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El centro de A Coruña tuvo y tiene joyerías emblemáticas; unas cerraron tras muchas décadas de actividad, otras se mantienen abiertas conservando la distinción de su nombre, una garantía de prestigio a cargo, generalmente, de una familia con tradición en el sector.

Los barrios también tienen sus propias joyerías, menos conocidas y más pequeñas, tiendas y talleres que dan vida al comercio de proximidad. La jubilación y la falta de relevo se llevaron por delante a las desaparecidas (y seguramente a las próximas). En Os Mallos aún está activa desde 1965 la joyería Gómez Miguel.

Su propietaria desde 2004 es Scarlet Gómez, que la heredó de sus padres. En este caso, la hora del retiro no acabó con el negocio, que había surgido un 17 de marzo en mitad de los años sesenta del siglo pasado con el retorno del matrimonio desde Venezuela, donde había trabajado con el oro.

"Empezaron vendiendo gafas, billeteras, mecheros, oro, algunos relojes, algunos marcos. Se fueron especializando", cuenta Scarlet. En aquellos inicios a los vecinos les sorprendía (y criticaron) que sus padres bajasen una verja metálica al final del día para proteger su comercio, "como si vinieran de un país salvaje".

Bajo de la joyería Gómez Miguel en la avenida de Os Mallos. Quincemil

La dueña creció en la joyería, en el pequeño bajo del cruce de la avenida de Os Mallos y Eugenio Carré Aldao, y tenía claro que algún día se dedicaría a ser joyera y a arreglar joyas, aunque ella se considera "tendera". Ese momento llegó hace 22 años.

¿Qué se compra? "Una sorpresa"

En Gómez Miguel siempre se arreglaron joyas y se hicieron grabaciones en metal. "Mi padre aprendió a soldar cadenas y pulseras, mi madre a grabar en máquina, no con buril”. Y se sigue haciendo, “porque vivimos de recuerdos".

"Hay gente que no quiere dejar sus joyas a arreglar más de una semana, las necesita llevar puestas: el reloj de tu abuelo, la sortija de tu madre, un regalo hecho con cariño especial", repasa Scarlet Gómez.

Todo tiene reparación. "Cualquier joya, estoy segura; los relojes... creo que también", dice. "Es cuestión de tiempo y dinero. Dame tiempo y dinero y todo se puede arreglar".

Joyas en un escaparate de Gómez Miguel. Quincemil

¿Y comprar, qué joyas se compran? "Eso nunca se sabe, es una sorpresa". El encarecimiento del oro ha hecho menos accesibles los metales, pero se recurre a ellos para momentos especiales: bodas, comuniones, jubilaciones, homenajes. En la joyería de Os Mallos se venden muchos pendientes, también relojes de cuerda nuevos con diseño antiguo "que gustan mucho a los hombres".

A Scarlet le agrada "tratar con la gente". Lo hace en su joyería, resistiendo los baches (sea la crisis del petróleo en 1973, la financiera en 2008 o el corte de la avenida por obras durante el año pasado). Se trata de resistir: "Una joyería es una carrera de fondo a largo plazo, una inversión, no le sacas rendimiento en un solo año. Por eso es difícil que haya relevo".

En sus vitrinas le gusta tener "al menos un par de piezas de cada joya": un portabilletes, una lupa, un dedal, un marco de plata, copas para brindar, relojes de cocina, sortijas de brillantes.