Cuatro de las cafeterías de especialidad que puedes encontrar en A Coruña

Cuatro de las cafeterías de especialidad que puedes encontrar en A Coruña Cedida

Ofrecido por:

GastroCoruña

Menos locales de tapas y más café de especialidad en A Coruña: "La forma de consumir ha cambiado"

Cuatro cafeterías de A Coruña explican las razones de un "boom" que cambia la forma de consumir y también de hacer hostelería

Te puede interesar: Una hamburguesa puede llevarte a Japón: el curioso sorteo de un local de A Coruña

Publicada

Cookies recién horneadas, cinnamon rolls, brownies, matcha, chai y, en el centro de casi todas las cartas, café de especialidad. El paisaje de las cafeterías de A Coruña está cambiando y basta con recorrer diferentes barrios de la ciudad para comprobarlo. En los últimos meses han aparecido nuevos negocios que se alejan de la cafetería tradicional y apuestan por locales de pequeño formato, una oferta muy concreta y una estética e identidad especialmente cuidadas.

Los ingredientes se repiten, pero no necesariamente las recetas para hacerse un hueco. Mientras unos establecimientos colocan todo el peso en el café, otros hacen de la pastelería su principal reclamo. Hay quienes elaboran sus propios dulces, quienes trabajan con diferentes tostadores y quienes construyen prácticamente todo su concepto alrededor de un único producto.

Detrás de esta proliferación, los hosteleros coinciden en señalar un cambio en la forma de consumir. El cliente ya no busca únicamente sentarse a tomar un café, pone más atención a su procedencia y calidad, descubre tendencias cuando viaja o a través de las redes sociales y busca lugares que aporten algo diferente.

Pero la pregunta aparece inevitablemente ante cada nueva apertura: ¿hay espacio en A Coruña para tantas cafeterías con cartas aparentemente similares?

Elegir qué café tomar

En Blanco, un pequeño establecimiento situado en el número 28 de la calle Enrique Mariñas, en Matogrande, prefieren hablar de "cafetería de calidad". Su propuesta está pensada principalmente para llevar y gira alrededor del producto: sirven café de Waco y elaboran desde primera hora de la mañana su propia repostería, con cookies, brownies, carrot cake o cheesecake. También ofrecen matcha, chai y cacao, entre otras bebidas.

Daniela González, una de sus propietarias, considera que el fenómeno responde a "un cambio en los hábitos de consumo y a una mayor cultura gastronómica".

"El cliente actual se pregunta a dónde va su dinero y para quién, y ya no busca solo tomar un café, sino vivir una experiencia sensorial", explica. Una evolución que, a su juicio, resulta especialmente lógica en Galicia: "Estamos acostumbrados a que haya buena carne, buen vino, buena verdura. ¿Y por qué no consumir buen café?".

Una percepción que comparte Miguel Anxo Seijo Rabuñal, propietario de Raposo Coffee, en el número 24 de la calle San Nicolás. Detecta un público cada vez más interesado en cuestiones como la trazabilidad del producto y dispuesto a pagar más por una taza de mayor calidad.

"Cada vez hay más gente que valora el café de especialidad en contraposición a las cafeterías de toda la vida", explica. En ese cambio concede especial protagonismo a los jóvenes, entre quienes percibe una mayor predisposición a "invertir más en tomar un café de calidad que uno, por decirlo de alguna forma, de batalla".

Desde Santo Agujero, el proyecto de Sandra y Pedro en la calle Perillana, apuntan en la misma dirección. "Ya no se busca solamente tomar un buen café, sino ir a un sitio diferente y vivir una experiencia", señalan.

También los propietarios de Rina Café, un establecimiento ubicado en el número 60 de la calle Orzán, perciben una transformación en la cultura alrededor de esta bebida. "Antes el café se consumía principalmente por una costumbre cotidiana, mientras que ahora también se consume como una experiencia. Antes predominaba el 'tomar un café' y ahora vamos a estos locales a 'disfrutar del café'", explican.

