Bomberos de Ferrol concentrados ante el ayuntamiento.
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La seguridad de Ferrol, al límite: cronología del conflicto en el parque de bomberos
El accidente de Polo reabre una crisis que arrastra años de falta de personal, desencuentros con el Ayuntamiento y un pulso por la RPT que derivó en la negativa a hacer horas extra
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El conflicto del cuerpo de bomberos de Ferrol no estalló de la noche a la mañana. Es el resultado de una cadena de desencuentros, recortes operativos y promesas incumplidas que, según la plantilla, vienen arrastrándose desde hace al menos dos años.
El accidente sufrido por el bombero Polo durante una intervención el pasado jueves, y que le ha ocasionado la amputación de una pierna, ha sido el detonante de una crisis que llevaba tiempo gestándose y exteriorizándose.
El origen del malestar se remonta a la pérdida de distintos convenios. Primero, el acuerdo vinculado al consorcio provincial, que permitía ampliar efectivos en determinadas intervenciones. Después, un convenio con la Autoridad Portuaria.
Ante la falta de personal, los bomberos comenzaron a cubrir servicios en condiciones que califican de "mínimos permanentes", asumiendo operativos reducidos a la espera de que la plantilla se reforzase.
El compromiso era que, una vez incorporados nuevos efectivos, se recuperaría la normalidad. Pero esa situación provisional se prolongó durante más de dos años.
La nueva RPT, el punto de inflexión
El conflicto se intensificó con la aprobación de la nueva Relación de Puestos de Trabajo. La plantilla considera que la RPT no corrige el déficit estructural.
El documento mantiene prácticamente los mismos efectivos que hace dos décadas: 55 personas en total, con 40 bomberos y 10 cabos, además de mandos.
Los profesionales reclamaban un organigrama distinto, con más estructura de mando y figuras específicas para formación y prevención, además de cinco sargentos que ejerciesen como jefes de guardia.
Actualmente, en fines de semana y determinadas franjas, esa responsabilidad recae en cabos, algo que aseguran "no ocurre en otros parques".
También cuestionaron la valoración económica de sus puestos. En la puntuación del complemento específico, recibieron la máxima puntuación en peligrosidad, pero solo cinco puntos sobre cuarenta en esfuerzo físico y condiciones ambientales, cifras que tras alegaciones subieron a diez.
La plantilla lo interpretó como un agravio comparativo, especialmente tras conocer que otros colectivos municipales habían recibido valoraciones superiores en esos apartados.
Negativa a hacer horas extra
Tras no prosperar sus reclamaciones y no obtener, según denuncian, respuesta directa del alcalde pese a haber solicitado reuniones, los bomberos adoptaron una medida de presión: dejar de realizar horas extraordinarias. Lo comunicaron en plenas navidades.
Hasta ese momento, buena parte del funcionamiento ordinario se sostenía gracias a esos servicios extra. Al retirarlos, comenzaron a producirse turnos con dos, tres o cuatro efectivos. La plantilla advirtió públicamente del riesgo que eso suponía tanto para su seguridad como para la ciudadanía.
Desde el gobierno local se defendió que Ferrol mantiene un ratio adecuado de bomberos por habitante. Sin embargo, los profesionales replican que el problema no es el ratio teórico, sino la imposibilidad de cubrir vacaciones, días libres y bajas sin recurrir sistemáticamente a horas extraordinarias.
El accidente que lo cambió todo
La tensión alcanzó su punto más crítico el pasado jueves, cuando durante una intervención con efectivos limitados se produjo el accidente de Polo.
Según relatan sus compañeros, el protocolo activado ante la falta de personal obligaba a esperar refuerzos si la situación superaba la capacidad del primer equipo desplazado.
En ese caso, los refuerzos tardaron alrededor de quince minutos en llegar, dado que proceden del parque de Narón, situado en el Polígono de Río do Pozo, en la ciudad vecina.
Mientras tanto, el equipo actuó con los medios disponibles ante una situación límite, con personas atrapadas y riesgo inminente.
El resultado fue la grave lesión del bombero, que ahora afronta una larga recuperación y ansia reincorporarse al cuerpo y seguir prestando servicio, aún con la lesión que arrastrará de por vida.
Incorporaciones insuficientes
El Ayuntamiento ha anunciado la inminente incorporación de nuevos efectivos procedentes de una oposición, aunque deberán superar un periodo de formación de varios meses.
Aun así, los bomberos sostienen que incluso alcanzando los 50 operativos por turno global, seguirían trabajando al límite una vez descontadas vacaciones y libranzas.
El conflicto continúa abierto. La plantilla reclama una negociación directa para redefinir la estructura del servicio y garantizar intervenciones seguras. "No es solo una cuestión laboral, es una cuestión de seguridad", sostienen.