Carmen, hija de Celia
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Casa Celia: cocina gallega de siempre, menú a 13 euros y una historia que empieza en los años 30
Este restaurante de Cambre conserva las recetas históricas de platos como el salpicón de marisco, uno de los grandes referentes de la casa, o la carne asada, plato que forma parte de la historia viva de este templo gastronómico
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Desde aproximadamente las 13:00 horas, Casa Celia se convierte en un auténtico hervidero de gente entrando y saliendo del local. El hecho de estar alejado de cualquier núcleo urbano no disuade a sus habituales, que recorren los kilómetros que haga falta para sentarse a la mesa de esta casa de comidas que ofrece cocina casera tradicional gallega, elaborada sin interrupción desde la década de 1930. Allí, tras la barra de latón, nos espera Carmen, hija de la fundadora de este restaurante que es todo un clásico en la zona.
“Mi madre, Celia, y mi padre, Manolo, fundaron el restaurante en 1938. Él trabajaba como plomero en la Cross y ella era costurera”, nos cuenta Carmen, que aún hoy sigue al pie del cañón echando una mano en la cocina y en la sala. “Antes de abrir Casa Celia, mi madre iba a coser por las casas y durante una temporada trabajó en la del alcalde. Allí, una cocinera le enseñó a hacer la carne asada tal y como la seguimos preparando hoy”. Una anécdota que acabaría marcando la identidad del restaurante y cuya fama comenzó a crecer gracias a este plato, que, como nos cuenta Carmen, se sigue preparando hoy en día con la misma receta que utilizaba Celia hace más de ochenta y ocho años.
Carmen ha vivido en primera persona toda una revolución en la escena gastronómica: la llegada de nuevos restaurantes, técnicas y modas de todo tipo. Sin embargo, siempre tuvo claro el camino a seguir: cocina gallega tradicional, ni más ni menos. Una convicción que ha funcionado, con un restaurante que cuelga el cartel de completo a diario.
Valentín, jefe de sala de Casa Celia
Menú del día, carta y recetas con mucha historia
En Casa Celia hay dos opciones: menú del día y carta. La mayoría de quienes cruzan la puerta lo hacen buscando el primero, que incluye dos platos, postre y bebida por 13 euros, un precio casi insólito si se tiene en cuenta la calidad y la generosidad de las raciones. Caldo gallego, empanada, merluza a la gallega o cocido (los jueves) son algunas de las propuestas habituales.
La carta, pensada para quien va con tiempo y quiere exprimir la experiencia, permite reencontrarse con algunas de las recetas históricas de Celia, conservadas con celo por Carmen y convertidas hoy en auténticas joyas. Destaca el salpicón de marisco, uno de los grandes referentes de la casa, elaborado con producto fresco, cortado al momento, con rape, marisco y sin cebolla. Y, por supuesto, la carne asada, un plato que forma parte de la historia viva del restaurante desde sus inicios: una receta de fuego lento, sabrosa y reconfortante, acompañada de unas espectaculares patatas torneadas y verduras de la huerta. Mención aparte merece su cocido, completo y contundente, como debe ser un auténtico cocido gallego.
También hay espacio para propuestas algo más actuales, aunque sin salirse del guion, como las croquetas de marisco, una elaboración singular que prescinde de la cobertura clásica de la croqueta y se sustituye por una filloa gallega.
No faltan tampoco platos como el arroz de pulpo, un arroz “salvaje” que se prepara directamente en la sartén y se acompaña de pulpo previamente cocido y marcado a la plancha, aliñado con pimentón y aceite de oliva.
Y para terminar, nada mejor que unas filloas en su versión tradicional o, si se busca algo diferente, su particular versión gallega del Crêpe Suzette: filloas rellenas de crema pastelera y flambeadas con Cointreau, donde el licor aporta un matiz a naranja que redondea el postre.
Hall of Fame de Casa Celia
También para llevar
Un apunte para tener en cuenta: Casa Celia prepara a diario raciones de sus platos más emblemáticos para llevar. Valentín, jefe de sala del restaurante, nos confirma que en fechas señaladas como Navidad o Carnaval pueden llegar a elaborar más de 400 raciones de carne asada y varios cientos de salpicón, una cifra que da buena medida del arraigo y la fidelidad que sigue despertando esta casa de comidas y que es una pista para quien quiera darse un homenaje sin pisar la cocina.
Hay restaurantes que se recuerdan por una técnica, por un plato tendencia o por un emplatado excepcional. Y luego están lugares como Casa Celia, que se recuerdan por algo más difícil de explicar: el olor que sale de la cocina, el murmullo del comedor, las recetas que no han cambiado porque nunca lo necesitaron. Comer aquí es, en cierto modo, viajar atrás en el tiempo, a una Galicia de fuegos lentos y mesas compartidas, donde la cocina era un acto cotidiano y profundamente humano. Y eso, hoy, es casi un lujo.