Un café de Blanco.jpg

Un café de Blanco.jpg @blanco.specialtycoffee

¿Por qué cafeterías y no nuevos bares de tapas?

El auge también plantea otra cuestión. ¿Por qué buena parte de los nuevos proyectos hosteleros optan por café, dulces y desayunos o meriendas en lugar de apostar por modelos más tradicionales como un restaurante o un bar de tapas?

Una de las respuestas está en la propia estructura del negocio. Son establecimientos que pueden funcionar en superficies reducidas, con cartas más controladas y un consumo mucho más flexible. "Puedes desayunar, merendar, llevarte algo o quedar a tomar un café sin necesidad de sentarte durante dos horas", explican desde Santo Agujero. Para sus responsables, la especialización también permite concentrar esfuerzos: "Preferimos hacer pocas cosas y hacerlas muy bien antes que tener una carta enorme".

Desde Rina apuntan además hacia un cambio generacional que está modificando no solo lo que se consume, sino también la manera de relacionarse. "La gente se cuida más y se preocupa más por lo que le mete al cuerpo", señalan. A ello suman la aparición de nuevos espacios de socialización y una tendencia que observan especialmente entre las generaciones más jóvenes: "Ahora la gente queda más para tomar un café que para tomar una caña o una copa", añaden.

González introduce además un factor importante en un sector que lleva años hablando de las dificultades para encontrar personal y conciliar: los horarios.

"Montar un restaurante o un bar de tapas exige una infraestructura de cocina compleja, licencias más restrictivas y mayores costes de personal", señala la responsable de Blanco. Una cafetería permite, en cambio, concentrar la actividad principalmente en mañanas y tardes, evitando en muchos casos turnos partidos y madrugadas. "Es un modelo de negocio más ágil de gestionar en el contexto actual de la hostelería", añade.

Una oferta parecida obliga a buscar una identidad

Que existan cada vez más establecimientos implica también más competencia por un mismo cliente. Y aquí aparecen ciertas diferencias entre los propios hosteleros sobre hasta dónde puede crecer el fenómeno.

Desde Blanco creen que A Coruña todavía cuenta con demanda, aunque González considera "evidente" que el mercado empieza a aproximarse a un punto de saturación. "El cliente es selectivo. Aquellos locales que solo se suban a la ola por moda, sin una consistencia real en la calidad del café o en el servicio, sufrirán a medio plazo", afirma.

En Santo Agujero lo resumen de una manera todavía más directa: "Demanda hay, pero no es infinita".

La cuestión se la plantearon ellos mismos antes de abrir. Si ya existían establecimientos donde tomar un buen café acompañado de algo dulce, necesitaban encontrar una razón para que el cliente escogiese el suyo. La respuesta fue el roll de canela, alrededor del cual han ido concentrando progresivamente el negocio. "Al final, necesitas tener un motivo concreto para que alguien elija tu local y no el de al lado", explican.

Miguel Anxo Seijo es menos partidario de hablar de saturación. El responsable de Raposo Coffee cree que existe demanda en A Coruña para distintos modelos y no considera que las nuevas cafeterías vayan a sustituir a los establecimientos tradicionales.

"Lo lógico es que convivan los dos estilos. Una cosa no excluye a la otra", sostiene. Es más, considera beneficioso que aumente el número de establecimientos especializados: la competencia puede servir para compartir conocimientos, acercar esta cultura a más consumidores y despertar la curiosidad por probar distintos cafés y preparaciones.

Rolls de canela de Santo Agujero

Rolls de canela de Santo Agujero Cedida

Café, rolls y cookies: cada local encuentra su estrella

Dentro de cartas que a primera vista pueden resultar similares, cada negocio termina encontrando aquello que mejor conecta con sus clientes.

En Raposo Coffee, Seijo tenía claro desde el principio que el café debía ser el protagonista absoluto. Trabaja con dos tostadores y diferentes métodos de preparación, mientras que la comida, la bollería, el matcha, el chai o las infusiones funcionan como complementos.

