Beatriz Feijoo se sitúa entre los investigadores con mayor producción científica en el ámbito de la Comunicación
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Beatriz Feijoo se quedó en el paro con 28 años, se fue a 10.000 km y hoy es referente en investigación: "Recibí muchos noes"
Esta investigadora gallega es la primera mujer en investigación científica en Comunicación
Tras quedarse en el paro, se fue a Chile para desarrollar su carrera como investigadora. Hoy trabaja en la Universidad Villanueva
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Beatriz Feijoo es hoy un referente en la investigación en el ámbito de la Comunicación. Esta gallega de 39 años ha sido distinguida hace apenas unos días como la primera mujer en investigación científica en Comunicación, un logro al que llega tras una carrera no siempre fácil: "He recibido muchos noes", cuenta esta investigadora y docente en la Universidad Villanueva.
Con 28 años, Feijoo se quedó en el paro y, al no conseguir avanzar en su carrera como investigadora en España, emigró a Chile: "Tuve que irme de Galicia, alejarme de mi familia y empezar de nuevo", relata esta mujer, quien diez años después recibe felicitaciones por sus logros en sus proyectos de investigación.
"En aquel momento necesitaba que alguien apostase por mí, cuando era una chica que acababa de doctorarse y tenía muchas ganas e ilusión. No ocurrió y tuve que buscarme mi propio camino", señala Beatriz, quien no duda en que esa etapa en el extranjero fue una oportunidad, pero no olvida "lo difícil que fue llegar hasta aquí".
Y precisamente, su consejo para los jóvenes de hoy en día es el mismo que ella aplicó en su momento: esfuerzo y sacrificio. Sin eso, dice, no se alcanzan los sueños. Hoy ella vive el suyo.
Eres licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y también en Comunicación Audiovisual. ¿Qué te llevó a decantarte por estas carreras?
En realidad, yo iba a estudiar Derecho Económico, que era la opción que tenía inicialmente. Pero mi hermano, que ya estudiaba en la universidad, me dijo: "Yo a ti te veo más creativa". Él fue quien me orientó hacia Publicidad y Relaciones Públicas en Pontevedra. Cuando empecé, en 2006, era una carrera que desconocía bastante. Siempre he sido una persona creativa, a la que le gusta buscar nuevas ideas, así que finalmente la puse como primera opción. Entré y aquí estoy.
Después de la carrera hiciste prácticas y también tuviste contacto con el ámbito de la comunicación. ¿Cuándo decidiste dedicarte a la docencia y a la investigación?
Siempre tuve esa vocación de dar clase. Desde niña me gustaba ayudar a mis compañeros y se me daba bien explicar. Daba clases particulares de matemáticas y en verano ayudaba a mis amigos con inglés o lengua. Siempre tuve esa vocación docente. Al acabar la carrera, con 22 años, uno no sabe realmente lo que significa investigar. Quieres dar clase, pero ser profesor universitario implica también investigar.
Yo empecé haciendo el máster de investigación en comunicación y estudié también Comunicación Audiovisual. Mientras tanto, trabajé en el departamento de comunicación institucional de la Universidad de Vigo. Después me presenté a las becas predoctorales de la Xunta de Galicia y conseguí una. Dejé un trabajo estable para incorporarme a un contrato predoctoral de tres años y hacer la tesis doctoral. Fue una aventura, pero tuve el apoyo de mi familia y pude dedicarme a tiempo completo a la investigación.
Has llegado a ser reconocida como la primera mujer en producción científica en comunicación en España. ¿Cómo recibiste la noticia?
Con mucha humildad. Los rankings son relativos y estudian determinados fenómenos y variables. En este caso, el dato procede de un estudio bibliométrico basado en la producción científica recogida en Scopus dentro del área de comunicación. Cuando lo vi, evidentemente me hizo mucha ilusión. Es una fuente externa, elaborada por investigadores que no tienen ninguna relación conmigo, y aparecer ahí entre los primeros perfiles de mi área te impacta. Todos los que están por delante de mí son catedráticos de largo recorrido. Además, mi perfil está muy vinculado a la publicidad y el marketing. Mis líneas de investigación están relacionadas con cuestiones como los menores, la alfabetización publicitaria o el impacto de los influencers, temas muy pegados a la realidad y a las implicaciones prácticas que tienen la publicidad y el marketing en la vida de los adolescentes.
¿Cómo se consigue mantener un ritmo de trabajo tan alto?
