Ana Souto, neumóloga del CHUAC de A Coruña
Ofrecido por:
Ana Souto, experta del sueño en A Coruña: "El cambio de hora puede hacer que estemos más irritables"
La madrugada del domingo a las tres serán las dos. La neumóloga del CHUAC alerta de los efectos que el cambio de hora puede provocar en nuestra rutina
Te puede interesar: Galicia inicia un ensayo clínico en 14 hospitales para probar la vacuna combinada de gripe y Covid
La madrugada del próximo domingo, 25 de octubre, los relojes se retrasarán una hora para adaptarse al horario de invierno. Un cambio en la rutina que, aunque parezca insignificante, pone cada año sobre la mesa el debate sobre los efectos en la calidad del descanso. Durante los primeros días, la alteración horaria puede provocar dificultades para dormir, irritabilidad, falta de concentración o fatiga.
Los expertos coinciden en que estos cambios alteran el funcionamiento de nuestro reloj biológico. La doctora Ana Souto, neumóloga de la Unidad del Sueño del Hospital de A Coruña (CHUAC), explica que nuestro reloj biológico interno funciona con un ritmo circadiano de aproximadamente 24 horas: "Estamos diseñados para que durante las horas de luz estemos despiertos y, cuando hay oscuridad, nuestro organismo segrega melatonina y nos dispongamos para dormir y descansar".
Además, la profesional del sueño indica que hay otros factores sociales que ayudan a regular el funcionamiento de nuestro reloj interno, como mantener los horarios de las comidas y practicar ejercicio.
¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando cambiamos la hora?
Se produce un desequilibrio interno. Es un cambio de hora impuesto sobre nuestro ritmo de vida y tenemos que acostumbrarnos a actuar de otra manera. Aunque el cambio de horario al de invierno suele llevarse mejor que el de verano, porque ganamos una hora de sueño y nos despertamos a la par que el amanecer, la adaptación depende de los mismos ritmos de vida de cada persona.
¿Por qué una diferencia de 60 minutos nos afecta tanto?
Retrasar o adelantar una hora el reloj influye en que nos cueste más conciliar el sueño o en que tengamos que despertarnos antes de lo previsto. Al final, de una manera o de otra, reducimos el tiempo que dedicamos a descansar. Es decir, le estamos diciendo a nuestro cuerpo: 'Muy bien, todo lo que venías haciendo a las 22:00 de la noche o las 21:00 lo tienes que hacer a las 20:00. Si tú te ibas a dormir a las 22:00, ahora te tienes que ir a las 21:00'.
Hay personas que apenas notan el cambio de hora y lo llevan bien, pero otras sí que lo notan un poquito más. Por eso, se recomienda empezar a prepararse unos días antes, atrasando o adelantando la hora de irse a dormir y de levantarse, según el cambio que se vaya a producir.
¿Qué colectivo es más sensible a estos cambios?
Los más sensibles suelen ser los niños y las personas mayores. Son vulnerables a estos cambios y pueden estar más irritables, menos concentrados y con cansancio e insomnio. Esto se debe a que los sistemas de los niños están aprendiendo a funcionar y en el caso de los mayores, estos son un poquito más rígidos. Aunque también puede afectar a personas con trastornos del sueño con problemas de insomnio y de apnea del sueño.
¿Qué síntomas podemos experimentar?
El sueño es uno de los pilares de la salud y, como comentaba anteriormente, su falta puede conllevar que estemos más irritables y menos concentrados. Es una función a la que el ser humano dedica un tercio del tiempo de nuestra vida y que nos ayuda a estar más ágiles física y mentalmente. Dormir es esencial, ya que también influye en el riesgo cardiovascular.
Por último, ¿qué se puede hacer para notar menos los efectos del cambio de hora?
Tratar de mantener una buena higiene del sueño, durmiendo, al menos, una media de ocho horas y seguir una rutina antes de acostarse. Lo recomendable es mantener un ambiente tranquilo durante las dos horas previas a acostarse, evitar la luz brillante de pantallas y actividades estresantes, así como evitar hacer ejercicio intenso tres o cuatro horas antes de dormir.
El cuerpo necesita bajar revoluciones. También conviene evitar sustancias como el alcohol, el tabaco, la cafeína, y mantener una dieta ligera.