Tom Jones, en un momento del concierto en el Coliseum de A Coruña.

Tom Jones, en un momento del concierto en el Coliseum de A Coruña. Pixelín - Live Nation | Sweet Nocturna | Mercury Wheels

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Tom Jones en A Coruña: nostalgia, maestría y vigor de una voz inmortal

El músico galés, de 86 años y con una garganta prodigiosa, ofrece un concierto brillante en el Coliseum, salpicado de éxitos de hace medio siglo y versiones de artistas legendarios

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Es un señor mayor que camina despacio al salir al escenario, también al marcharse, con la espalda un poco encorvada, precavido para no tropezar. Pero mientras canta se mantiene firme, alguna vez apoyado en un taburete, casi siempre en pie, sonriente al agradecer, presentar sus canciones o contar una anécdota, profundo y poderoso al cantar. Le basta muy poco a Tom Jones para reafirmar su categoría de gigante.

Este jueves en el Coliseum de A Coruña, el galés, solo con su presencia y 86 años encima, impuso su condición de mito. Willie Nelson sigue grabando discos y es mayor que él, recordó. Y cuando en los setenta actuaba en Las Vegas coincidió con Elvis, contó.

Pero la edad y el cansancio no desgastan en absoluto el vigor de su voz inmortal, un lujo que embellece aún más canciones con las que hace cinco y seis décadas se enamoraban nuestros mayores (la divertida It’s not unusual, la arrebatadora Delilah), o que más tarde nos llevaban a la pista de baile (If I only knew, Kiss, Sexbomb).

Ante una audiencia con predominio de edad madura, unas 3.000 personas (quizá algún asistente vio al músico en vivo hace 51 años, en su anterior actuación en la ciudad), sir Tom Jones navegó por unos cuantos de aquellos éxitos del pasado remoto y no tan lejano, actualizados, reinventados, inmunes a la pérdida de encanto: It’s not unusual en clave acústica, Sexbomb con barniz de blues.

Tom Jones, en pie, interpreta una canción en el Coliseum.

Tom Jones, en pie, interpreta una canción en el Coliseum. Pixelín - Live Nation | Sweet Nocturna | Mercury Wheels

Pero en sus versiones (de Bob Dylan, Leonard Cohen, Cat Stevens, Ry Cooder, The Waterboys) elevó Jones su magisterio. Esa capacidad para reinterpretar las joyas ajenas, alejarlas del enfoque del original y dotarlas de trascendencia (Tower of song, Not dark yet, This is the sea) elevó la emoción de la velada, la entrega a su sabiduría.

Unas bailaron en pie ante sus butacas, otros no escatimaron aplausos de satisfacción. Ovación para la nostalgia y sin discusión. Sir Tom arrancó confesando que estaba envejeciendo (I’m growing old) y terminó rejuvenecido con todo un incunable eterno (Johnny B. Goode, de Chuck Berry) para rugir que el rock y la música popular no tienen edad. "Que Dios os bendiga", se despidió Mr. Jones con paso corto, despacio.