Con mucha renuncia. Yo estoy soltera y no tengo hijos, y eso me permite tener una dedicación muy centrada en mi ritmo de producción científica. También soy un perfil que tuvo que hacerse a sí mismo. Nunca dependí de un catedrático que me dijera qué línea de investigación tenía que seguir. Cuando terminé mi contrato predoctoral, a pesar de haber hecho la tesis y conseguido la acreditación necesaria para acceder a plazas universitarias, nadie apostó por mí. Me fui al paro con 28 años. Yo me vi en enero de 2016 en el paro mandando mi currículum que ahora, 10 años después, todo el mundo reconoce. Estuve seis meses buscando trabajo y no encontré una oportunidad en España. Finalmente, un profesor investigador de la Universidad de los Andes, en Chile, necesitaba un perfil como el mío. Si quería seguir dedicándome a lo que quería, no tuve más remedio que irme a 10.000 kilómetros de mi casa. Me fui sola, con 28 años. Fue una decisión muy difícil, pero allí estuve casi cuatro años y pude desarrollar mi carrera investigadora. Pero no tenía otra opción, con 800 euros de paro que se reducen a la mitad, 400, no tenía alternativas.
¿Qué supuso para ti aquella etapa en Chile?
Fue un punto de inflexión. Chile y España tienen sistemas universitarios bastante semejantes, así que la docencia y la investigación que hacía allí me servían para continuar construyendo mi carrera académica. En la Universidad de los Andes me fue muy bien. Allí, si trabajas y demuestras resultados, te dan recursos. Me financiaron la asistencia a congresos, pude presentar proyectos y conseguí uno relacionado con menores y publicidad. Eso me permitió generar mis propios datos y desarrollar mi carrera de investigación sin depender de nadie. Yo decidía con quién publicar, qué temas investigar y qué proyectos presentar. Esa autonomía ha sido fundamental para llegar hasta donde estoy. Ahora lo veo como una oportunidad, pero en aquel momento fue muy duro. No tener un padrino, una madrina o un catedrático que apostase por mí hizo que los comienzos fueran especialmente difíciles.
"Muchas mujeres sienten una enorme carga emocional: quieren estar en casa, atender a sus hijos y, al mismo tiempo, seguir publicando artículos científicos y desarrollando su carrera"
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Actualmente hay prácticamente el mismo número de mujeres y hombres investigando, pero los hombres siguen ocupando más puestos de liderazgo. ¿Por qué crees que ocurre?
La conciliación no existe. A nuestra generación se nos vendió la idea de la conciliación, pero la realidad es mucho más complicada. Este verano, por ejemplo, surgió una oportunidad muy buena para hacer una investigación sobre la caída de los influencers. Era un tema muy actual y, si no escribíamos en ese momento, perdíamos la oportunidad. Yo no tengo hijos, así que podía trabajar en agosto. Una compañera estaba en Italia con su hijo y su familia y no podía hacerlo al mismo ritmo. Ella se sentía mal porque yo podía avanzar y ella no. Y yo le dije que no tenía que sentirse mal, porque ella estaba donde tenía que estar. La diferencia es que yo no tengo hijos y he decidido no tenerlos. Por eso puedo estar disponible de una manera que muchas de mis compañeras no pueden. El día tiene 24 horas. Si tienes hijos, tienes responsabilidades que atender. Y me parece injusto que, además, las mujeres se sientan culpables por no poder estar trabajando al mismo tiempo. Esa carga emocional también pesa mucho.
¿Tú has sentido alguna vez que por ser mujer te haya costado más que se reconociera tu trabajo o liderar un proyecto?
Personalmente, no. En mi campo, el de la comunicación y el marketing, he tenido las mismas oportunidades que mis compañeros hombres y me he sentido valorada. Creo que el problema está más relacionado con que las oportunidades y las condiciones no son las mismas. Somos menos mujeres en determinados espacios, y la conciliación tiene mucho que ver con ello.
¿Qué deberían cambiar las universidades para que haya más mujeres en puestos de liderazgo?
Ya se están haciendo cosas, por ejemplo, teniendo en cuenta los periodos de embarazo y las bajas por maternidad. Creo que es importante mantener y reforzar esas medidas. Pero también hay un trabajo que hacer para que las mujeres no se sientan culpables. Las bajas por maternidad y paternidad tienen que permitir que tanto mujeres como hombres asuman responsabilidades familiares. Muchas mujeres sienten una enorme carga emocional: quieren estar en casa, atender a sus hijos y, al mismo tiempo, seguir publicando artículos científicos y desarrollando su carrera. Esa sensación de estar fallando en alguno de los dos ámbitos es muy injusta.
Investigas cómo las pantallas y las redes afectan a niños y adolescentes. ¿Qué es lo que más te preocupa de lo que estás viendo?
Lo que más me preocupa es la falta de conciencia ética y de respeto hacia los demás. Lo que sucede en el entorno digital se traslada también al mundo offline. Vivimos en una sociedad cada vez más individualizada y estamos perdiendo esa conciencia del otro y, sobre todo, la capacidad de cuestionarnos críticamente hacia dónde vamos. En el contexto digital todo nos llega cada vez más elaborado. Nos lo presentan como libertad o como una forma de hacernos la vida más fácil, pero muchas veces eso significa que dejamos de tomar decisiones por nosotros mismos. Yo intento enseñar a mis alumnos a ser conscientes de hacia dónde les están llevando las plataformas y los algoritmos. Si utilizamos la tecnología, incluida la inteligencia artificial, tenemos que saber qué estamos utilizando y qué efecto tiene sobre nosotros. Por ejemplo, con los influencers de moda vemos constantemente qué debemos vestir, qué zapatillas tenemos que llevar o qué productos están de moda. El problema no es consumir esos contenidos, sino no preguntarnos quién está decidiendo por nosotros.
