Una imagen reciente del castillo de La Palma.
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El paso de Tejero por Galicia: el castillo en A Coruña en el que cumplió dos años de condena por el 23-F
El militar, que falleció este miércoles a los 93 años, permaneció recluido en el castillo de La Palma, en Mugardos, entre abril de 1981 y mayo de 1983
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El teniente coronel Antonio Tejero, protagonista del fallido golpe del 23-F, ha fallecido a los 93 años en las últimas horas en Valencia. Coincidiendo con la fecha de publicación en la página web de La Moncloa de los documentos desclasificados del golpe de Estado.
Así lo ha comunicado esta tarde el abogado de la familia Luis Felipe Utrera Molina a través de sus redes sociales. "Ha muerto el Teniente Coronel D. Antonio Tejero Molina. Un hombre de honor, de una fe inquebrantable y un gran amor a España. Que Dios le dé la paz que los hombres le han negado", lamentaba el letrado.
Ha muerto el Teniente Coronel D. Antonio Tejero Molina.
— Ipe Utrera-Molina 🇪🇸 (@ipeutrera) February 25, 2026
Un hombre de honor, de una fe inquebrantable y un gran amor a España.
Que Dios le dé la paz que los hombres le han negado. pic.twitter.com/4YAJ98RmnQ
El militar estuvo recluido en el castillo de la Palma, situado en el ayuntamiento de Mugardos, en la comarca de Ferrol. Se trata de un enclave situado en la entrada de la Ría de Ferrol y que se encuentra a una altura similar del castillo de San Felipe, formando una línea defensiva única para un lugar con mucha tradición militar.
El propio Tejero criticó que el Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo le trasladara a una celda "llena de humedad" en el castillo de La Palma. "a 650 kilómetros" de Madrid y sin que un juez lo acordara. El militar permaneció recluido en esta celda desde abril de 1981 hasta mayo de 1983.
Lo hizo su defensa en un escrito dirigido al Ministerio de Defensa y fechado el 28 de julio de 1981, meses después del intento de golpe de Estado, y que ahora el Gobierno ha desclasificado con el nombre 'Traslado de peticiones de los abogados de los condenados'.
Precisamente, entre esos dos años, estuvo en la fortaleza, en una celda que contaba con baño interior y estaba equipada con calefacción, según recogen testimonios de la época.
El tamaño era el estándar para una celda de la época, en torno a 12 metros cuadrados. El lugar donde permaneció recluido tenía vistas al mar, e incluso contaba con una sala para atender visitas. Recibía, asiduamente, regalos que consistían en marisco y carne.
A inicios del siglo XXI, el Ministerio de Defensa vendió esta edificación y pasó a manos privadas, donde se ha proyectado construir un hotel.