La Guardia Civil irrumpió anoche en el Club Flowers de Las Rozas para rescatar a Evelyn, la prostituta atrincherada en su habitación, de ser linchada por varias de sus compañeras. Un numeroso grupo de trabajadoras del burdel, compuesto principalmente por chicas rumanas, intentó tirar abajo la puerta de su habitación para agredirla.



Los hechos tuvieron lugar en torno a las once de la noche del viernes. Las declaraciones de Evelyn el día anterior a EL ESPAÑOL, denunciando el intento de despido y desahucio por parte de sus jefes, provocaron que numerosos medios se hiciesen eco de la noticia, se pusiesen en contacto con ella y acudiesen a los aledaños del club para grabar. ¿Consecuencia? El número de clientes descendió de forma alarmante ese día. Nadie quiere que la tele le grabe entrando o saliendo de un club de alterne.

MEDIDAS DE PRESIÓN

La falta de clientes provocó nervios entre las chicas. Muchas responsabilizaron directamente a Evelyn. Ella sólo salió de su habitación 5 minutos por la tarde para coger algo de comida en el comedor y asegura que no se cruzó con ninguna chica. Pero le iban llegando las informaciones de lo que iba sucediendo a través de otras compañeras.

“La compañera de la habitación de al lado me dijo a media tarde que los jefes la cambiaban de sitio porque no iban a alquilar más esa habitación. Después, otra de las compañeras que me solía subir comida pasó para explicarme que le prohibían acercarse más a mi habitación. Me estaban presionando para que me fuese”, recuerda Evelyn repasando la tarde.

Evelyn vivía en el club Flowers de Las Rozas

"SE ESTÁ FORRANDO CON LAS ENTREVISTAS"

Y, tras el aislamiento, llegó el incidente. Después de la cena, el burdel seguía presentando una pobre entrada. Alguien extendió el rumor de que, mientras las chicas estaban sufriendo ese descenso abrupto de clientes, Evelyn se estaba forrando concediendo entrevistas a los medios. Eso hizo estallar a un nutrido grupo de prostitutas rumanas, que se plantaron en la puerta de la habitación 113, golpeándola e insultando a Evelyn.



¿Por qué las rumanas? Evelyn explica que “su país está más cerca de España. Sus familias viven en Europa y las chicas creen que es más fácil que lleguen las noticias de lo que está pasando aquí. Y a ninguna le gusta salir en la tele”. Además, en la barra empezó a circular que unos periodistas habían entrado con una cámara oculta y habían grabado las piernas de las chicas. La falta de clientes y la incómoda presencia de los medios hicieron de detonante del intento de linchamiento.

"NO ES NUESTRA COMPETENCIA"

Evelyn me llama poco antes de las once de la noche del viernes. Cuando descuelgo el teléfono casi no la puedo oír. Sólo se escuchan golpes muy fuertes y voces femeninas insultando y amenazando. Entre gritos de “hija de puta” y “esclava sexual”, acierto a identificar la voz de Evelyn, que me cuenta muy serena: “Me quieren matar”.

Con la presión de los golpes en la puerta, Evelyn me pide que llame a la Policía porque ella ya ha avisado a la Guardia Civil pero todavía no ha aparecido nadie. Los golpes y los gritos parecen subir de intensidad y la colombiana teme que echen la puerta abajo y le peguen una paliza.



Cuelgo de inmediato y opto por telefonear a la Policía Nacional, puesto que la Guardia Civil ya tiene un aviso. En el 091 me dicen que Las Rozas no es competencia suya, que llame a la Guardia Civil. Le cuento que ya están avisados, pero que aún no ha llegado nadie, y que por eso he optado por avisar también a la Policía Nacional, porque están a punto de pegarle una paliza a una persona. El agente me vuelve a repetir que eso no es cosa de ellos, que en Las Rozas sólo puede actuar la Guardia Civil y la Policía Municipal, no la Nacional.

Todas las pertenencias de Evelyn estaban apiladas en el suelo de su habitación.

LLEGA LA GUARDIA CIVIL

Vuelvo a telefonear a Evelyn. Los golpes han cesado y se escucha una voz masculina en la habitación. Es la Guardia Civil, que acaba de entrar en la habitación. Obviamente no por mi aviso, sino por el suyo anterior. Yo le digo que me telefonee cuando acabe de hablar con los agentes y cuelgo. A los pocos minutos me llama de nuevo: “La Guardia Civil me aconseja que me vaya de aquí. ¿Qué hago?”. Le contesto lo mismo que los agentes: que si de verdad teme por su integridad física, coja las cosas y se largue cuanto antes. Y eso hace.

“Vinieron muchos agentes. No sé cuántos porque no los conté. Pero hicieron una especie de cordón policial para que yo pudiese meter mis cosas en mi coche sin problema. Cuando lo tuve todo cargado, me fui”, resume. Ahora se hospeda en otro motel, lejos de Las Rozas.



Evelyn ya está fuera de la 113, la habitación que ha sido su casa los últimos dos años y medio. Asegura que no le guarda rencor a sus compañeras “porque es normal que se pongan nerviosas. No hay clientes y sí muchos medios de comunicación. Las puedo comprender. Son jóvenes. Creo que con el tiempo me entenderán”.

¿FIN?

Tampoco entra a valorar si el conato de invasión de su habitación fue una estrategia de sus jefes para que se fuese del Flowers. “Yo eso no lo sé; sería especular y yo no quiero especulaciones ni mentiras. Sé que ya estoy fuera, que he pasado mucho miedo y que ya han conseguido echarme”, concluye.

Ahora ya está fuera. La prostituta que se rebeló contra la injusticia y las condiciones de esclavitud en las que asegura que vivía, ya no es un problema en el Flowers. Se ha instalado provisionalmente en un motel y no sabe cuáles son sus objetivos a corto plazo. Está sola. Se siente desamparada, porque la han desahuciado y la han despedido sin derecho a finiquito, indemnización ni paro. Pero se siente orgullosa por haber dado el paso valiente de denunciar una situación de abuso silencioso en la que viven miles de mujeres cada día.

Evelyn Rochel se atrincheró en la habitación 113 del club Flowers.

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