¿Te preocupa especialmente la publicidad que reciben los adolescentes a través de las redes?
Sí, aunque no tanto por si saben distinguir la publicidad de lo que no lo es. Los adolescentes saben perfectamente que los influencers hacen publicidad y que están constantemente expuestos a ella. Lo preocupante es que les da igual. Hay una indiferencia hacia el hecho de estar recibiendo esos mensajes y hacia quién está detrás de ellos. Para mí, el problema es esa falta de cuestionamiento: caminar por la vida sin ser conscientes de por dónde estamos caminando.
¿Qué consejo le darías a una chica joven que esté estudiando Comunicación o Marketing y quiera dedicarse a la investigación?
Que confíe en ella, pero que sea muy humilde y que se prepare para trabajar. Todo en esta vida cuesta. A mí me ha costado mucho y me sigue costando. También creo que hay que recuperar la cultura del esfuerzo y entender que en la vida hay que tomar decisiones. Cuando eliges una opción, ganas algo, pero también renuncias a otra cosa. Estamos en un momento en el que parece que todo consiste en ganar y en mostrar únicamente el lado bonito de las cosas. Tenemos que preparar a las nuevas generaciones también para entender que cada decisión implica una renuncia.
"Estamos generando una población cada vez menos crítica"
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Hace unos días los datos de PISA reflejaron un descenso en comprensión lectora. ¿Qué papel juega la inteligencia artificial en este contexto?
La inteligencia artificial es inevitable, igual que las pantallas. No podemos evitar que un alumno utilice IA, pero sí podemos enseñarle a utilizarla de forma inteligente y responsable. Si no desarrollamos esa capacidad crítica, corremos el riesgo de generar una población cada vez menos autónoma y con menos capacidad para pensar por sí misma. También hay que tener en cuenta que a los colegios no se les puede pedir todo. Hay problemas de infraestructura, burocracia y ratios que dificultan un trato individualizado.
Y no creo que todo pueda explicarse por las pantallas. También deberíamos revisar cómo estamos enseñando. Si comparamos los planes de estudio de hace unas décadas con los actuales, vemos que cada vez se lee menos y que determinados contenidos se ofrecen de manera mucho más resumida. Mi hermano, por ejemplo, tenía que leer Romancero gitano. Hoy muchas veces los alumnos reciben un resumen con los principales puntos que necesitan conocer para un examen. No todo es culpa de las pantallas. Hay una degradación de la lectura y de la comprensión que viene de hace tiempo. Las pantallas, además, nos lo ponen muy fácil y nosotros también nos acomodamos. Estamos en un círculo vicioso. Tenemos tanta saturación de contenidos que recurrimos cada vez más a aquello que otros han elegido previamente por nosotros.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Ahora mismo estoy trabajando en dos proyectos de investigación que me tienen muy entusiasmada. Uno está centrado en la alfabetización ética en el contexto comercial y está financiado por el Gobierno de España, a través del Ministerio de Ciencia e Innovación. Queremos analizar si mejorar la alfabetización ética de los adolescentes puede contribuir a que tengan un comportamiento más responsable en el contexto digital. Es un estudio longitudinal de tres años que estamos desarrollando en Galicia, con trabajo de campo en A Coruña y con el apoyo de una empresa gallega. La otra línea de trabajo es la puesta en marcha del Observatorio de Menores y Consumo. Estamos estudiando cómo los menores se socializan a través del consumo y el papel que tienen como decisores dentro de sus hogares: qué compran, qué no compran y cómo entran en dinámicas de consumo adulto antes de tiempo. Son dos líneas muy centradas en los adolescentes, el marketing y el consumo.
Después de todo lo que hemos hablado, ¿qué crees que define más tu trayectoria?
He tenido que trabajar muchísimo. Todo lo que me ha ocurrido forma parte de un camino en el que he recibido muchos "noes". Tuve que irme de Galicia, alejarme de mi familia y empezar de nuevo en otro país. Ahora, diez años después, recibo felicitaciones y muchas personas me dicen que debería volver. Pero yo tengo mi vida y mis proyectos. En aquel momento necesitaba que alguien apostase por mí, cuando era una chica que acababa de doctorarse y tenía muchas ganas e ilusión. No ocurrió y tuve que buscarme mi propio camino. Ahora veo aquella etapa como una oportunidad, pero no olvido lo difícil que fue llegar hasta aquí.