Sin embargo, este verano ha aparecido una pequeña sorpresa: el cold brew, un café infusionado en frío durante 24 horas. "No creí que se fuese a vender tan bien. Me lo está pidiendo mucha gente", reconoce. Aunque el café con leche continúa teniendo mucho peso, esta preparación fría ha ganado terreno especialmente entre el público joven.

En Blanco, el café también encabeza las ventas, tanto en espresso y latte como en bolsas para consumir en casa. A su lado, las cookies se han convertido en otro de los grandes reclamos, especialmente las variedades de sal y cheesecake.

"Al principio pensamos que sería complicado vender, por el precio y por estar un poco alejados del centro", reconoce González. Sin embargo, el establecimiento ha conseguido entrar poco a poco en las rutinas de clientes del barrio.

Santo Agujero tenía mucho más claro cuál debía ser su producto estrella: el roll de canela. Lo que no esperaban era hasta qué punto terminaría dominando el concepto. El clásico es el principal, pero también lanzan ediciones limitadas que funcionan como reclamo para que el cliente regrese y pruebe sabores diferentes.

Un café en Raposo Coffee

Un café en Raposo Coffee @raposocoffee

Las redes llevan al cliente una vez, el producto tiene que hacerlo volver

En este nuevo escenario, las redes sociales tienen un peso difícil de ignorar. Son escaparates capaces de convertir un dulce o un establecimiento en objeto de deseo antes incluso de que el cliente haya cruzado su puerta. Pero los responsables consultados coinciden en que una buena estrategia digital no basta para sostener un negocio.

"Las redes pueden conseguir que alguien venga una vez, pero el producto es lo que hace que vuelva", resumen Sandra y Pedro.

Por eso, en Santo Agujero han intentado que toda la propuesta responda a una misma personalidad, desde los rolls hasta los nombres, la comunicación o elementos del mobiliario como una mesa realizada a partir de una tabla de planchar. "Puedes copiar un producto o una estética, pero es mucho más difícil copiar una identidad", añade.

La diferenciación también es una prioridad para Rina Café. Sus propietarios ponen el foco en la experiencia de un equipo que lleva años trabajando en el sector y, especialmente, en la libertad que tienen sus integrantes para aportar nuevas ideas. "Nos gusta lo que hacemos y todos tenemos libertad para crear. Eso hace que tengamos una carta distinta al resto de cafeterías de especialidad", explican. A ello suman un ingrediente que consideran fundamental: "El cariño que le ponemos a cada plato o a cada bebida que sale. Siempre intentamos cuidar el mínimo detalle".

Blanco busca la diferenciación desde otra perspectiva: la calidad de los ingredientes, la elaboración propia y la relación personal con el cliente. González habla de convertirse en ese "tercer espacio" entre la casa y el trabajo en el que una persona se siente cómoda y reconocida.

Un café de Rina

Un café de Rina @rina.coruna

"Los locales con alma sobreviven a las modas", defiende. Y pone como ejemplo a una estudiante que les había contado sus nervios ante unos exámenes universitarios. Le dieron un café, una galleta y ánimos antes de uno de ellos. Tiempo después regresó para contarles que le había ido bien y devolverles el abrazo.

La proliferación de estos negocios todavía tendrá que pasar la prueba del tiempo. Desde Santo Agujero creen que habrá una estabilización, porque detrás de cualquier concepto atractivo existen una inversión y unos gastos fijos que deben sostenerse: "Puedes tener un concepto que guste mucho, pero si los números no salen, no es sostenible".

En Blanco también creen que el fenómeno permanecerá, aunque no necesariamente todos los proyectos actuales. González considera que el consumidor que descubre un producto de mayor calidad difícilmente renuncia después a él, pero advierte de las dificultades que implica mantener un negocio y de la situación de los autónomos.

Seijo confía, por su parte, en que la cultura del café siga extendiéndose y que los consumidores quieran conocer variedades, métodos y procedencias diferentes.