A quemarropa, de Jesús Suárez

A quemarropa, de Jesús Suárez

Opinión

MRW: cuando recibir un paquete se convierte en una misión imposible

Una reflexión del comunicador Jesús Suárez

Publicada

Hay un momento, en la vida de cualquier ciudadano aparentemente civilizado, en el que descubre que la logística moderna —esa maquinaria perfecta que promete entregarlo todo en 24 horas— funciona, en realidad, como un búnker diseñado para no hablar jamás contigo. Ese momento llega cuando esperas un paquete… y no llega.

Entonces comienza el ritual.

Un correo aséptico, impersonal, casi burlón: “Hemos pasado por su domicilio y no se encontraba.” Da igual que hayas estado allí. Da igual que no haya aviso, ni llamada, ni timbrazo, ni testigos. Ellos “han pasado”. Punto. Palabra de mensajero invisible.

Y te dan un teléfono. Ah, el teléfono. Ese número que, en teoría, sirve para “atención al cliente” y que, en la práctica, es una gymkana diseñada por psicópatas del diseño de interfaces.

Llamas.

Una voz robótica te da la bienvenida con entusiasmo de funeral y te invita a “marcar la opción deseada”. Empieza el pinball digital: pulse 1, pulse 3, pulse 2, vuelva al menú anterior, introduzca su código, espere, escuche esta información irrelevante, vuelva a empezar. No hablas con nadie; dialogas con un contestador que parece programado para no entenderte jamás.

Si por milagro logras llegar a la sección correcta, siempre ocurre algo:
— “Todos nuestros agentes están ocupados.”
— “Su consulta puede resolverse en nuestra web.”
— Música en bucle hasta que te planteas si has muerto y esto es el purgatorio.
— O directamente… silencio y corte.

Y tú, mientras tanto, esperando recibir tu paquete. Ese objeto que ya has pagado, que ya es tuyo, pero que permanece secuestrado en algún limbo logístico al que no tienes acceso ni voz.

Lo más obsceno no es la ineficiencia. Es la mentira institucionalizada. Te dicen que “puede hablar con un operador”. No es verdad. Te dicen que “su llamada es importante”. Tampoco. Lo importante es que no consigas atravesar la muralla.

Porque el sistema no está diseñado para ayudarte. Está diseñado para agotarte.

Para que desistas.
Para que te adaptes.
Para que aceptes que la única forma de recuperar algo que es tuyo es mendigar información a una máquina que no siente, no escucha y no responde.

Así funciona hoy una parte del llamado progreso: envíos ultrarrápidos, atención ultralenta y responsabilidad cero. La logística del siglo XXI puede llevar un paquete a miles de kilómetros en horas… pero es incapaz de conectar a dos seres humanos durante dos minutos.

Y al final, uno no sabe qué indigna más: que MRW no entregue el paquete… o que pretenda que el problema es tuyo por no saber hablar con un robot.

Porque no, no falta tecnología.
Falta algo mucho más básico.

Personas al otro lado.