Valentín Curraño, actual responsable del local

Valentín Curraño, actual responsable del local

Ofrecido por:

GastroCoruña

El local familiar de A Coruña que lleva 55 años triunfando con sus sándwiches: "Si algo funciona, no hay que cambiarlo"

El Emporio de los Sándwiches, un negocio familiar que ha mantenido su esencia, su producto y una clientela fiel durante más de medio siglo en el Agra del Orzán

Te puede interesar: El primer restaurante de sushi de A Coruña: "Tuvimos que abrir con dos cartas: una japonesa y otra española"

Publicada

En una ciudad donde hace medio siglo lo habitual era entrar en un bar y pedir callos, hubo quien apostó por algo completamente distinto. En 1971, en el número 17 de la plaza del Comercio, Manuel Curraño abrió el Emporio de los Sándwiches, un negocio pionero en A Coruña que, contra todo pronóstico, acabaría convirtiéndose en un clásico.

Han pasado 55 años y el local sigue en pie, ahora en manos de la tercera generación de la familia. "El negocio comenzó en 1971 con mi abuelo, y este año cumple 55. Tenemos que celebrarlo de alguna manera", explica Valentín Curraño, actual responsable del local.

Una apuesta adelantada a su tiempo

Los inicios no fueron sencillos. Eran años en los que el concepto del negocio resultaba novedoso. Sin embargo, Manuel Curraño lo tenía claro: estaba convencido de que funcionaría.

Y así fue. Poco a poco, los sándwiches comenzaron a atraer primero a los curiosos y, después, a una clientela fiel, incluso en un barrio como el Agra del Orzán, donde la tradición gastronómica estaba muy arraigada. El jamón york, el queso y el pan de molde terminaron haciéndose un hueco.

El secreto: la sencillez del producto

Más de medio siglo después, la esencia sigue siendo la misma. La clave está en la calidad del producto y en una elaboración cuidada. Jamón de calidad, queso, aceite de oliva virgen extra, mantequilla y pan fresco forman la base de una carta fiel a sus orígenes. "Si algo funciona, no hay que cambiarlo. Intentamos mantener la misma receta y los mismos proveedores", señala Valentín.

Un negocio familiar por dentro y por fuera

Si hay algo que sostiene el local es su gente, tanto dentro como fuera de la barra. "Somos seis y nos tratamos como una familia", explica Valentín. El equipo está formado por personas con una larga relación con el local, algunas incluso desde la época de su padre, lo que refuerza ese ambiente cercano que perciben los clientes.

Esa cercanía también se traslada al público. "Hay miles de personas que venían aquí antes de que yo naciera. Ahora vienen con sus hijos o sus nietos", cuenta. No es raro ver colas en los días fuertes: "La gente espera y se va contenta, y eso es lo que importa".

La carta ha crecido con el tiempo, pasando de una docena a unas cuarenta opciones. Aun así, los clásicos siguen mandando. "El más vendido es el completo, el más sencillo, pero el que más recuerdos trae. Y también el chivito", explica.

En un fin de semana pueden llegar a vender unos 300 sándwiches, con picos de hasta 400. A eso se suman bocadillos emblemáticos como el "porteñito" o las hamburguesas, que también forman parte de la identidad del local.