas del siglo XX. Entre todos los mandos el que más mola es el de la caja registradora que abría el tema y que se convirtió en un puñetazo a la avaricia antes de que Gordon Gekko triunfase en Wall Street con su mantra “Lo que importa es el dinero, el resto es conversación”. Dicho lo cual, charlemos.

5.- La arquitectura en el rock and roll es un invento de Pink Floyd. Waters, Nick Manson y Richard Wright se conocieron estudiando arquitectura y a lo largo de sus años juntos explotaron sus intereses en la escenografía, en la construcción de macroescenarios de la mano de Mark Fisher (hoy la gran empresa tras todos los sets de conciertos de masas) y en luminotecnia (la pantalla circular de sus conciertos no parecía una idea tan brillante, pero editar imágenes para proyectarlas en un círculo en vez de una pantalla panorámica cambia el punto de vista de la realización). Parece obvio también que el concepto de The Wall (con el que Roger Waters quería aislarse de su público del que estaba hasta el bonete) no se le hubiese ocurrido sin su amor por la arquitectura.

6.- La anécdota de la fotografía de portada de Wish you were here. Haz memoria, la tienes en la cabeza. Dos hombres, trajeados, se dan la mano en la puerta de un local industrial (parecen ser un plató de cine). Uno de los hombres arde pero parece cómodo, petrificado, como si nada pasara, sintiendo la mano de la otra persona. Y aquí va la historia: el hombre envuelto en llamas ardía de verdad. Es un especialista que se llama Ronnie Rondell, su vídeo se puede ver en la muestra, dura 3 minutos y es una de las piezas más emocionantes, porque ilustra que Pink Floyd empujaba a sus colaboradores a ir más allá. Nada de conformarse.

La plancha de diapositivas con la sesión fotográfica completa es uno de mis objetos favoritos. Detrás de esta historia esta Hipgnosis, el estudio de diseño fundado por Storm Thorgerson y Aubrey Powell, cuyo punto de vista creativo merece por sí mismo otra expo, y el reconocimiento de su aportación (de 1968 a 1983) al imaginario colectivo del siglo XX.

Pink Floyd - The Wall Live Tour - (Nassau Coliseum 27 Feb.1980) -



7.- Asiste a un concierto de los Floyd tumbado y sin que te pisen. La exposición, patrocinada por el fabricante de auriculares Sennheiser, es interactiva de verdad. Todos los visitantes caminan con unos cascos que se van activando en cada punto. Al final, puedes tumbarte en el suelo para ver en 360 grados uno de sus últimos conciertos, desde arriba de la batería, desde lo alto del escenario, desde los laterales, la experiencia es mucho mejor que aquel día que decidiste subir a tu nueva novia a hombros para hacerte el machote y desde entonces tienes jodidas las cervicales.

8.- El business rosa. Sin negocio ni siquiera esta exposición existiría. Dicen que la banda ha vendido más de 300 millones de copias (yo tengo algunas), en tickets ni se sabe. Una curiosidad más: Dark Side of The Moon aún vende 7.000 copias a la semana. Léelo otra vez anda. Aún hoy vende 7.000 copias a la semana. El pasado jueves una editora responsable de uno de los sellos literarios más prestigiosos de este país me hablaba de tiradas de 2.500 ejemplares para autores ya consagrados.

9.- Archivo íntimo de emociones. Cuando uno tiene determinadas canciones adheridas a la memoria emocional basta un acorde para que un powerpoint de imágenes se te dispare. El año que cayó el Muro de Berlín tuve la oportunidad de cubrir para el diario El Sol, en una ciudad por unificar, en ebullición, en un país unido pero dividido, el concierto gratuito que ofreció Roger Waters. Cómo no emocionarse con la expo al ver los planos de cómo el brutal talento megalomaníaco de Waters imaginó la puesta en escena ladrillo a ladrillo.

10.- No todo es Pink Floyd en el Victoria & Albert. Te recomiendo no ir solo a ver la expo de los Floyd (resérvate 2 horas al menos) sino deambular por el impresionante muestrario de escultura y arte de la V&A –y la muestra del maestro Balenciaga- porque entre escorzos y pespuntes los acordes del comienzo de Wish you were here aún cobran más sentimiento.